J.M.S.
ANÁLISIS

«Knack 2»: más cooperativo y decisivo para competir contra sí mismo

La secuela del videojuego de plataformas y aventuras intenta resarcirse del fracaso de su primera entrega depurando algunos destalles que chirriaban entonces

MADRIDActualizado:

Con motivo de la primera remesa de la PlayStation 4 original, que debutó en el mercado en 2013, Sony ofreció un catálogo de títulos exclusivos muy escaso como reclamo para su venta. Una de las propuestas acompañó a la consola de sobremesa estaba protagonizada por un simpático personaje cuya habilidad diferencial era la capacidad para atraer reliquias y obtener así una mayor masa corporal. Pese a contenía algunos aspectos interesantes, el título pasó casi desapercibido. Ahora, su segunda parte, «Knack 2», retoma la trama inicial e incorpora nuevas mecánicas (y un interesante modo cooperativo) para resarcirse.

Es su compañero de fatigas. Su noble escudero. Y como si tal cosa, es capaz de darle de leches a extrañas criaturas que se aproximan y que como en algunos casos pueden utilizar arcos y flechas para pararnos. Como protector, Knack no solo compite en combates cuerpo a cuerpo, sino que también puede solventar los interminables tramos de obstáculos que se dan a lo largo de esta aventura animada. El nivel de dificultad va in crescendo, y no siempre es fácil superarlos.

Este título, convertido ya en saga, sigue los patrones clásicos de los juegos de plataformas y se mete en el barro de otro género adictivo, los «beat’em up». El envoltorio utilizado para atrapar todo el contenido es un papel añejo que permite sentirse dentro de un título de sabor clásico. Controlado en tercera persona, el personaje debe completar una serie de enfrentamientos. Luego de continuar por espacios muy lineales y teledirigidos, arranca una historia que se resuelve de manera más bien predecible.

En resumidas cuentas, es un retrato de la lucha entre el Bien y el Mal, humanos contra «goblins». Lo de siempre, vamos. Afortunadamente está doblado al castellano, algo que seguramente agradezca el público al que va dirigido principalmente, los jóvenes. Las situaciones son, en esta ocasión, más variadas y diferentes, con lo que el paso del tiempo no afecta al interés. La principal novedad de esta entrega es la cooperación. Tiene una doble intención; por un lado, ofrecer partidas impredecibles y ser más dinámico. El juego se ha atrevido, por fin, a añadir un interesante y divertido modo cooperativo (tanto online como sobre la máquina), que permite completar algunas historias con un amigo, incluso en la campaña.

En este modo, cada jugador controlará a un Knack de distinto color (rojo y azul). Pueden lanzar combinaciones especiales de movimientos para intentar dejar a los rivales en desventaja o, incluso, «quitarles» partes de su compañero para luchar. Su sistema de combate, no obstante, se limita a puñetazos, patadas, esquivar golpes y saltos sobre el rival. Son pocos los cambios respecto a su predecesor. Esta opción da pie a una cierta compenetración de cara a resolver los entuertos en donde el personaje se mete. Un personaje que también tiene la habilidad de reducir su tamaño si las necesidades del entorno lo exigen. Como por ejemplo a la hora de sobrepasar un túnel, esquivar los ataques o ascender por las paredes.

El juego en sí no reviste demasiada complejidad pese a la incorporación de algunos detalles más elaborados. Con cierto tino, el usuario ya se siente capaz de superar a los rivales, incluso a los más exigentes jefes finales. Garantizado un porrón de horas de diversión, la secuela de este juego logra resarcirse de su fracaso anterior logrando un compendio de sensaciones. Su apartado artístico, continuista, es un nuevo ejemplo de la transformación experimentada por los juegos de plataformas modernos. En él intervienen una iluminación sensacional, unos efectos visuales logrados y una animación interesante.