Tres generaciones de estudiosos del Greco analizan la figura del pintor 32 años después

Tres generaciones de estudiosos del Greco analizan la figura del pintor 32 años después

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«San Martín y el mendigo» es una obra del Greco realizada entre 1597 y 1600 durante el último período toledano del pintor. Se exhibe habitualmente en la Galería Nacional de Arte de Washington D. C., pero lleva desde el 14 de marzo en las paredes del Museo de Santa Cruz formando parte de la magna exposición «El griego de Toledo».

La obra fue concebida como parte del programa decorativo de la Capilla de San José y en ella El Greco muestra a San Martín Caballero con su «exquisita» armadura socorriendo a un mendigo, que se encuentra a la izquierda de la composición. Esta armadura y otras que pintó El Greco, además de las armas que portaban sus personajes, serán objeto de análisis en el Simposio Internacional que sobre la figura del cretense hoy comienza en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, un encuentro de expertos y estudiosos que analizará durante cuatro días diversas facetas del genial pintor.

Se trata del segundo congreso que se celebra sobre el Greco después de 32 años, ya que en 1982 tuvo lugar otro en Toledo, ciudad donde el próximo sábado se clausurará este segundo a cargo de Gregorio Marañón, presidente de la Fundación El Greco 2014, y el historiador Fernando Marías, comisario de la exposición «El griego de Toledo».

Ir más allá de lo que se sabe

Como dice el programa del simposio, «si en 1982, momento inicial de nuevas aproximaciones a su arte, se celebró un primer congreso sobre el cretense en Toledo, hoy proponemos uno nuevo, el segundo en España, que pueda analizar desde los planteamientos de comienzos del siglo XXI el arte plural de un artista que quería ser moderno y que se empeñó en la búsqueda de la originalidad, la variedad y la complejidad».

De los participantes en aquel congreso de hace 32 años, aún quedan dos; uno de ellos es el historiador Fernando Marías. En declaraciones a ABC, señaló que «no se han hecho muchos congresos sobre el Greco; el único que se hizo con cierta entidad fue en el año 1982 en Toledo con motivo de la exposición en Museo del Prado y otra en Toledo, «El Toledo del Greco».

Preguntado sobre qué nuevas cosas se han aprendido del pintor en los últimos 32 años, desde aquel congreso, Marías dijo que «son otros tiempos, son otras generaciones, va a suponer ir más allá de lo que se hizo entonces». Añadió que sobre el Greco «ahora se saben bastantes más cosas: desde el Icono de Siros, que no se encuentra hasta 1983 y que insiste un poco es esa ‘grequidad’ del Greco, en ese carácter de pintor de iconos en su origen; y también, hasta 1992 no terminaron de publicarse todas las notas del Greco a Vasari, que son una ventana abierta hacia su experiencia italiana y sus relaciones con otros artistas italianos. Después ha habido documentos que se han ido encontrando y madurando algunos otros cuadros que han aparecido nuevos».

«El caudal de novedades en estos 32 años es importante y, al mismo tiempo, aunque estemos muy acostumbrados los historiadores a estar en nuestra torre de marfil, es intesante el contrastar, el debatir, el discutir, el polemizar sobre cosas puntuales o sobre visiones generales acerca del pintor. Es una oportunidad magnífica de reunirse un grupo de estudiosos del Greco, algunos con 70 años hasta gente muy joven, y discutir los puntos de vista propios de tres generaciones distintas de historiadores que están todavía estudiando con intensidad la figura del Greco».

A la pregunta de si considera que con la exposición «El griego de Toledo» se ha saldado por fin la deuda con el cretense, Fernando Marías contestó: «Oí un día entrando en la estación del tren desde Toledo que una señora decía a alguien: tienes que venirte a Toledo porque hemos disfrutado mucho con el Greco. Yo creo que el Greco, desde la época de Felipe II, era un pintor que parecía que era bueno pero que no gustaba a muchos y yo espero que con esta exposición haya gustado a muchas más personas que a lo mejor no tenían una visión tan agradable del pintor».

Redescubrimiento

¿Pintor de masas el Greco?Respuesta: «Bueno, yo creo que el Greco siempre ha sido un pintor de masas, un pintor que incitaba la curiosidad, el interés, pero que no terminaba de gustar. Sinceramente, creo que ese es el problema, que no acababa de gustar porque los cuadros que se veían, la manera de reproducirlos..., era un pintor demasiado oscuro y no con la intensidad de color y las imágenes tan bellas como realmente tienen las pinturas autógrafas del Greco. La exposición ha reunido lo mejor que produjo su cabeza y su mano. Y el éxito procede de que la gente está encontrando que es un pintor de cosas muy bellas, que las pinta de forma muy bella también». El cuadro que Fernando Marías pondría como ejemplo de «esto es un greco» es El entierro del conde de Orgaz o La gloria de Felipe II. «Yo llegué al Greco a través de lo que él mismo escribió acerca de la pintura y de la arquitectura y que era muy distinto a lo que nos habían transmitido las generaciones anteriores desde 1900, y me parecía que había que estudiarlo con ojos distintos a los que habíamos heredado».

Entre el Greco y la ciudad de Toledo «no hubo amor a primera vista» sino que «él se quedó durante 37 años como uno se queda en la familia, y se lleva a ratos bien y a ratos mal; y por lo tanto suele haber unas relaciones de amor-odio con la familia o la ciudad donde se vive. El Greco encontró un sitio donde vivir, donde ganar con dificultades dinero, un grupo de amigos y unos acicates a sus propias ideas artísticas y teóricas. Y al mismo tiempo también encontró una ciudad que le criticaba, que le racaneaba el dinero que él pensaba que le debían pagar y que no le llegaban a pagar. Una relación dual como siempre se tiene en la vida».