Vista aérea de Osijek, a orillas del río Drava
Vista aérea de Osijek, a orillas del río Drava - TURISMO DE CROACIA

ESLAVONIANo es Dubrovnik: Viaje a una Croacia de la que quizá no has oído hablar

Naturaleza, vinos y mucha historia entre el Danubio y el Drava, en la frontera este de Croacia

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La mirada se pierde en el horizonte. Pequeños montes salpican la vista. Campos de cultivo con tierra negra, fértil y de provecho, se mezclan con arrebatos verdes de árboles enormes. Se han quedado atrás las playas, de las que Croacia se ha hecho un hueco en las vacaciones de media Europa, pero al este, en la frontera con Serbia, palpita la región de Eslavonia. En los colores brillantes de la uva, de los recuerdos de un pasado que casi todavía es hoy y una gastronomía que vive muy de cerca su propia naturaleza.

Es conocido como el granero de Croacia, por esas tierras fértiles fruto de la masa de agua salada y dulce que cubría esta región. Una fuente de recursos en época de guerras, pero que en la actualidad se ha frenado porque resulta más barato importar que cultivar lo que existe. La prosperidad industrial se desarrolló merced de una política estricta y de unas raíces multiculturales. Por esta zona se movieron croatas, serbios, montenegrinos, eslovacos… Un nudo que se fue deshaciendo dejando a Eslavonia sin los abrazos de los vecinos, más convencidos de sus propios potenciales y con más poder de decisión. Las diferencias que antes impulsaron la región hacia el exterior, fueron después el origen de unos años noventa bélicos y destructivos. Ya en el siglo XXI, el turismo levantó la moral y las casas, pero no en esta área la crisis azotó con más fuerza. Se privatizaron las pocas fábricas de alimentación y de gas que sobrevivieron; y la agricultura sigue siendo el bastión económico. No obstante, esconde pequeñas maravillas con las que tratan de resurgir, orgullosos sus habitantes de la reconstrucción de unas raíces que los han hecho duros y pragmáticos.

Se observa en la relevancia que le conceden a la naturaleza, siempre con ella presente y pendiente de ella. No puede ser de otra manera en una región privilegiada, custodiada por los ríos Sava, Drava y Danubio. Un filón para el amante de la fotografía o de la pesca. Una tremenda fuente de vida y diversidad para la fauna y la flora.

Parque Kopacki, uno de los humedales más ricos del centro de Europa
Parque Kopacki, uno de los humedales más ricos del centro de Europa

Sobresale el parque Kopacki, uno de los humedales con más riqueza animal de centro Europa. Este 2017 se cumplen cincuenta años desde que lo declararan espacio protegido. Aunque no están bajo la protección de la Unesco porque la zona es demasiado pequeña para los cánones de la entidad. La variedad de aves (300 especies) bien lo merece. Son ellas las reinas del lugar, deleite para los cientos de observadores que llegan de toda Europa a este parque. Aunque también tienen su propio ecosistema los mosquitos, que se arremolinan en las zonas húmedas en primavera y verano.

Las diferentes cantidades de agua que fluctúan a lo largo del año hace que el parque sea casi irreconocible de invierno a verano, de primavera a otoño. En cada estación se genera un espacio único con sus determinadas especies que luego desaparecen por las migraciones o la hibernación. El paseo es agradable, a pie o en tren o en bicicleta en alguna zona específica. La vista se pierde entre diferentes manchas de amarillos, azules, verdes, y el oído capta por sorpresa diferentes graznidos. Para un buen concurso de distinguir cuál pertenece a cada ave.

Devoción por el cerdo y el vino

Viñedos en Karanac, en la región de Baranja
Viñedos en Karanac, en la región de Baranja

No muy lejos del humedal se despliega uno de los tesoros que Eslavonia cuida con mimo: los viñedos. Las tierras fértiles se extienden más allá de lo que alcanza la mirada por el horizonte. La región de Baranja acoge una buena selección de los mejores vinos. Con grandes bodegas y mejores catas, las uvas grasevina, la más típica, y francovka, reposan en enormes barriles de roble eslavónico, muy demandado en otros países europeos. Al revés que en España, los croatas de esta singular zona despachan las comidas contundentes, como la carne, con vino blanco; y reservan el tinto para los pescados, también abundantes y deliciosos a este lado del Danubio. En su ribera croata se desarrolla otra gran región vinícola: Erdut, con viñedos más familiares, pero igual de cuidados y sabrosos.

Cafeterías y restaurantes mezcla de modernidad y grupos de música autóctona para amenizar las abundantes comidas con presencia mayoritaria de carne de cerdo. Como en España, también se aprovecha todo.

