J.M.S.
ANÁLISIS

«PES 2018»: el regreso del fútbol auténtico

Tras varias temporadas por detrás de la serie FIFA, el título de Konami confirma su revolución y presenta el regreso a su esencia, manteniendo unas mecánicas y físicas muy logradas, pero sin borrar su punto flaco, las licencias

MadridActualizado:

Si la temporada pasada evolucionó lo justo y necesario para volver a ponerse a un nivel apto, el título de este año, «Pro Evolution Soccer 2018», ha logrado la revolución que necesitaba. El videojuego de fútbol regresa por todo lo alto. Su apuesta es firme. Cruza mecánicas y físicas muy realistas y resueltas, así como varios modos de juego. Vuelve a echarse de menos, no obstante, la presencia de más licencias oficiales como las equipaciones de clubes como el Real Madrid o el Manchester United. Para muchos jugadores es un detalle que suele perdonarse, y más pudiendo recurrir a ciertos trucos de importación de escudos y camisetas. Pero el resultado es tan ambicioso que puede decirse casi con rotundidad que se trata del mejor juego de esta serie de toda la década.

Llevaba dos años con buena salud a pesar que las ventas no le han acompañado. Lo mejor del «pro» -como le gusta referirse a algunos aficionados- vuelve a ser sin duda su sistema de juego. Su «gameplay». Un terreno que domina a las mil maravillas. El comportamiento de los jugadores están bien depurados. Muy conseguidos. Se aprecia un cambio notable no solo en su manejo sino en su forma de actuar.

Dependiendo del nivel (Neymar tiene un 91, ahí es nada, y con la primera actualización ya juega con su actual equipo), los jugadores protegen el balón, mantienen la posición, luchan por abrir huecos, meten presión. Son más precisos (con o sin balón) más agresivos y más ágiles (controlan el esférico con cualquier parte del cuerpo según necesidades). El balón se mueve con gran suavidad y una fluidez extrema, logrando animaciones estupendas. Los porteros, afortunadamente, han alcanzado la mejoría profunda que se esperaba. Sus actuaciones debajo de los tres palos son momentos de gloria.

Todos esos cambios introducidos y estas notables cualidades dan como resultado una mayor dificultad para superar la línea de gol. Marcar gol desde largas distancias o cerca de la frontal se hace más complicado. Dado que los guardametas actúan más rápidamente, el jugador no puede marcar con gran facilidad desde fuera del área. Esta forma de operar tiene una evidente consecuencia; se potencia más el espectáculo que el marcador. Por ello surgen imprecisiones propias del fútbol, algo que se agradece y que le confiere un tremendo realismo.

La idea que este año se ha trabajado en Konami ha sido la de alcanzar un equilibrio perfecto. No sirve únicamente tomar el balón, regatear a todos los contrarios cual Leo Messi y definir con la puntilla. Lo más razonable es que haga falta abrir huecos en la defensa contraria para la finalización. Las estrellas de cada equipo son decisivos, sí, pero sin un bloque que aguante no pueden cantar gol. Es cuestión de hacer uso de la nobles artes del fútbol, de su magia, porque se ofrecen muchas variantes. Y todas (sombreros, amagos) están al alcance del usuario (que hay que ensayar porque el amalgama de habilidades es amplio).

Eso sí, no es necesario abusar de los regates sobre todo en las zonas de finalización porque lo más probable es que se enrede el balón y acabe en la posición del rival. Por esta razón, se introduce un elemento de mayor peso que el individualismo; el juego en equipo. Así que evitar rechaces inoportunos, hacer uso de paredes y apelar a los balones en corto pueden ayudar a deshacer la presión del rival.

Se ha mantenido otra de sus grandes bazas, la táctica. El juego imprime personalidad. El sistema permite cambiar el dibujo del equipo fácilmente, dándole instrucciones muy detalladas a cada jugadores, elegir el tipo de ataque o planificar jugadas ensayadas. Las opciones son en general abundantes y muy variadas, aunque para sacarles provecho es necesario regalarle algo de tiempo.

Todo ello tiene un fin claro, competir de una manera más estratégica. Otro aspecto en donde se aprecia ese trabajo avanzado se encuentra en las jugadas a balón parado. Se ha modificado parte de su visualización para añadir más opciones. También en los córners, en los que hay una ausencia del arco de la parábola y de los iconos de señalización. Una razón de más para intentar ser más preciso y tratar de aprovechar las oportunidades. Lo que puede, sin embargo, pasar factura en este tipo de lanzamientos en los que cualquier rechace puede ser peligroso.

El título cuenta con varios modos de juego. Se puede competir en partidos amistosos (contra la Inteligencia Artificial o contra un rival online), uno interesante como tres contra tres en cooperativo, pero se puede también iniciar una competición con un club oficial. La opción MyClub es, nuevamente, uno de sus grandes atractivos. Aquí se hace necesario fichar y optar por mejorar el nivel del conjunto. Hay varias formas de hacerlo, bien a través de un representante especial o por medio de un ojeador. Garantías de recibir a la estrella que uno desea no hay, pero el sistema suele ser generoso conforme se acumulan partidos. Por ejemplo, Zlatan Ibrahimovic es un nombre que presumiblemente estén al alcance a las primeras de cambio. El modo multijugador está bien optimizado y la búsqueda de un rival es estable y no resulta un proceso cansino.

A nivel gráfico, el videojuego ha logrado articular números detalles de los jugadores como sus rostros y actuaciones. La iluminación y otras animaciones se han recreado brillantemente, aunque da la sensación de estar ante un reciclaje del pasado año. Pero en general el modelado está bien definido, incluso en los jugadores que no forman parte de equipos licenciados como Cristiano Ronaldo. Los cambios climáticos también forman parte del entramado artístico. La locución de los comentarios, de nuevo a cargo de Julio Maldonado (Maldini) y Carlos Martínez, son demasiado repetitivos.