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Norman Foster diseña una «utopía ciclista» sobre las vías férreas de Londres

El arquitecto propone atajar la saturación del transporte con una red de 220 km de carriles-bici sobre la red ferroviaria de la ciudad

Norman Foster diseña una «utopía ciclista» sobre las vías férreas de Londres
borja bergareche - borjabergareche - Corresponsal En Londres - Actualizado: Guardado en: Viajar

«El sueño es que puedas amanecer en París, ir en bici a la Gare du Nord, coger un tren [Eurostar] a Stratford y llegar en bici directo hasta el centro de Londres en unos minutos, sin preocuparte de camiones y autobuses». Así explica su ambición uno de los responsables de un proyecto calificado como «utopía ciclista» para Londres, presentado recientemente a las autoridades municipales por un consorcio formado por el estudio de Norman Foster, la consultora Space Syntax y los paisajistas de Exterior Architecture. «Se trata de poner la mirada en el futuro», añadía Sam Martin, arquitecto de esta última firma.

El futuro que proponen consiste en la construcción de una red de 220 kilómetros de carriles-bici elevados, suspendidos mediante pilones sobre la densa red ferroviaria que atraviesa la capital británica. Sus autores estiman que serviría a una población de hasta seis millones de personas, tres cuartos de la población de Londres. Y calculan que tres millones viven y trabajan a solo diez minutos de uno de los 200 accesos con los que contaría la red, denominada SkyCycle.

Según sus cifras, cada una de las diez rutas que la forman podría transportar 12.000 ciclistas por hora, libres además de la presencia de otros vehículos. Y creen que se podría reducir en 29 minutos la duración media de los trayectos en bici por la ciudad, que discurren ahora sin separación física por las estrechas calles de Londres, por las mismas vías a menudo que camiones y autobuses. Aunque el uso del transporte por bicicleta ha aumentado un 70% en la última década, este medio solo representa el 2% de los desplazamientos diarios.

Y, como prueba de la debilidad relativa de quienes optan por moverse bici, su proporción sobre el total de accidentes en carretera con muertos o heridos graves es del 20%.El número de muertes en todo el país creció un 50% entre 2006 y 2011, con 118 víctimas mortal en 2012. Y en las carreteras británicas mueren el doble de ciclistas que en Dinamarca o Alemania, y el triple que en Holanda.

Foster, amante de la bicicleta

«Para mejorar la calidad de vida de todos los que viven en Londres y para animar a una nueva generación de ciclistas, debemos hacerlo seguro», explicó el arquitecto Norman Foster, amante del transporte en bicicleta y de salir a hacer bici con sus amigos, durante la presentación a finales de diciembre. «Sin embargo, el principal obstáculo para segregar coches y ciclistas son los límites físicos de las calles de Londres, donde el espacio ya está muy cotizado», añadió.

Para solucionarlo, ofrece una fyturista «solución lateral al problema de encontrar espacio en una ciudad congestionada», que es apoyada por el organismo de transportes de la capital. Su «utopía ciclista» por los aires, a modo de versión benigna de la distopia de Blade Runner, parece haber cautivado la imaginación también del ayuntamiento tras explicárselo en un encontronazo de ascensor al alcalde Boris Johnson, asiduo usuario de la bicicleta, según recogía un especialista de «The Guardian».

El proyecto, originado en un proyecto académico de uno de los empleados de Martin, está en fase de consulta ciudadana. Si prospera, podrían solicitar las licencias de construcción para un primer tramo de 6,5 kilómetros que una la nueva estación internacional de trenes y el megacentro comercial del Stratford olímpico con Liverpool Street, en el corazón de la City. El carril-bicio futurista discurriría suspendido sobre la ruta del Overground, el metro elevado que cubre el Este de la capital británica.

Este prime tramo tendría un coste estimado de 265 millones. Pero Foster –que no acaba de recabar el apoyo institucional necesario para su espectacular, y carísimo, «aeropuerto-isla» sobre el Támesis– y sus socios buscan todavía financiación para un primer estudio de viabilidad. Mientras, este corresponsal, como miles de londinenses, seguirá sorteando camiones en su ruta ciclista matinal para dejar a un hijo en el colegio.

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