Mira en el video un fragmento del juego - J.M.S.

«NieR: Automata»: un cóctel con mucho estilo

El videojuego de rol y acción mezca diferentes géneros, atrapa por su adorable historia pero choca en su apartado gráfico

MADRIDActualizado:

Suele decirse que quien mucho abarca poco aprieta. Pero, en ocasiones, esta no es una premisa que se asiente con veracidad al mundo de los videojuegos. A veces, tocar varios palos a la vez no es disonante. «NieR: Automata», videojuego de rol y acción, sorprende no solo por su penetrante trama sino por la preciosista habilidad con la que es capaz de cruzar varios géneros distintos y presentarlos magistralmente.

Sorprende la actitud con la que el jugador debe abordar las consecuencias de su destino. Encarnando a un androide, se plasma con elegancia tanto los obstáculos como los entornos a los que hay que hacer frente. La base sobre la que planea el juego toma recursos propios del rol y acción en tiempo real, pero se van sucediendo otros estilos. Se aprecia de verdad la sutileza con la que se logra cascar elementos de «hack and slash», se regodea en un mundo semiabierto, lo lleva al terreno de las plataformas con «scroll» horizontal, abre sus espacios a la exploración y da pie al personaje principal, 2B, a mejorar sus habilidades.

Todo ello cosido sobre una prenda brillante y postapocalíptica cuya narración se sitúa a miles de año de su antecesor. Con una historia asombrosa y tremendamente diseñada, el juego dibuja un mundo en el que las máquinas han tomado el planeta. La Humanidad ha tenido que huir a la Luna. Nada es como era entonces. Como se recordaba. Y, para hacer frente a la embestida metálica, se crea el escuadrón YoRHa, androides sin nombre y dispuestos a luchar, pero impasibles ante el devenir de los acontecimientos.

Los primeros compases de la aventura presenta al jugador algunas de las herramientas que están a su alcance. Esquivar, disparar, asestar golpes, saltar. Pero a lo largo de la introducción se sumerge cada vez más en la idea de equilibrio y la supervivencia. En esa aventura le acompañan otros personajes, entre ellos, un accesorio Pod del que se puede hacer uso como arma.

Hasta pasado un tiempo, de hecho, el jugador desconoce la forma en que guardar la partida. Es más, el juego no cuenta con un tradicional sistema de guardado automático. En su lugar, es necesario desbloquear una terminal de transferencia desplegada en el mapa para poder hacerlo. Y es recomendable hacerlo, puesto que los golpes rivales roban demasiada vitalidad.

Afortunadamente, el jugador puede tirar de objetos en sus múltiples variantes. Algunos de los cuales son potenciadores y recuperadores, útiles en combates exigentes. El mundo por el que te adentras es un cuadro futurista en donde la cámara, sin duda, funciona como un elemento narrativo más. Ampliaciones de planos, recortes, enfoques y aberturas imposibles acercan un guión, de primeras algo manido, a un lugar de inconmensurable valor. Es una travesura bien articulada en donde ambientes obtusos, paisajes desérticos, edificios derruidos se levantan a tu paso. Aunque se recorre el universo principalmente a pie, el jugador puede invocar un animal salvaje para subirse, pero esto sucede en fases más avanzadas.

Las mecánicas de juego, algo limitadas, dan pie a ejercer gran presión sobre el mando. Los combates son enérgicos y directos. No dan minuto de respiro. Confabulan para que el jugador deba adoptar una postura de lucha permanente. La sorpresa aguarda en cualquier esquina, obligando a progresar con cautela. La dificultad va creciendo exponencialmente, aunque es generosa.

Y original en su propuesta. Cuando uno cae en combate, una unidad yoRHa -como así se denomina a la clase de androides- se destruye, lo único que se transfiere son los datos de su memoria. Pero, dado que los objetos no pueden ser transferidos una vez muertos, es necesario regresar al cadáver para recoger el chip de ampliación. Una propuesta interesante y diferencial que obliga al jugador a evitar hacer tonterías. Y más sabiendo que si vuelves a morir antes de recuperar ese material perderás la capacidad. Alejados de un diseño gráfico de gran realismo y posiblemente siendo éste su punto flaco, «NieR: Automata» se centra en su aspecto jugable y, sobre todo, su rejugabilidad. Sí, porque una vez acabado el abanico se abre hasta más de veinte finales diferentes.