Un Lope muy divertido

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Título: Mujeres y criados. Autor: Félix Lope de Vega. Producción: Fundación Siglo de Oro, Teatro Español, Pentación espectáculos. Dirección: Laurence Boswell y Rodrigo Arribas. Intérpretes: Pablo Vázquez, Javier Collado, Julio Hidalgo, Emilio Buale, Jorge Gurpegui, Mario Vedoya, Jesús Teyssiere, Jesús Fuente y Alejandra Mayo, Lucía Quintana, Alicia Garau. Escenografía: Karmen Abarca. Vestuario: Susana Moreno. Iluminación: Alberto Yagüe.

El teatro de Rojas de Toledo ha levantado el telón de la temporada con la obra la obra inédita de Lope de Vega, Mujeres y criados. Se sabía de la existencia de esta pieza teatral, pero solo se conocía el título, hasta que el investigador Alejandro García Reidy encontró recientemente un manuscrito del siglo XVII en la Biblioteca Nacional.

Mujeres y criados es una comedia de enredo con todas las características del teatro lopesco de madurez. En ella el autor demuestra su dominio del verso, el ingenio para jugar con el lenguaje, la frescura de los mensajes y la gracia con la que se desenvuelven los personajes que pinta. No da descanso al espectador con las escenas que se suceden con ritmo ágil, el ovillo de amores que se entreteje y se complica, los celos que trufan las acciones, los engaños de unos y otros, los dilemas de honor, los conflictos entre personas con diferencias sociales, el interés por pescar yernos del padre y la libertad para elegir marido de las hijas y el desparpajo de todos. Lope de Vega, que en algunos aspectos era un adelantado a su tiempo, hace protagonistas de esta obra a quienes ocupan papeles secundarios en la sociedad del Barroco, unas por cuestiones de sexo, las mujeres, y otras por cuestiones de estamento, los criados. En síntesis, se representa la historia de dos hermanas de clase alta, las verdaderas heroínas de la obra, que intentan deshacerse de sendos señores de su misma clase social, un conde y un rico señor, para poder estar con sus verdaderos amados, que son dos criados del citado conde. Esto supone una verdadera transgresión social, especialmente en la época en la que Lope escribió esta obra, y el juego de engaños, en los que las mujeres llevan la voz cantante, altera significativamente la idea tradicional de entender el honor, ese honor, que se suele calificar como «calderoniano».

Laurence Boswell y Rodrigo Arribas han dirigido muy bien una puesta en escena, que, respetando lo clásico, no se ha estancado en ello y han abierto ventanas a un teatro más actual; asimismo, han sabido sacar el máximo rendimiento a un bello texto de Lope, plagado de dilogías, metáforas y figuras retóricas de pensamiento y de dicción. La interpretación por un conjunto de actores y actrices que han desarrollado un trabajo coral excelente, tras un inicio un tanto vertiginoso que hacía que se perdiera la comprensión de lo que se recitaba, especialmente en el caso del conde, ha rayado a gran altura. Todos son merecedores del aplauso: Pablo Vázquez, Javier Collado, Julio Hidalgo, Emilio Buale, Jorge Gurpegui, Mario Vedoya, Jesús Fuente y Alejandra Mayo. Y si hubiera que destacar a algunos, es de justicia hacerlo con Lucía Quintana, como Violante, por su inmejorable dicción y a José Ramón Iglesias, el lacayo Lope, Alicia Garau, la criada Inés, por el gracejo y la naturalidad con los que se desenvolvieron en sus respectivos papeles, y Jesús Teyssiere que, como don Pedro, recitó un soneto espectacular.

La escenografía sencilla y funcional (los tiempos que corren del 21% por ciento de IVA no dan para dispendio alguno) ha estado bien ideada para resolver las diferentes situaciones espaciales con un simple giro de paneles o un correr y descorrer cortinas. El vestuario colorista e imaginativo servía para marcar el carácter del personaje, pero no hacía de él un tipo de época. La música electrónica, aunque con base en lo que conocemos como música antigua, quizá sonaba demasiado alta.

El inicio de temporada en el Teatro de Rojas comienza con buen pie y hemos gozado con el mejor Lope, un divertimento en estado puro. Mujeres y criados es la obra de un hombre sabio en el amor, los devaneos, los lances…lo que, en suma, fue la propia vida del «Fénix de los ingenios».

(Y en esta nueva etapa del teatro, quiero tener un recuerdo para quienes trabajaban en temporadas anteriores como personal del teatro y ahora, por cuestiones que desconozco, ya no están. Eran excelentes personas y exquisitos profesionales).