ANÁLISIS

«Ghost Recon: Wildlands»: naturaleza furtiva

La nueva entrega del videojuego de disparos en tercera persona se da contra el muro de actividades de relleno pero el esfuerzo en la cooperación para cuatro jugadores restaca la diversión

Centrado en las conexiones del narcotráfico en Bolivia, el videojuego de disparos en tercera persona «Ghost Recon Wildlands» relata el trabajo de un equipo de élite para acabar con las alianzas establecidas por los capos de la cocaína en un país convertido en un Narco-Estado. Para ello se sirve de una recreación de un vasco mapa repleto de contenido a completar, el nuevo título de la saga pone de manifiesto esa obsesión por parte de la industria de recrear mundos abiertos. Como si esa conceptualización fuese el summum de la perfección.

Hermosa es la recreación de los entornos y los confines dentro del juego, en donde se da libertad absoluta al jugador para ir como Pedro por su casa buscando diferentes actividades. Las hay muchas y de gran variedad, aunque conforme pasa el tiempo uno se va dando cuenta de qué va la vaina. Te sueltan en un escenario inmenso demostrando que Wildlands es otro ejemplo de la dedicación exquisita de Ubisoft a los juegos a gran escala pero puede haber dudas si la compañía francesa ha entregado un juego a la altura de las expectativas.

Vuelve a pecar, sin embargo, de esa jugabilidad insustancial de algunos mundos abiertos en donde todo se convierte en una especie de lista de objetivos a completar sin más fuste que el placer de coleccionarlos. El juego ha estructurado, una vez más, un mapa con misiones secundarias de relleno y objetos coleccionable innecesarias sin exprimir del todo la naranja para lograr nuevos aspectos más innovadores y originales. Algunos de los centros de inteligencia que nos encontramos revelan, por ejemplo, nuevas ubicaciones de armas para añadir a la colección, aunque acumular un arsenal de armas de fuego es puramente un divertimento opcional. El problema de base es que se puede completar el juego con la selección de armas inicial, por lo que hay una carencia de incentivos de cara a obtener otras nuevas. Se olvida, además, profundizar en ocasiones en una historia y sus interpretaciones porque la línea la marcan las misiones principales establecidas.

La gran mayoría se pueden resolver desde un punto de vista de infiltración y ocultación al abrazar algunos giros estratégicos al estilo de la última entrega de Metal Gear Solid. En ese sentido ofrece cierta libertad para plantear el esquema de combate que uno desee. De hecho, armado con una pistola con silenciador, el jugador es capaz de ir eliminando lenta y dolorosamente a sus enemigos en lugar de prestarse a un enfrentamiento directo, aunque algunas misiones obligan al jugador a ponerse duro contra los enemigos mientras utiliza las coberturas y quema munición a saco, Paco.

Las labores de reconocimiento son fundamentales para evitar caer en combate. De hecho, se podría decir que muchos de los momentos más gratificantes provienen del esfuerzo y la paciencia antes de ponerse manos a la obra y de cara a obtener información previa antes de infiltrarse. Y, para ello, el jugador puede apoyarse en algunos avances tecnológicos a su disposición como potentes binoculares y un drone muy práctico a la hora de marcar a los enemigos y evitar así aventurarse a lo desconocido, pero que, a su vez, ejerce de palanca a los disparos sincronizados por parte del escuadrón. Este aspecto, por ejemplo, es un método genial que se agradece tirar de ello en muchas ocasiones. Se le pueden dar algunas instrucciones a los tres compañeros, pero no deja de ser un limitado compendio de comandos (esperar, atacar, replegarse).

Aprovechando esta coyuntura técnica, el título vuelve a caer en un defecto habitual en los juegos de mundo abierto, su jugabilidad, que obliga a recorrer largas distancias para recibir en bandeja los objetivos, olvidándose de otros conceptos como el de ofrecer pistas y otros detalles que mueven la inspiración del jugador a la hora de acercarse a una zona de mayor interactividad. No hace falta, sinceramente, mostrarle el camino tan fácil. Los puntos están perfectamente marcados en el mapa. Y los que no se pueden localizar de varias formas como interrogando a determinados tenientes de los narcos. Sin embargo, el juego brilla en algunas secuencias impredecibles. Por ejemplo, emocionantes son esos momentos en que el jugador debe mantener la posición durante un tiempo limitado o adaptarse a circunstancias inesperadas en donde uno descubre, afortunadamente, que de verdad los compañeros de equipo sirven para algo.

La solución por la que opta Ubisoft es que, para distanciarse hasta los lugares de interés, el jugador puede hacer uso de diferentes tipos de vehículos (con una conducción ciertamente incosistente), ofreciéndole la oportunidad al jugador incluso de circular como pasajero, lo que puede llevar a pensar a más de uno que se encuentra en dentro de cualquier lanzamiento reciente de Far Cry. La acción táctica deja, en ocasiones, algo de qué desear. Se producen ciertas inconsistencias en el manejo del personaje, previamente diseñado y personalizado por parte del usuario.

La cooperación, su gran baza

Ese choque de trenes en el que se convierte el desafío por disparar y la propia trama argumental contrasta, a su vez, con un comportamiento atípico de los enemigos, en ocasiones organizados por una tediosa Inteligencia Artificial que replica patrones de movimientos. Además de algunos momentos inverosímiles. ¿Cómo puede ser que un enemigo pase justo al lado de uno de nuestros compañeros y no sea capaz de detectarlo ni avistarlo? Vale que en modo en solitario manejamos a un solo personaje pero la dinámica del grupo requiere de un depurado.

El mayor atrevimiento del juego y con el que sin duda obtiene los mayores galones se rescata de mano del sistema multijugador cooperativo, que permite establecer un escuadrón formado por cuatro miembros que deben establecer líneas enemigas y actuar en coordinación para llegar a buen puerto. A pesar que el juego no puede igualar el alto nivel cosechado por «The Division», una de las grandes joyas del pasado año, en esta entrega se puede disfrutar de el desafío de subir de nivel para desbloquear nuevas habilidades o modificando algunas piezas de las armas, así como personalizar al personaje para llevarlo a otro terreno. A nivel gráfico, «Ghost Recon Wildlands» se muestra en su pleno esplendor con un apartado artístico reluciente y bien ejecutado, lleno de matices visuales y de iluminación.

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