«Persona 5»: doctor en historia, espectáculo visual

La nueva entrega de la serie cumple con el tapiz clásico de los JRPG -juegos de rol japonés-, lo traslada a un nuevo nivel, pero peca de momentos de repetición y abandona el doblaje al castellano

MADRIDActualizado:

Tras demasiado tiempo esperando los jugadores occidentales han podido abraza con emoción a esta aventura. Su llegada ha sorprendido. Y ha logrado (por fin) el reconocimiento que se merecía. «Persona 5», videojuego de rol, se sumerge en una propuesta de marcada acción, historia original y un semblante artístico que impresiona nada más entrar a jugar.

Dos aspectos son lo que sirven de acicate para construir algo totalmente único. Por un lado, una trama cuidada y enigmática, que crece continuamente, que se abre en un abanico de detalles por descubrir y que, sin lugar a dudas, juega un papel importantísimo. Por otro, su apartado gráfico. De originales trazos, de menús que rompen moldes, de detalles artísticos de marcado índole anime, la ejecución de este título no tiene parangón.

Está lleno de transiciones y detalles fuera de lo común. Se distancia de otras propuestas de mayor presupuesto que, para cumplir con la relación inversión-retorno, van a lo seguro. Pero esos aspectos gráficos no aturden. Tampoco pasan desapercibidos; al contrario, quedan perennes en la retina. En este juego no. No al menos como lo pintan, aunque el manejo del personaje, sin embargo, puede resultar algo limitado al igual que su sistema de combate por turnos que nos retrotrae a una época anterior pero con un dinamismo inferido. La estrategia y decisión de ataque, bloqueo o golpes específicos logran un esquema de corte nipón pero llevado al extremo.

Abordar cada entrenamiento requiere de un estudio previo de la víctima (o verdugo, puesto que no es fácil superar a determinados enemigos). Pero funciona de una manera satisfactoria y con un buen ritmo, aunque no es del todo perfecto. Ese puzle se completa con ciertas nociones técnicas y la averiguación de los puntos flacos de los rivales. Conocer la debilidades de cada uno permite concentrarse en ellas y, por fin, dirigir los golpes hacia buen puerto. Pero, aunque en apariencia limitado, los combates se van endureciendo y ampliando las habilidades. Se puede hacer uso de armas cortas y largas para, por ejemplo, sorprender al enemigo. Peca, sin embargo y pese a sus encomiables aciertos, de ciertos momentos de reiteración.

La ausencia, sin embargo, de un doblaje al castellano (si siquiera los subtítulos vienen traducidos) puede llegar a aturdir por la carga dialéctica que conforma su extensa y duradera historia (que requiere de echarle horas hasta comprender de qué va la vaina porque es un escrutar constante), recreada en torno a unos jóvenes estudiantes de personalidades complejas que les hacen, no solo estar pendiente de sus vicisitudes particulares, querer explorar más. El juego está ambientado en Tokio y lo protagoniza un callado, carismático y extraño personaje que tiene un pasado que contar. Tras el suspense inicial y la aparición de las primeras sombras demoníacas, el personaje es trasladado a la academia Shujin en donde se las tendrá que ver con lo desconocido después de ser puesto en libertad condicional tras cometer un supuesto atraco.

Tras esos acontecimientos la pandilla y las amistades se forjan hasta lograr despertar a ciertos poderes, que deberán hacer uso para combatir el mal como miembro de los «Phantom Thief». Las decisiones también funcionan como eje central de la trama argumental, de la que requiere estar al tanto de las conversaciones para dirigirse a los puntos de interés en el mapa. Pero supone un estupendo cóctel que mezcla la tradición de la mazmorra oculta, misteriosa y llena de fantasía, con los problemas de cualquier adolescente en una gran ciudad. Y todo ello envuelto en una banda sonora que se mete en el cerebro en los primeros compases.

Este título pone de relieve que 2017 está siendo un año estupendo para los videojuegos paridos en este país. Porque Japón es sinónimo de videojuegos. Allí crecieron, se multiplicaron y, tras unos años a la deriva, vuelve a sentar cátedra. Títulos como el último Zelda o propuestas de corte independiente como «NieR: Automata» alimentan ese criterio especial con el que seduce al espectador, lo atrapa y mantiene dentro de muchos de sus lanzamientos.