Mira en el video un fragmento del videojuego
ANÁLISIS

Dragon Ball FighterZ: destrucción masiva

La nueva entrega de la saga inspirada en el conocido anime japonés esculpe un singular cruce de fuerzas en una propuesta de corte tradicional donde la lucha cuerpo a cuerpo en dos dimensiones es su seña de identidad

MADRIDActualizado:

La subsaga Xenoverse fue bien recibida. De ella se valoró su arriesgada propuesta y su singular puesta en escena. «Dragon Ball FighterZ» -pronunciado «fighters»- es otra cosa, aparentemente un videojuego de lucha de corte convencional cercano a los clásicos Street Fighter o Mortal Kombat. Pero es algo más. No se queda en eso. Tan solo hay que observar desde la fidelidad de los patrones de movimientos de los personajes del universo del anime a la espectacularidad puesta en escena para darse cuenta, rápidamente, que tiene todo los ingredientes para ser un pelotazo.

El trabajo del estudio Arc System Works es grandioso, y eso que no han inventado para nada la rueda. Da igual, porque en ocasiones cuando se logra una experiencia divertida capaz de enganchar a millones de personas da igual si es más o menos arriesgado. Estamos ante un videojuego de lucha en 2.5D en donde la acción pura y dura se desarrolla en dos dimensiones sobre entornos levantados en volumen.

Una decisión que, sin embargo, le aleja de sus predecesores, pero que demuestra que esta fórmula ya reproducida en la industria desde casi sus comienzos sigue funcionando a la perfección. Esa idea nuclear se traduce en duelos directos, divertidos a más no poder, piques entre jugadores, espectacularidad visual. Todo lleva a la que los jugadores no encuentren un momento para poner fin a las partidas y uno acabe, o intente, por mentalizarse en que «esta es la última de hoy». Su esencia se localiza en el combate directo, violento y sin contemplaciones. Envuelto en una destrucción masiva que, si el jugador es capaz de articular las combinaciones necesarias en el momento oportuno, se activan golpes tremendamente espectaculares.

El planteamiento de juego es sencillo y básico, pero no deja momentos para las dudas. El título se centra en un sistema de combate de equipos compuestos por tres personajes, configurables por el propio jugador en función de su criterio, y como es obvio, el vencedor es el jugador que acaba con todos los rivales. Se controla uno por cada enfrentamiento, produciéndose rondas de varios minutos de confrontación y pudiendo aprovecharse ciertos movimientos cruzados entre personales a modo de apoyo.

Ahí también se puede encontrar un componente ciertamente estratégico, puesto que el jugador puede decidir de inicio el personaje que sale a la batalla en primer lugar, pero en función del desarrollo del mismo puede alterar el orden en un gesto o aprovechar, si cabe, a sus luchadores para asentar golpes por sorpresas. Es el propio sistema el que lleva al jugador a trabajar y preparar los movimientos especiales, que causan mayor daño al rival. Sin ellos estás perdido, por lo que el jugador está continuamente buscando esas combinaciones más dañinas.

En este juego no se pueden hacer uso de los agarres clásicos de otros juegos similares, así como tampoco tirar de la típica estrategia de saltar durante los duelos para sortear los golpes. No es la mejor opción en combate. Prevalece y se le da mayor relevancia a la velocidad de ataque, la energía y vitalidad condensada, a los bloqueos y, por supuesto, a la realización de combos que logran reducir la vitalidad del oponente.

Uno de los aspectos que más puede seducir a los aficionados de toda la vida de la conocida serie es la fidelidad, en muchos casos, de los movimientos de los personajes. Parecen sacados de la misma serie de animación. Cada uno de los personajes realiza ataques especiales que se han visto a lo largo de la historia de Dragon Ball. Esa conexión espiritual con el alma del universo de los superguerreros le dota aún más de sentido. Gana enteros, además, su filosofía aperturista gracias a unos controles simplificados que no exige ser un gran experto para hacerse con ellos. Incluso invocar «kamehamehas» no resulta demasiado engorroso

Aunque dispone de cinco modos de juego (desde entrenamiento, historia…), en realidad se pueden resumir en dos importantes; el combate multijugador online y el combate local. La campaña, de escasa duración y que apoyada en ese concepto de tutorial extenso, relata una trama carente de interés en el que Goku, el personaje principal y por el que gira realmente toda la saga, despierta sorpresivamente sin conciencia en un mundo plagado de clones a los que debe derrotar. Por el camino se encuentran los amigos y enemigos de su trayectoria. Lo único más interesante de esta función es que conforme se va completando se reciben puntos y dinero virtual, importante para canjearlo posteriormente por objetos y habilidades.

También es interesante el modo arcade, que permite al jugador competir contra la Inteligencia Artificial del sistema, y que se centra en una serie de combates a modo de torneo. Se subdivide, a su vez, en tres rutas diferentes en función de la exigencia y dificultad. importante el modo local para dos jugadores, que sin duda inaugurará partidas entretenidas en casa. Pero la piedra angular de todo el videojuego es su modo multijugador online que le lleva a uno a enfrentarse a partidas frenéticas, con opción a revancha, y que aparecen videojugadores de todo el mundo. Como en juegos similares, los cruces se pueden acotar y filtrar por experiencia. En ocasiones, no obstante, se han detectado picos de desconexión y encontrar rival a veces se queda congelado.

«Dragon Ball FighterZ» se inicia con un elenco de 24 personajes, entre los que se encuentran Son Goku, Gohan, Gotenks, Krilin, Piccolo, Vegeta, Trunks o los célebres enemigos Célula, Bu, Bill o Freezer, así como otros pertenecientes a la actual trama presentada en la serie «Dragon Ball Super» como Hit o Beerus. Llegará próximamente una actualización (de pago, eso sí) en la que se incluirán ocho nuevos personajes.