Arturo Menor es biólogo además de cineasta
Arturo Menor es biólogo además de cineasta - ABC

«Los gobernantes se toman muy en serio la crisis económica pero no la ambiental»

Entrevista a Arturo Menor, director de la película documental «WildMed», candidata a ocho premios Goya

Actualizado:

Arturo Menor (Talavera, 1970) es el director, guionista y productor de «WildMed, el último bosque mediterráneo». Con un presupuesto de 756.000 euros, esta película es una llamada de atención sobre la naturaleza salvaje de Sierra Morena y sus principales amenazas. Primera gran producción de este género que se financia el micromecenazgo, «WildMed» ha triunfado por donde ha pasado. Con el apoyo de National Geographic, la primera obra del director talaverano aguarda el espaldarazo de los Premios Goya 2015 en febrero, a los que optará con ocho candidaturas: mejor película, mejor director novel, mejor fotografía, mejor película documental, mejor guión, mejor montaje, mejor sonido y mejor música original.

Con ocho nominaciones a los Premios Goya 2015, ¿qué tal duerme?

—Mal, bastante mal. Llevo un montón de días que duermo fatal porque, aparte de las candidaturas, el proyecto tiene una logística detrás impresionante y me toca también cargar con esta responsabilidad.

¿Por qué un documental sobre Sierra Morena?

—Por un lado, es un lugar bastante desconocido y Sierra Morena está dejada de lado, eclipsada por otros espacios más mediáticos, como Sierra Nevada o Cazorla. Y, por otro lado, tiene el problema de «la seca». He querido tratarlo y darlo a conocer porque es un problema ibérico. He escogido Sierra Morena por ser el último bosque mediterráneo, un lugar singular, el único donde convive el lobo, el lince y el águila imperial.

¿En qué consiste «la seca»?

—En la película se dice que es el reflejo de lo que está pasando al planeta. La seca no es una cosa sola, sino que es un montón de circunstancias que todas tienen su origen en el ser humano. ¿Qué está pasando a los árboles? Por un lado, está el cambio climático, cada vez llueve menos. El periodo entre las últimas lluvias de primavera y las primeras del otoño es cada vez más largo, así los árboles tienen más estrés hídrico y cada vez están más débiles. Por otro lado, el ser humano ha introducido sin querer una especie procedente de Nueva Zelanda llamada fitóftora, que es un hongo que pudre las raíces de las encinas y de los alcornoques hasta que los mata. Además, y como los árboles están debilitados, llegan otras plagas que no eran autóctonas de la Península Ibérica y que están creciendo exponencialmente.

Y el lobo aparece en su documental como el mejor amigo del hombre, ¿por qué?

—Siempre se pone al lobo como el malo de las películas, pero en «WildMed» el lobo es el que puede ayudar a restablecer el equilibrio ecológico en Sierra Morena. El problema que tiene Sierra Morena es que los ungulados silvestres, como los ciervos o los jabalíes, están comiendo todo lo que se ha regenerado en ese bosque, que se está muriendo. Hay poblaciones de animales artificiales, que las ha potenciado el ser humano, los cazadores, por lo que es necesario que haya lobos para que esas poblaciones de herbívoros no sean tan elevadas.

¿Qué moralejas podemos extraer de «WildMed»?

—Desde el punto de vista ambiental, todos debemos ponernos manos a la obra para solucionar «la seca», porque es un problema de todos y todos tenemos que buscar remedio. Las administraciones no tienen la capacidad suficiente para resolver ellos solos un problema así.

¿Por qué el documental se titula «WildMed»?

—Ha sido una obligación. Hemos buscando un nombre extranjero para que tenga gancho y sea rentable fuera de España. Se trata de una producción carísima y esta película sería inviable para el mercado nacional con lo que pagan las televisiones en España y el poco recorrido que puede tener en las salas del país.

Tardaron tres años y medio en rodar el filme. ¿Por qué tanto tiempo?

—Una cinta sobre naturaleza es muy compleja de hacer. Hemos necesitado un año para preparar todo el rodaje, buscar todos los animales, preparar las secuencias, buscar las localizaciones, hablar con los propietarios de las fincas para que nos diesen permiso con el fin de grabar dentro de su propiedad. Con esta labor completa, luego han sido dos años de rodaje. Algunos de los animales grabados están criados en cautividad, pero la gran mayoría son animales salvajes, lo que ha requerido mucho tiempo, dedicación y esfuerzo.

Y también dinero. Usted es productor de la película, que ha sido financiada mediante el mecenazgo. ¿Ha podido cubrir costes o todavía tienen deudas?

—Todavía tenemos deudas, claro. Cuando ya se empiece a comercializar y cobremos, espero comenzar a cubrir deudas. Pero eso no será seguramente hasta marzo.

Su película va a ser distribuida en 180 países, además del acuerdo con National Geographic, Discovery Channel y Oasis Channel. ¿Esperaba esta gran proyección internacional?

—Nosotros teníamos la intención de sacarla al extranjero, pero lo que yo no esperaba era venderla en 180 países, casi todos los del mundo, que es una barbaridad. Además, National Geographic ha comprado los derechos para el estreno en exclusiva de la película en todos los países de Europa, además de Oriente Medio y África. Para mí, esto es un espaldarazo enorme como director y como productor.

Como biólogo y divulgador científico, ¿qué opina sobre el cambio climático?

—El cambio climático es un realidad, aunque hay mucha gente que todavía tiene sus reticencias. Siempre me gusta decir que yo no pienso en lo que va a pasar en un futuro, porque no lo sabe nadie, ni los científicos. Sí sabemos lo que ha ocurrido hasta ahora y es que se ha constatado, midiendo las temperaturas, precipitaciones y midiendo todo, que se está produciendo un cambio climático en el mundo. Y todas las evidencias indican que ese cambio climático es por nuestra culpa, por el uso de combustibles fósiles. Si las previsiones son tan nefastas, hay que tomar medidas por si acaso.

¿Tiene alguna sugerencia?

—Los gobiernos se deberían tomar muy en serio el cambio climático. Se toman muy en serio la crisis económica, pero no hacen lo mismo con la crisis ambiental. Como se acabe el dinero, pues se acabará. Pero como se acabe el planeta,… eso sí que no tendría solución.

¿Servirá para algo la Cumbre del Clima en Perú?

—Creo que no servirá para nada. Llevamos varias cumbres del clima y no sirven para nada. Muchas cosas se plantearon en Río’92 y no se han llevado a cabo 22 años después. Lo que deben hacer los gobiernos es dejarse de tantas cumbres y ponerse a actuar de una vez.

¿Y qué va a hacer usted desde ahora hasta la entrega de los «Goya»?

—Trabajar 14 horas todos los días, como lo estoy haciendo, incluyendo sábados y domingos. Sobre todo estamos trabajando mucho en la promoción de la película y su distribución está siendo bastante dura. No tenemos una distribuidora en España y este trabajo lo estamos haciendo nosotros mismos. Todo esto exige una logística, un plan de comunicación, negociar con los cines,… un montón de cosas que no se ven. Parece que solo estoy en el campo contando linces, águilas o viendo pajaritos, pero hay una labor comercial detrás bastante dura y que a mi no me gusta, por cierto.