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Mahón, la ciudad del sol naciente

La capital menorquina posee atracciones turísticas tanto de ocio como históricas

Vista de la Fortaleza de la Mola
Vista de la Fortaleza de la Mola - ABC
JOSEP MARÍA AGUILÓ - Actualizado: Guardado en: Viajar

De las cuatro islas habitadas de Baleares, que son Mallorca, Ibiza, Formentera y Menorca, quizás sea esta última la que haya encontrado un mejor equilibrio entre el deseo de intentar conservar su vieja idiosincrasia y la voluntad de abrirse económicamente al turismo. La capital de Menorca, Mahón, sería un ejemplo paradigmático en ese sentido. Una de las peculiaridades es que en su término municipal se sitúa el punto más oriental de todo el territorio español, que es la Fortaleza de la Mola, ubicada en el cabo del Esperó. Dicha fortaleza fue construida en la segunda mitad del siglo XIX para intentar evitar posibles ataques de potencias extranjeras.

En cierta forma, se podría decir que en Mahón conviven física y arquitectónicamente dos ciudades, siendo en realidad una sola. Por un lado, nos encontramos con la zona del puerto, y, por otro, con la que se sitúa en la parte alta de la localidad. Si uno opta por recorrer su hermoso paseo marítimo, puede disfrutar de un espacio de ocio sin las aglomeraciones que han pasado a ser la seña de identidad de otras zonas turísticas costeras. Un dato geográfico a remarcar es que el puerto de Mahón es uno de los puertos naturales más grandes del mundo. Además, merecen ser destacadas las calas y los islotes situados en la bahía.

El casco antiguo, desde hace años, es en parte peatonal, lo que permite recorrerlo sin prisas y descubrir espacios como el Ayuntamiento, la Iglesia del Carmen -en cuyo antiguo claustro se ubica hoy un mercado- y la Iglesia de Santa María. Además, el centro histórico tiene un innegable aire colonial.

Durante la mayor parte del siglo XVIII, Menorca no fue española, sino un territorio bajo soberanía británica a partir del Tratado de Utrecht (1713). Fue también en esa época cuando Mahón pasó a ser la nueva capital de la isla, en detrimento de Ciudadela. A mediados de ese siglo, Menorca llegó a estar también, brevemente, bajo influencia francesa. Pero, a partir del Tratado de Amiens (1802) la isla fue devuelta de manera definitiva a España. Ese pasado colonial se percibe aún hoy en distintas edificaciones de Mahón, como la finca conocida como The Nelson’s House o el antiguo Hospital Militar.

La influencia británica se advierte también en otros ámbitos, como en la incorporación de términos en inglés en la lengua menorquina, en la gastronomía o en la decoración de las casas.

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