Mira en el videojuego - J.M.S
ANÁLISIS

«Assassins Creed: Origins»: la evolución que necesitaba la saga

La nueva entrega de la serie de videojuegos de aventuras coquetea con los elementos rol, se pasea por un abrumador mundo abierto inspirado en el Antiguo Egipto y refina su controvertido sistema de combate

MADRIDActualizado:

La saga lo necesitaba. Es cierto. Agotada y en el punto de mira de las iras de algunos aficionados, el chicle de Assassin’s Creed se estaba estirando demasiado. Se dio un descanso. Ahora, cuando se cumplen diez años de la revolución que marcó la serie, Ubisoft, su empresa desarrolladora, regresa a sus inicios en todos los sentidos. Nuevo personaje, nueva ambientación y los orígenes de la Hermandad de los Asesinos. Por el camino son dos años de replanteamiento que le han sentado francamente muy bien y, sin representar la gran sorpresa de las primeras entregas, ha logrado refinar algunos aspectos que acusaba el paso del tiempo.

«Assassins Creed: Origins» se ha librado de ciertos lastres que le anclaban en el pasado. El juego sigue, en líneas generales, la mayoría de los patrones que ha logrado establecerse como una importante franquicia. Por lo pronto, sus raíces históricas. Fundamentales. Necesarias y que en esta ocasión envía a los jugadores a vivir el Antiguo Egipto. Había que acotar esta época tumultuosa y conflictiva. Y había que hacerlo bien. De la manera más respetuosa e internacional posible. De ahí que se hayan centrado en el reinado de Cleopatra y la dinastía ptolemaica. En concreto, este nuevo título está ambientado en torno al año 49 a. C., con el reinado de Cleopatra VII, y con Egipto​ dominado por la República Romana. De ahí que intervengan otros emblemáticos personajes como Julio César.

Este enmarcado territorio funciona a la perfección. Se ha logrado captar la intensidad visual y calidez del Egipto antiguo. Rodeado de murallas, desiertos y oasis en extinción, el jugador queda de nuevo asombrado por la recreación histórica de los enclaves elegidos de este videojuego de mundo abierto que, para la ocasión, ha coqueteado con algunos elementos propios de los juegos de rol. Es, de largo, la evolución que necesitaba. No es un replanteamiento completo porque se han mantenido muchos aspectos que le hacen diferente, pero el paquete rueda de manera solvente. Por lo pronto, el personaje, llamado Bayek, vive inmerso en su fustigamiento personal. Le atormenta algunas acciones del pasado. Y para ello necesita, quiere, materializar una venganza. Y todo está preparado para hacerselo pasar canutas.

Pero para ello debe ir circuncidando algunas batallas sociales, que le atestiguan como un salvador del la eterna lucha entre Occidente y Oriente. Así que todo amante de la narrativa se merece experimentar la obra, sobre todo, desde una perspectiva propia del cine, asombrándose por los misterios que se agolpan a lo largo de la historia, no siempre corriendo a la misma velocidad; los primeros minutos se hacen interminables a veces.

Gran parte de las modificaciones articuladas dentro del juego se centran en el sistema de combate y el planteamiento de juego. El primero se ha refinado. Ya no es tan torpe como antaño. Está más cerca de los ágiles movimientos de «Bloodborne» que de un título anterior. Sin ser perfecto, el personaje se maneja entre arcos, hachas, espadas, mazas y todo tipo de armas de mano. Pero, afortunadamente, puede aprovechar algunas ventajas como el empleo de arcos a larga distancia, escudos y un águila, bautizada como Senu, que permite observar a vista de pájaro las localizaciones. Los ancestros de la vista de águila de la serie.

El estilo de lucha, por tanto, consiste en rotura de defensas, asestar golpes, rodar y esquivar. Los rivales, diversos y variados, también saben dominar el arte de la lucha, por lo que algunos enfrentamientos no son fáciles como esperaría. El sigilo se convierte, por tanto, el factor sorpresa y el compañero que se necesita en más de una ocasión, permitiendo que el jugador se deshaga de sus rivales silenciosamente o pase inadvertido entre la vegetación. Los elementos rol, que le acercan en parte al concepto de juego de «The Witcher», le sientan muy bien. Permite evolucionar el personaje y mejorar sus habilidades, aunque a lo largo del juego se hostiga al jugador a pasar por los siempre controvertidos micropagos y microtransacciones. Algo que de por sí puede molestar a más de uno. Aún con todas, lograr subir de nivel se convierte en un divertimento.

Existe un extenso y vasto mapa repleto de actividades, tanto principales como secundarias. Afortunadamente, no se han llenado de actividades anodinas y superficiales como antaño y da la sensación que las misiones alternativas están mejor integradas dentro de la trama, con mejores recompensas. Funcionan, muchas de ellas, como contratos ligeros para contribuir con el bienestar de la sociedad. Distribuido por zonas abiertas a la exploración, el jugador puede asomarse a regiones como Siwa, el Delta del Nilo, Menfis, Guiza y, por supuesto, Alejandría, la mítica ciudad que albergó la mayor biblioteca de la historia, fundada en el siglo III a.C.

Todo en su conjunto demuestra el poderío técnico del juego. Tanto en la recreación, con absoluta delicadeza y mimo, del Egipto de la época, como el nivel gráfico de los personajes. Ese apartado artístico sigue luciendo absolutamente bien en pantalla, con pequeñas mejoras en las consolas domésticas PlayStation 4 Pro -la versión analizada- y Xbox One X. Durante las pruebas se han detectado pequeños «bugs» aunque no ha afectado en la experiencia de juego.