Conan Exiles, un ambicioso videojuego de supervivencia pero que deja algo frío

Ambientado en las brutales tierras del bárbaro más conocido gracias a las películas de Arnold Schwarzenegger, este título levanta un entorno con gran libertad de movimientos y plagado de seres hostiles

MADRIDActualizado:

El término «bárbaro» se empezó a usar en un tono despectivo ya en la Grecia clásica. Se empleaba para designar a extranjeros, que venían correspondidos por una ausencia de civilización entendida en la época y por considerar que eran crueles y violentos. No pertenecer al mundo heleno te convertía, automáticamente, en uno de ellos, con lo que persas, los íberos o germanos eran tildados de poco civilizados.

En nuestros días, la figura de un bárbaro se ha personificado en un ser maligno, fuerte e indómito gracias a películas protagonizadas por el ínclito Arnold Schwarzenegger y su alter ego Conan de Cimmeria, aunque ya en los años treinta se fraguó su leyenda en base a su retrato de guerrero fuerte, impasible y de larga melena dee las novelas de Robert E. Howard. Con el personaje como excusa, «Conan Exiles» es un videojuego de marcada índole violenta que destaca, especialmente, por dos elementos, la supervivencia llevada al límite y un entorno de libertad de movimientos.

Precisamente, el límite de esta obra es tu habilidad por sobrevivir en un mundo hostil, plagado de otros humanos poco civilizados y extraños monstruos. Aunque recurre a los mismos esquemas de otros juegos como «ARK», este título aborda, por contra, una narrativa plúmbea alejada de la épica asociada a Conan. De primeras, el jugador debe diseñar su propio personaje hasta el más mínimo detalle, y cuando decimos «mínimo» es literal, puesto que incluso se puede redimensionar a su antojo el tercer brazo del personaje, aunque también se puede elegir el género.

«Conan Exiles» es una propuesta interesante, en cualquier caso, puesto que desafía al jugador en aras de esforzarse hasta dónde llega después de haber iniciado su andadura de la más absoluta desnudez. Sin armas, sin ropajes, sin un triste mendrugo de pan que llevarse a la boca el jugador debe buscarse sus mañas para poder construir objetos y elementos. Partes con las las manos vacías. Porque el inicio el jugador solo sabe que su personaje está exiliado, desterrado y oprimido. Su mirada solo alcanza a ver un desierto salvaje que debe explorar y descubrir sus secretos. Lo único que se deja intuir es que solo los fuertes podrán sobrevivir.

El concepto del videojuego funciona por sí solo como un aprendizaje constante. Debes comer para reponer fuerzas, si hace frío debes buscar la forma de calentarte, si tienes sed hay que beber. Unas actividades básicas que se reproducen constantemente al tiempo que se lucha además por construir objetos, armas y herramientas gracias a los elementos que uno va recopilando a su paso. Para vestirse se necesitan de ciertos accesorios como hebras de plantas o piel de animales. Con ramas y piedras se pueden fabricar picos para cortar leña.

Son actividades que uno va aprendiendo poco a poco. De primeras, el personaje, del que se puede elegir la perspectiva (primera o tercera persona), debe ser cauteloso a la hora de enfrentamientos directos con otros seres humanos que se encuentran. Todos reaccionan de manera hostil y van a proteger sus escasas pertenencias. La mecánica de combate, sin embargo, intenta reproducir una violencia explícita, pero se queda ligeramente en el camino de una mayor diversión. A veces resulta inestable y algo difusa, aunque gana algo de control en primera persona.

La climatología, a su vez, tiene un peso importante dentro de la narrativa, implicándose en el desarrollo de la historia como un enemigo más. Tormentas de arena, la noche y el influjo del agua empujan al personaje a buscar refugios. Una vez controladas las nociones básicas, el jugador puede ir mejorando sus habilidades y reforzando algunas de ellas como la energía y vitalidad, necesarias para las embestidas con los enemigos. La interfaz para realizar las operaciones no favorece y resulta, incluso, algo confusa. Las sensaciones iniciales son de soledad y cierta angustia, pero poco a poco ya puedes campar más a sus anchas explorando, entre otras cosas, ruinas antiguas que se encuentran desperdigadas en el vasto mapa reproducido por el juego.

Pese a su vocación universal, en conjunto el juego resulta algo abrupto y tosco, dejando una sensación de cierta desolación. Tampoco contribuye a ese lucimiento el pobre desarrollo técnico de su apartado gráfico, repleto de bugs e inconsistencias. El único aspecto positivo es que ofrece una gran profundidad de actividades que se van ampliando con el tiempo y dedicación, sobre todo, esto último, porque hay que rascar muchas horas para verle algo de emoción y superarse a sí mismo. Acabar muerto supone perder todo. Su grave problema es superar el umbral de la desesperación de estar frente a los mandos sin entender casi nada de lo que hay que hacer salvo unas pocas guías marcadas.