MISIÓN DE EXPLORACIÓN EN LA SORPRENDENTE MARCHA NOCTURNA DE LA CAPITAL EGIPCIA
Johnny redescubre el karaoke en El Cairo
- Germán Tejero -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
El Cairo, la vibrante capital de Egipto, es una de las metrópolis más grandes del planeta con sus casi 25 millones de almas. Con tanta gente viviendo por aquí, se podría pensar que tiene que haber de todo para el ocio. Quizás lo haya, pero no es tan fácil encontrarlo como puede parecer. La religión islámica manda en el país, con lo que se limita muchísimo todo aquello relacionado con diversión nocturna y alcohol. Así que la cuestión es averiguar dónde salir.
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Lo primero era acotar el cerco de tan enorme superficie y descartar los antros de la Avenida de las Pirámides, exclusivamente preparados para turistas ocasionales. Así que con el buen dato en mano de que Zamalek es conocido por ser el barrio de las embajadas y el lugar de residencia favorito por los extranjeros que vienen a El Cairo, buscamos esa zona pensando que algo tendrá que haber allí diferente del resto de la urbe. La calle principal de Zamalek, Sharia 26 de julio, llena de tiendas con bonitos escaparates y tranquilidad, le dan un aspecto muy europeo a la zona. Quizás el hecho de ser una isla del Nilo la beneficia para conseguir este clima. Preguntando, llegamos al Pub 28. Allí se concentran la jet set egipcia y los ejecutivos con chaqueta y corbata para cenar, tomar cervezas y combinados. Gran lugar para comenzar la noche. Parecía que habíamos acertado.
| Con los jordanos intercambiamos chupitos de vodka y con los egipcios arrancamos a bailar |
Había que seguir las pistas para continuar la marcha cairota. Unas chicas me recomendaron que fuera a Pachá, que todos los domingos hacía la noche del karaoke. Como no había otra opción, y esta alternativa parecía buena, me dirigí allí con mis amigos. El Pachá 1901 es un barco con mucha solera que fue construido con mucho lujo hace más de un siglo. Atracado de forma permanente junto al Puente 6 de Octubre, hace funciones de centro ocio, con más de una decena de restaurantes su interior. A la entrada estaba Johnny’s Pub, el lugar indicado.
El bar estaba vacío, pero había un matiz importante: todo, pero todo, estaba reservado. De todas maneras, y afortunadamente, nos dieron una mesa de cuatro para mi grupo. El Johnny’s se fue llenando poco a poco. Una hora después no cabía un alfiler.
La carta de comida y de cócteles era variada, no está mal combinar un sex on the beach mientras picas una pollo teriyaki. En la mesa de al lado, un par de estudiantes de odontología de procedencia jordana acompañados por dos guapísimas saudíes acompañaban la comida con chupitos de vodka Stolichnaya Elit. Sin miserias. Señal de que aquí se mueven las altas esferas de la ciudad.
La fiesta empezó con una presentación de una spiker dando la bienvenida y explicando todo en inglés. Empezaron los participantes a realizar sus actuaciones, y si ya me había quedado atónito con el idioma oficial, más aún de escuchar las voces de cada uno que se hacía con el micrófono, el nivel era altísimo. Los temas pasaban y las copas subían, los comensales de las mesas se ponían de pie para bailar. A estas alturas, nos íbamos intercambiando chupitos de vodka con los jordanos, y con los de la mesa del otro lado, en la que había un grupo de doce egipcios. no parábamos de bailar y hablar.
A todo esto se unió el cumpleaños de alguien de la mesa de al lado de la de los jordanos, con tarta incluida. El ambiente era de lo más amigable, incluso en un taburete cercano en el que había sentado un brasileño de los que da miedo tenerlo como enemigo, tras una pequeña conversación con él, me dijo: "Si tienes algún problema con alguien, me lo dices, y lo resuelvo rápido"... Se convirtió en mi mejor amigo a partir de ese momento.
Entre bailes, canciones y cubatas llegamos al cierre, que era a las dos y media. La situación era curiosa, todo el bar se había ido menos nuestro núcleo (los jordanos, los egipcios de al lado, los del cumpleaños y el brasileño y sus amigos) que manteníamos vivas las ganas de pasarlo bien. Pero, tras un trago más, decidimos partir para irnos con muy buen sabor de boca por haber disfrutado de una gran noche.
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