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ANÁLISIS

«Forza Motorsport 7»: un derroche de belleza gráfica con apertura de miras

La nueva entrega de videojuego de conducción vuelve a mostrar su poderío técnico, aunque intenta captar al gran público con una conducción equilibrada y adaptada

MADRIDActualizado:

Con otros lanzamientos recientes, la decisión esta temporada de decantarse por un videojuego de carreras de coches u otro es difícil. Dependerá, una vez más, de la consola de sobremesa que uno tenga. Exclusivo para Xbox One, «Forza Motorsport 7» vuelve a demostrar su músculo gráfico con un asombroso nivel técnico, aunque demasiado repetitivo de la anterior entrega de hace dos años. Su reto es la pura diversión y no tanto conquistar a los exigentes.

El título tiene alma de artista. La belleza con la que quedan retratados los vehículos, de gran realismo, luce tremendamente sobre todas las pantallas, sobre todo, en televisores de alta gama, puesto que es capaz de adaptarse a la perfección en resolución 4K. Además, logra alcanzar la tasa de 60 «frames por segundo» que ofrecen una tremenda fluidez en las imágenes representadas. No hay duda del notable trabajo detrás de la reproducción y recreación de las potentes máquinas de la actualidad y de otras clásicas. La compañía ha tirado en esta ocasión la casa por la ventana con su catálogo de modelos. Impresionante, completo, variado y muy equilibrado.

Cuenta con 700 coches y 30 enclaves cerrados -200 variantes- disponibles con los que intentar lucirse al volante. Así, uno se puede montar en un esbelto Audi Audi Sport quattro S1 de 1986, vivir la velocidad sumergido en un prototipo de Chevrolet Corvette Daytona, sentirse orgullo dentro de un Ford Mustang del 67 o ponerse a prueba en un Ferrari F12. La conducción en cada modelo es diferente. Se siente la potencia en uno u otro, así como el control del volante.

El tiempo también juega su propio papel en cada carrera. La climatología es dinámica, con lo que uno puede saltar a la pista en un trazado con lluvia intensa y acabar sufriendo con los charcos. Pero a grandes rasgos la conducción no es demasiado exigente, incluso en los niveles superiores. Una decisión que deja sensaciones encontradas pero que logra atrapar a un público más amplio.

Las físicas -no tan conseguidas- y la conducción se mantienen respecto a las anteriores entregas, pero ofrece buenas sensaciones. Se pueden modificar determinados aspectos como la dificultad -es adaptable a cada jugador-, si cambio automático o no, algunos de los reglajes (aunque algunos hay que ser ingeniero para conocerlos y sacarles provecho), así como aplicar los llamados «mods», una característica de la anterior entrega y que permite acceder a una serie de herramientas para mejorar el rendimiento o aumentar las ganancias. Estos se pueden seleccionar o bien para una carrera en particular (de un solo uso) o para un espacio más prolongado (de uso ilimitado).

Con una clara vocación hacia la personalización, los pilotos pueden adaptarse a los gustos de cada aficionado, así como modificar algunos aspectos estéticos de cada coche. Son aspectos menores, en verdad, pero que ofrecen diversas opciones para destacar en cada carrera. En cuanto a los modos de juego, lo más importante es que no se dan pasos atrás. Se mantiene la filosofía de carrera en solitario o contra un oponente desde la misma plataforma (pantalla dividida) o accediendo a partidas multijugador de hasta 24 competidores «online», aunque en esto último hay que ser suscriptor de Xbox Live Gold.

Chirría, sin embargo, algunas decisiones como su característico botón de rebobinado (del cual acaba por abusar en solitario) y la falta de penalización en caso de salida de curvas, que desluce en cierto modo la competición. Chocar, abrirse hueco, llevarse por delante a los rivales son algunas opciones a las que, lamentablemente, se pueden recurrir. Tampoco los tiempos de carga ayudan a apaciguar el interés por competir.