Mira en el video un fragmento del juego - j.m.s.
ANÁLISIS

«Call of Duty: WWII»: volviendo a las raíces

Tras años de guerra avanzada, la nueva entrega de la saga plantea el regreso de la Segunda Guerra Mundial y el ejército nazi, pero a su modo campaña le falta agarre, profundidad y duración, mientras que su punta de lanza, el multijugador, sigue a buen ritmo

MADRIDActualizado:

Es plausible el riesgo de Activision en abandonar el futuro de la guerra para retomar los conflictos clásicos de las primeras entregas de Call of Duty, una de las mayores franquicias de la industria del videojuego. La acción en la nueva entrega, «Call of Duty: WWII», se traslada a la Segunda Guerra Mundial, sus raíces y donde mejor funcionó a nivel historiográfico. Con esta decisión se aparca (temporalmente, se supone) a los exoesqueletos y jetpacks que han sido una constante en las últimas entregas para enfundarse subfusiles y discurrir por trincheras embarradas.

Sin grandes alharacas narrativas, el título se compone de once misiones definidas y distribuidas por batallas entre junio y octubre de 1944. Cuatro intensos meses de refriega en la que se acumularon muchas bajas, pero que el sudor y la sangre contribuyeron a contener el avance alemán. Un periodo históricamente decisivo en el que desequilibró la balanza en favor de los aliados porque hasta entonces dominaban el ejército nazi.

A lo largo de unas cinco o siete horas (dependiendo del nivel seleccionado) el jugador se pone en la piel de Ronald Daniels, asignado a la 1ª División de Infantería de EE.UU., que se pasea junto a sus compañeros por el Día D, el Desembarco de Normandía, donde ciento sesenta mil soldados aliados cruzaron el canal de la Mancha de Inglaterra a Francia. Aquellas playas del noroeste francés fueron el escenario de miles de bajas. Los alemanes, sabedores de los secretos del enclave, aprovecharon las circunstancias de la playa francesa para reducir considerablemente las tropas aliadas. También se encuentra la operación Cobra, en Caen (Francia), que supuso la gran ofensiva del ejército norteamericano, así como Batalla de las Ardenas hasta tocar el Rin. Y, por extraño que parezca, el juego no se alarga hasta el final de la guerra.

El acotamiento del periodo es lógico. Se quiere cocinar un cocido de tiros, retaguardias, coberturas y armas de época bajo un aroma a épica. Por supuesto, está bien definido al antagonista, el ejército alemán dirigido por Adolf Hitler, que desprende un gran odio. Al tratarse de un videojuego, eso sí, la historia se mueve en un segundo plano. La dinámica de la diversión virtual exige un planeamiento más vertiginoso. Las físicas no son totalmente reales como tampoco lo son los movimientos de las armas. No responden a una idea fidedigna de la contienda porque, al fin de cuentas, se trata de un videojuego de disparos con un desarrollo muy lineal y tremendamente guionizado.

Lamentablemente, no se ha logrado captar del todo la esencia y crudeza del conflicto, ahondando más en detalles más trascendentes, y en parte se ha desaprovechado una oportunidad envidiable de recrear la Segunda Guerra Mundial por todo lo alto. La narrativa funciona como una suerte de «Salvar al soldado Ryan», oscarizada película que reprodujo brillantemente bien Steven Spielberg. Pero, esta decisión tiene una cara menos amable; abundan los tópicos y clichés a lo largo de toda la trama como el siempre habitual minuto de gloria del sargento chusquero, las bromas fuera de lugar del soldado gracioso de turno o las relaciones de camastros.

Su mayor virtud es regresar a sus raíces, a la ambientación que le hizo grande hace quince años. Y lo hace sacudiéndose las ventajas de un escenario ultra tecnificado en las que sus tramas se recuerdan con vagueza, y eso que por ellas han pasado personalidades como Kit Harington o el cuestionado Kevin Spacey. La saga se había alejado de este concepto clásico que marcó verdaderamente la Humanidad en aras de adentrarse en una guerra avanzada, pero los aficionados pedían a grito pelado un cambio sustancial. Sin cortar por lo sano y cambiar totalmente su piel, «Call of Duty: WWII» es un esfuerzo bien llevado en líneas generales para afrontar el futuro desde el propio pasado.

Siendo reduccionista, el juego consiste básicamente en pegar tiros y tener la suficiente habilidad con acertar al enemigo. Pero hacerlo en medio de trincheras e infantería tiene su atractivo. Y más teniendo en cuenta que la II Guerra Mundial fue uno de los periodos más trágicos de la historia y que ha llenado miles de historias en el cine y la literatura. Leyendas alrededor y la acumulación de mitos han logrado mantener a su vez el interés por este conflicto que decidió parte de la modernidad.

El diseño de sus niveles, además, destaca por su variedad, hasta el punto que da el salto hacia las batallas aéreas en un determinado momento. Su apartado visual, nuevamente, es impresionante. Las versiones para PlayStation 4 Pro y Xbox One X lucen tremendamente bien gracias al conseguido hiperrealismo de los escenarios y los personajes. Detalles gráficos bien definidos y una iluminación oscura intenta replicar la crudeza de la guerra.

Uno de los cambios significativos se localiza en el movimiento del jugador, más sufridor que de costumbre. Muchos juegos similares permiten recuperar salud del personaje si se aleja del campo de tiro o se resguarda detrás de una cobertura. Pero en este caso, la dirección se mueve hacia otra idea, la de recuperar vitalidad por medio del empleo de botiquines o kits de primeros auxilios. Vienen en forma de objetos localizables a lo largo del terreno o pueden ser compartidos por un compañero. La Inteligencia Artificial de los enemigos tiende a asegurar la posición y establecerse en la cobertura, lo que obliga a avanzar en el asalto.

Como marca la tradición, el título incorpora dos modos de contenido ilimitado. Por un lado, el modo zombies y el modo multijugador, el plato fuerte de la serie en los últimos años. Yendo por partes, en el primero de los modos el jugador debe acabar con zombies nazis. Similar a la propuesta encontrada en «Infinite Warfare», todo el escenario está envuelto en humor y es toda una fiesta de tiros. La mecánica conserva la fórmula de supervivencia basada en hordas, pero introduce un nuevo sistema de clases, donde los jugadores pueden optar por uno de los cuatro roles de combate (ofensiva, control, médico y apoyo), que proporcionan diferentes habilidades.

Por su parte, el multijugador competitivo ejerce de palanca de todo el juego. Con picos de falta de conexión, el ritmo de juego es más cadencioso y discurre más lentamente que en las últimas entregas. Este planteamiento obliga a sacar provecho de las coberturas y esperar el momento adecuado para disparar. Recogiendo el testigo de Destiny, «Call of Duty: WWII» ha incluido un centro de seguridad, una especie de cuartel general, en donde se desarrollan algunas actividades como interactuar con otros jugadores o seguir ciertas misiones. Este modo online, además, y por extraño que parezca, ha abrazado las controvertidas cajas de botín (que caen del cielo) y que el jugador recibe mejoras si se canjean los artículos acumulados, pero si se quiere mejorar hay que tirar de tarjeta. El resultado, pese a todo, son partidas dispares y rápidas.