RESCATAMOS UNA JOYA EN FORMA DE RECETA CONVENTUAL SEVILLANA CON LEYENDA INCLUIDA
Los bollitos de doña MarÃa Coronel
- Martina Moyano -
- DÃa 22/02/2012 - 01:01 h
Entre las muchas leyendas que tienen por protagonista al rey castellano Pedro I (llamado el Cruel por sus detractores y el Justiciero por sus partidarios), tal vez una de las más conocidas sea la que tiene por coprotagonista a Doña MarÃa Coronel. Esta dama, según se cuenta de las más hermosas de la corte castellana sita en Sevilla en el siglo XIV, cautivó al rey, al que parece que no le bastaba con su esposa Blanca de Borbón y su amante MarÃa de Padilla.
Foto: MARTINA MOYANO
La puerta de acceso al templo vista desde el compás del monasterio
Tras la muerte de Juan de la Cerda, esposo de MarÃa Coronel, por traición al rey, todas sus posesiones pasaron a la Corona y la viuda ingresó en un convento para escapar a las libidinosas pretensiones del soberano.
| Este hermoso cenobio, escenario también de la conocida Leyenda de Maese Pérez el Organista debida al inmortal Gustavo Adolfo Bécquer, debe parte de su merecida fama a las delicias que las hermanas franciscanas clarisas despachan desde el torno |
No obstante, Pedro I la encontró y la persiguió hasta que, presa de la desesperación, MarÃa Coronel cruzó las cocinas y se derramó aceite hirviendo en el rostro para quedar desfigurada y libre de la lujuria real. Al morir el monarca (a manos de su hermanastro y sucesor, por cierto), las propiedades familiares retornaron a la viuda, que constituyó el Monasterio de Santa Inés sobre ellas. A dÃa de hoy la memoria de Doña MarÃa sigue venerándose en dicho lugar, en el que cada dos de diciembre se expone su cuerpo incorrupto.
Este hermoso cenobio, escenario también de la conocida Leyenda de Maese Pérez el Organista debida al inmortal Gustavo Adolfo Bécquer, debe parte de su merecida fama a las delicias que las hermanas franciscanas clarisas despachan desde el torno. Nos centraremos en los deliciosos Bollitos de Santa Inés. Como se verá, la receta es sumamente sencilla, aunque dudo que alcancemos el nivel de perfección que las monjas saben encontrar. A pesar de ello, seguro que nos deslumbra el resultado de nuestra labor.
Necesitaremos medio kilo de harina, 150 gramos de aceite de oliva, 50 gramos de ajonjolÃ, un poco de levadura, agua y sal. Elaboramos una masa con la harina, la levadura, el agua y la sal. Cuando alcance la consistencia necesaria, se le da la forma de pequeñas eses y se colocan sobre una superficie donde antes habremos derramado la harina. Una vez adornadas con el ajonjolà (verdadero toque maestro), se meten en el horno. Conviene echar un vistazo de vez en cuando para que ni se queden sin hacer por el interior ni se quemen por fuera.
El resultado, no especialmente dulce pero sà jugoso y muy aromático, es un verdadero placer celestial. Gloria bendita que se dice.