En el restaurante, bajo tierra como una bodega, vino de todos los colores, y utensilios de otro siglo, porcelana y velas. Queso, cómo no, y música en vivo de acompañamiento largo: violín, acordeón y tamburica, la guitarra típica. Es sábado y los comensales siguen los cantos de las canciones del lugar.

En el plato, una sopa recia que arrastra todo lo demás en su camino al estómago. Queso con pimentón, con especias, con hierbas, con todo lo que se quiera, de acompañamiento para todo. En el centro de la mesa, una bandeja con carne de cerdo en toda su extensión: torreznos, salchichas, secreto, panceta... Para intentar aligerar, si es eso posible, ensalada con más queso y vino a raudales. La uva, que no falte, como no falta el pan. Una buena colección de panes siempre calientes y, casi siempre, en rebanada larga.

La variedad de uvas (las antes citadas, cabernet sauvignon, merlot) o de productos porcinos es también reflejo de la que impera en las calles. Si la población no croata alcanza el 20 % tienen el derecho de que las calles estén en croata y en serbio o húngaro. Pequeñas localidades albergan hasta tres centros religiosos distintos: para católicos, ortodoxos y musulmanes.

Multiculturalidad

Esta multiculturalidad se refleja en el centro religioso de Dakovo, situado a unos 50 kilómetros de la capital de Eslavonia, Osijek. La catedral de San Pedro luce con orgullo el sello papal en la fachada, que le otorga carácter de subsede vaticana. Fue construida entre 1866 y 1882 y tuvo en el obispo Josip Juraj Strossmayer a su creador desde la base. Tan perfecta la quería que no dejó ningún detalle al azar. Tres escalones la elevan de la calle, doce la acercan a su fachada, y cuatro guían a su puerta principal. El arquitecto vienés Karl Rösner se hizo cargo de los primeros trabajos, pero falleció apenas tres años más tarde de iniciar su obra. El testigo lo recogió Friedrich Schmidt, famoso por sus trabajos góticos. Una mezcla de estilos que casa a la perfección en este imponente edificio de ladrillo rojo y detalles claros. Y si impresiona por fuera, también lo hace por dentro, con siete altares y frescos salpicando la estancia. Con luminosas y trabajadísimas vidrieras.

En el altar mayor, un crucifijo boca abajo en honor a San Pedro, crucificado de esta forma.

Y detalles para niveles avanzados de atención. Como que no hay doce apóstoles representados, pues Strossmayer no quiso que apareciera Judas. O las letras en árabe de uno de los frisos.

Historia y tanques

Vista del Danubio desde Eslavonia, en Croacia
Vista del Danubio desde Eslavonia, en Croacia

Es Osijek el centro neurálgico de Eslavonia, una ciudad de 110.000 habitantes que mira hacia el futuro desde los agujeros de los cañonazos que todavía decoran los edificios, especialmente acribillado un centro con miras de ciudad grande, pero el encanto de las localidades cómodas.

La naturaleza también se desarrolla a su aire en Osijek, con un tremendo canal escoltado por verdes caminos en donde las bicicletas, los patines y los corredores desafían a los kilómetros y el frío que hiela el canal en invierno. Para disfrutar de la gastronomía y el arte, un centro amurallado en el que observar la historia con calma y buen gusto.

De la fiesta bajo tierra se despierta el centro de Osijek con una bofetada de realidad: el pasado está tatuado en sus edificios más emblemáticos. Especialmente dañada la calle en la que, a principios del siglo XX, los judíos más pudientes de la ciudad trataron de ganar un ficticio concurso para ver quién construía la casa más grande, más lujosa, más decorada, más llamativa. Agujeros de bala, de cañón, de una guerra que todavía supura. Declarada la independencia de Croacia, Serbia reclamó la zona este, con Baranja, Osijek o Vinkovci como puntos destacados. El 27 de junio de 1991, un pequeño seiscientos rojo trató de evitar el avance de las tropas serbias. Un intento desesperado de defender la ciudad.

Para no olvidarlo nunca, para no repetirlo jamás, un seiscientos rojo subido a un tanque medio hundido en el barro sobresale entre las grises construcciones con sus cicatrices al aire. El monumento que lo representa hoy solo es el símbolo, porque el tanque siguió su camino sin inmutarse. Como siguió la guerra a continuación, sin inmutarse de los ciudadanos que caían en medio. Pero eso ya es ayer para su habitantes, que todavía se han levantado con más orgullo de aquellas batallas para atrapar al visitante con historia, naturaleza, buena comida y mejor vino.