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Cerca de 20 iglesias se suman al concierto de campanas del Año Greco

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Con el tañido de varias campanas, el próximo sábado 18 de enero a las 20.00 horas, se dará el inicio al Año Greco, una efeméride en la que se conmemora el cuarto centenario de la muerte del pintor cretense. Este concierto de campanas, denominado «Grecos Aires» y dirigido por el compositor valenciano, Llorenç Barber, está incluído en el programa de artes escénicas en la calle «PaseArte» donde además hay programados espectáculos de teatro, danza y música para el resto del año.

El concierto será una sinfonía, de 50 minutos, en la que participarán cerca de 20 iglesias y conventos del Casco Histórico de Toledo y trabajarán más de sesenta músicos. La Catedral, la iglesia de Santo Tomé, El Salvador, San Clemente, San Cipriano o las Carmelitas Descalzas son algunos de los templos religiosos que se unirán a este espectáculo sonoro. Una pieza coral que estará acompañada de un espectáculo pirotécnico secuenciado desde tres puntos de la ciudad: plaza del Ayuntamiento, Jardines del Tránsito y el Miradero de Toledo donde los fuegos formarán parte de la partitura para terminar con un espectáculo de fuegos artificiales. «Los músicos subirán a los campanarios con un cronómetro, sonarán tres disparos de cohetes y al tercero se pondrá en marcha el cronómetro con el que dará comienzo el concierto de campanas» ha señalado el compositor.

Consejos para escuchar el concierto

«Hacer sonar una ciudad es una aventura sin fin y éste será un concierto imposible que algún día será posible», ha manifestado. Según Barber «el aire de Toledo es el que llena los cuadros de El Greco y la manera de pintar tan especializada que el artista tenía» por lo que la ciudad «no puede sonar desde el suelo sino desde el aire». Para el músico hay dos maneras de escuchar campanas: «la manera torpe, que se escucha todos los días del año, monótona desde un campanario o una manera más sensata que será en este concierto».

Pero para disfrutar de esta cita, la mejor forma será caminar. Por ello, Barber ha recomendado a los ciudadanos que «no se queden quietos, que se muevan por las calles y cacen la música». «Cuando usted se pare, la orquesta va a ser un elemento estático inasumible porque le aburrirá en cinco minutos. La música hecha de espacios y resonancias se construye en el oído moviéndose, como un caleidoscopio donde el mínimo movimiento de sus pies convierte a la orquesta en algo atractivo», ha explicado. Además ha añadido que en un acontecimiento de tales características, «no hay que estar callado, sentado, sin toser y sin comer caramelos», como en un auditorio, porque en las calles de una ciudad «los parámetros son otros».

Preguntado por cuál sería un buen lugar para poder disfrutar de este espectáculo ha señalado que «se busquen lugares abiertos, que cuanto más alto se esté, mejor se escuchará». Una buena opción sería la terraza del Alcázar o caminar por el barrio de Santo Tomé. En cambio, ha indicado que, contra todo pronóstico, se «intente huir de la Catedral porque es un lugar bajo donde no confluye nada» al igual que acercarse hasta el Valle, donde el sonido que llegará será «muy tenue».

Otro de los consejos ha sido «no situarse muy cerca del campanario mejor cuanto más equidistrante entre varios puntos sonoros» y evitar en la medida de lo posible, los espacios de sombra sonora».

Finalmente, ha recordado que «nadie espere melodias y ritmos conocidos y banales, simplemente un concreto sonar de viejas campanas al aire» pero en ningún caso «un concierto de estruendos y evidencias sino de sutilezas, ecos y melancolías». Y lo más importante, «abrir de par en par las puertas de la sensibilidad y la memoria».