El «Misántropo» de Miguel del Arco, una exquisitez teatral
La obra respeta el rigor de la trama, utiliza una primorosa lengua castellana - abc
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El «Misántropo» de Miguel del Arco, una exquisitez teatral

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Título: Misántropo. Autor: Jean Baptiste Poquelin, Molière. Versión y dirección: Miguel del Arco. Intérpretes: Israel Elejalde, Bárbara Lennie, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez, José Luis Martínez, Miriam Montilla y Manuela Paso. Escenografía: Eduardo Moreno. Iluminación: Juanjo Llorente. Música original: Arnau Vilà

Si Jean Baptiste Poquelin, Molière, hubiera asistido el 10 de enero de 2014, en el teatro de Rojas, a la representación de su «Misántropo» en la extraordinaria versión libre y actualizada de Miguel del Arco, puesta en escena por la excelente compañía Kamikaze Producciones, se sentiría tan satisfecho como el 4 de junio de 1666, cuando su obra fue estrenada en París; en Toledo también se habría levantado de su asiento, habría aplaudido desaforadamente y hubiera gritado ¡bravo, bravo! hasta desgañitarse.

«El misántropo» es sin duda la obra maestra del comediógrafo francés y hoy podemos decir que lo es también de Miguel del Arco, que respeta el rigor de la trama, utiliza una primorosa lengua castellana y actualiza el contexto para que la obra se adapte a las circunstancias actuales y pueda ser comprendida en toda su extensión y apreciada en todos su valores, que son muchos. Los clásicos pasados por un tamiz como este demuestran tener absoluta vigencia.

La obra, más que una comedia de caracteres y de estudio de costumbres, es una magnífica pintura de la sociedad mundana, en la que el «raro» es precisamente quien, por su inflexible amor hacia la virtud y la verdad y por su intachable conducta, se convierte en «misántropo» persona en perpetuo conflicto con la sociedad, a la que, por principios, trata de no pasarle ni una.

El amor, las relaciones humanas interesadas, la hipocresía, los cotilleos, las envidias, las rencillas, las vanidades, la amistad, el amor posesivo y desmedido, la traición, el coqueteo, las adicciones, la ironía, la ira, la violencia, la corrupción, las intrigas, las pasiones arrebatadoras, los celos, todo cabe en esta obra, en la que las paradojas de la existencia humana son patentes. No importa ya tanto el enamorado furibundo y sombrío, que puede provocar la risa con su actitud, sino el personaje –y la obra total- que se llenan de un espíritu ampliamente humano, donde -si no el reproche contra la sociedad en el sentido romántico- si se manifiesta el sufrimiento por sus vicios, no disimulado por la risa, que, más que humor, podemos interpretarla como una risa pensativa. Molière/del Arco han ensanchado de tal manera los límites de la comedia, cada uno en su tiempo, que han hecho de ella una representación de la vida, más intensa y apasionada que jocosa.

Esta versión de Miguel del Arco es un fresco en el que se nos presenta a un tiempo la pintura crítica de las personas en el tejido social, una diversión, un ballet psicológico y una acrobacia del alma humana y sus contradicciones. El texto, deslumbrante en el contenido y en la forma, ha tomado carta de naturaleza en el siglo XXI, y Alcestes, Celimena, Filinto, Oronte, Clitandro, Elianta y Arsinoé se expresan con la verosimilitud de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, ofreciendo con brillantez momentos memorables, como la sátira del lenguaje eufemístico de los políticos, el de los yuppies o el de los pijos, que devienen en personajes caricatura.

Hay que significar el trabajo de dirección que no descuida el detalle y la magistral interpretación coral de Bárbara Lennie, Raúl Prieto, Cristóbal Suárez, José Luis Martínez, Miriam Montilla y Manuela Paso, con un punto de consideración especial para el «misántropo» Israel Elejalde. Actores y actrices se desenvuelven a la perfección en una escenografía efectista y bien iluminada, en la que se integran la palabra, la expresión corporal, la coreografía, la música y el cine. El resultado es un arte poliédrico que deja el regusto del mejor teatro. Al final todos los intérpretes fueron largamente ovacionados.

El teatro de Rojas ha alzado el primer telón del año con el mejor teatro posible. Podemos estar contentos, el listón de la cultura de calidad sigue alto.