Terraza del hotel Pessoa, en Lisboa
Terraza del hotel Pessoa, en Lisboa

Así es el hotel de Lisboa donde aún «vive» Pessoa

La capital portuguesa revive a su emblemático autor a través de su alojamiento más literario

CORRESPONSAL EN LISBOAActualizado:

El espíritu de Fernando Pessoa invade todos los rincones y las cuestas de Lisboa, eternamente ligada a su «Libro del desasosiego», a su tormento interior, a su captura de la esencia portuguesa. Ahora es posible revivir la experiencia de su complejo universo a través del Hotel Pessoa, un oasis urbano en pleno Chiado, con 75 habitaciones consagradas a rendir culto al emblemático escritor.

Nos encontramos a solo unos metros del Largo do Carmo, donde el autor alquiló un cuarto de 1908 a 1912, cuando era un veinteañero recién llegado de Sudáfrica y ansiaba tomar por fin el pulso a su ciudad natal.

Imágenes de Pessoa, en el hotel recién abierto en Lisboa
Imágenes de Pessoa, en el hotel recién abierto en Lisboa

Todo nos recuerda a Don Fernando en este hotel de cuatro estrellas, cuyo precio medio son 150 euros por noche. Incluso puede presumir de una programación cultural coordinada con la Casa Museo Pessoa, ubicada en Campo de Ourique y hogar del famoso retrato que le pintó Almada Negreiros.

La atmósfera de principios del siglo XX inunda los pasillos y los salones, llamados como los más destacados heterónimos con los que firmaba el autor: Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Bernardo Soares, Álvaro de Campos.

Poetas que no eran sino él mismo desdoblándose en sucesivas personalidades para dar forma a una multiplicación única en la historia de la literatura mundial.

Nos aguardan en recepción las primeras ediciones de sus libros, antes de sumergirnos en las profundidades de la biblioteca o de subir al ático-restaurante, donde puede degustarse un menú inspirado en las comidas favoritas del propio Pessoa por solo 16 euros. Espectaculares las vistas desde las mesas de «Mensagem» («Mensaje»), denominado así en homenaje a la única obra en portugués que el escritor publicó en vida (porque el «Libro del Desasosiego» no vio la luz hasta 47 años después de su muerte, acontecida el 30 de noviembre de 1935): los tejados de la capital se asoman, y al mismo tiempo se adormecen, con su poesía de la soledad.

El Castillo de San Jorge se atisba a lo lejos, al fondo de esos ventanales que también nos transportan hasta la desembocadura del río Tajo.

Los clientes miran y remiran las estanterías, con esas estampas que remiten a una Lisboa de otra época, cuando la monarquía reinaba en Portugal y las palabras de Pessoa comenzaban a dibujar una ciudad para la reflexión y la melancolía.

El hotel se distingue así en medio de la oferta disponible para encontrar alojamiento a través de internet, justo cuando la explosión turística y el otoño soleado se alían con el fin de atrapar a los lectores que son visitantes, a los visitantes que son lectores.

«Soy un sagrado transeúnte», decía de sí mismo Don Fernando. Y resulta muy difícil dar un paso en este feudo sentimental sin ver cómo camina (o sobrevuela) el dueño de semejante pensamiento. Porque siempre nos acecha Pessoa en la Alfama, en el Barrio Alto, en la Baixa, en Terreiro do Paço. Mucho más desde que la cadena Lux, que comenzó alquilando habitaciones para peregrinos en Fátima, inauguró recientemente el hotel más encantadoramente literario de la ciudad.