Tres días «prohibido hablar español» en una casa rural de Segovia
Coffee break en mitad de la mañana entre alumnos y profesores en el porche del Casón. Al fondo, la Pinilla

Tres días «prohibido hablar español» en una casa rural de Segovia

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No conducir tiene sus ventajas. Por ejemplo, que la clase empiece en plena calle Orense, en el corazón de Madrid, donde tiene su sede Diverbo (More than Pueblo Inglés), y que Richard, el líder del grupo de inmersión lingüística esté a pie de obra, esperando la furgoneta que nos habrá de llevar a la sierra segoviana donde vamos a dejar que nos secuestren durante tres días con el único requisito de hablar, pensar y si es posible soñar en inglés.

Aunque nacido en Escocia, Richard tiene un impecable acento inglés, y al mismo tiempo se conoce todos los casticismos y costumbres españolas. Vecino de Madrid (y de Almería) desde hace muchos años, se hace entender sin embargo a los primeros compases y desde ese momento empiezo a olvidarme de mi lengua materna. Al punto se sumará Izzy, medio inglesa medio alemana, y el viaje por carretera hasta la auténtica Villa Inglesa que da nombre al curso, en Cerezo de Arriba, a veinte minutos de La Pinilla, será un intercambio de impresiones sobre Madrid, el país natal, la música, las inquietudes.

«Prohibido hablar español». Es un axioma que los profesores repiten desde que entramos en materia. Salvo las empleadas del Casón de la Pinilla, una casona con vistas a la sierra, cómoda, luminosa y confortable, donde las comidas están casi siempre a la altura de lo que se espera de un retiro, el inglés es la lingua franca. Al llegar conocemos a los otros dos maestros, Mark, inglés del hinterland londinense, y Tahmara, surafricana. Y con ellos los otros tres alumnos: Andoni, Miguel Ángel y Pável, del mundo de la empresa. Tras una charla introductoria, en la que estamos todos juntos y en el que Richard a cuenta de lo que se espera de nosotros, nos dividimos.

La base de Villa Inglesa es la interacción constante «one to one», cara a cara. En sesiones de media hora, que es el máximo de atención en el que al parecer podemos resistir con el foco encendido sin irnos por los cerros de Úbeda, o de la Pinilla, alumno y profesor aprovechan cada segundo. A vuelapluma, el plan de actividades parece abrumador: clases de la mañana a la noche a un ritmo impecable e implacable. Empiezo con Tahmara una sesión sobre «Business Skilss: meetings», para seguir con dos clases de gramática encadenadas, primero con Mark, luego con Izzy, con estilos contrapuestos pero complementarios, para terminar la primera tarde con Richard, centrada sobre todo en la corrección de errores.

Tras una pausa para estudiar, a las 21.30 hay cita en el comedor para cenar juntos. Desayunos, comidas y cenas (con descansos a media mañana -incomparable la tortilla de patatas del Casón, y los postres-, y de media tarde) son parte del aprendizaje. Ahí surgen conversaciones espontáneas en las que trayectorias personales, anécdotas y pasiones nutren un diálogo cruzado lleno de interés. Para evitar tentaciones aislacionistas, nos sentamos para jugar una partida de ajedrez, alternando maestros y alumnos. Tras la cena viene el momento de los juegos compartidos: películas, habilidades lingüísticas, conocimiento del mundo, la cultura, el cine y los chistes. No es fácil ser gracioso si no se tiene el don. Hacerlo en otro idioma tiene algo de acrobacia...

«Yo era muy escéptico. La iniciativa no partió de mí, sino del departamento de recursos humanos de mi compañía. Crédito y Caución se ha convertido en uno de los tres operadores globales que hay en el mundo del seguro de crédito y la lengua de trabajo entre los 45 países es el inglés». Pavel Gómez, periodista, hizo sus pinitos en ABC y en «Diario 16», pero finalmente encontró su camino en Crédito y Caución. «Yo aprendí el inglés estudiando el COU en Estados Unidos y nadie tiene que convencerme de que la inmersión lingüística es el mejor camino pero, ¿se puede mejorar el inglés en un fin de semana? Ahora sé que sí. La experiencia ha sido realmente positiva. Me fui con el convencimiento de que había pulido algunos errores importantes. El método es realmente bueno: cuatro alumnos, cuatro profesores, clases individualizadas de media hora, que es el tiempo máximo que aguanta la atención, y rotación. Es imposible escapar a tus errores gramaticales».

Puedo corroborar las palabras de Pavel por mi propia experiencia, con una apostilla: Villa Inglesa es una cura de humildad. Al menos en mi caso. Me hizo darme cuenta de que sabía menos inglés del que pensaba, y que cada cierto tiempo es conveniente una inmersión (un viaje: a la Villa Inglesa o a un país angloparlante) para volver a nadar con soltura, y desde luego para corregir los errores que se enquistan en la costumbre repasar los libros de gramática. El material que proporciona Diverbo es un estupendo complemento de viaje, que uno atesora para seguir viajando en la lengua y por la lengua de James Salter y Philip Roth.

Los paisajes de la Pinilla son una invitación al esparcimiento, a dejarse llevar por las sendas que parten de Cerezo de Arriba en dirección al llano o a las cumbres. Aire limpio a un tiro de piedra de Madrid. Es una de las pegas que se le podría poner a este curso intensivo de inglés: el viaje es más mental que físico. Porque tanto el sábado como el domingo, con diana a las 9 de la mañana, y todo el día viajando a lomos del inglés, no deja resquicio, no deja escapatoria. Los alumnos pagan por ello. El inglés es una lengua que parece fácil, pero que al llegar al páramo del conocimiento indispensable para hacerse entender y entender necesita un esfuerzo suplementario para ir más allá. Para eso existen cursos más prolongados que permiten extender las clases al aire libre, a lo largo de reconfortantes paseos por el hermoso campo segoviano. Para eso nada como Pueblo Inglés: ocho días que facilitan la digestión lingüística avance de forma más pausada. Depende de las necesidades y del tiempo del estudiante, del empresario, del comunicador, del jefe de ventas, del viajero...

El momento más divertido llega cuando los cuatro aventureros de la inmersión son invitados a interpretar el papel de cuatro responsables de una gran cadena de supermercados que atraviesa dificultades financieras y ha de elegir a un nuevo consejero delegado porque el anterior ha tomado las de Villadiego. «Success at what price?» es el título de este juego de rol, de esta pequeña comedia dramática. Cada uno debe defender con toda la elocuencia de que sea capaz al candidato que le ha tocado en suerte, y tratar de llegar a un acuerdo en un tiempo limitado. La clase es grabada en vídeo para ser analizada, y a juzgar por las risas de Tahmara, Mark, Izzy y Richard, parece que el resultado de la pequeña comedia superó sus expectativas.

«Mucho más que viajar al extranjero... pero sin salir de España». La frase del departamento de mercadotecnia de Diverbo no es una exageración. Las reglas son estrictas: «English Only». Pero los que aceptan someterse al rito de la inmersión las asumen con plena conciencia y voluntad. Inmersión. Vale la pena.