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Retrato íntimo de un farero en tierra de naufragios y lobos marinos

Leonardo cuida del faro de Cabo Polonio, en un aislado parque nacional de Uruguay. Así son sus días de soledad y Atlántico

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Solitaria... según se mire. Hay quien dice que la vida de los fareros es de lo más parecida a la de los ermitaños. En un faro, en mitad del campo, en medio de barrancos y costas. Pero quizá estos profesionales sean los únicos que siempre están en compañía, bien sea de las estrellas, bien del rumor del mar.

Este maravilloso vídeo grabado se llama «The are the last» –de Kauri Multimedia– y refleja cómo es el día a día de uno de los últimos fareros que quedan en activo. Se llama Leonardo Da Costa y es el guardián de la baliza colocada en Cabo Polonio, un lugar marcado por múltiples historias de naufrafios, tesoros hundidos y catástrofes marinas que todavía explotan de vez en cuando en las pesadillas de los marineros.

Este faro lleva guiando barcos en la noche desde 1881, y Leonardo es el último de una larga lista de centinelas que han velado por la seguridad de los navíos. Su vida es tranquila, modesta, silenciosa. Su enorme responsabilidad como luz de referencia se confunde con las tareas cotidianas: cocinar, tender, pasear. Cerca, las islas de Torres (isla Rasa, isla Encantada y El Islote), y una reserva de lobos marinos que pueden ser vistos desde el faro.