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ANÁLISIS

«Super Mario Odyssey»: libre como la imaginación

El videojuego de plataformas con mayor variedad de acciones, situaciones y capacidad de sorprender

MADRIDActualizado:

Nintendo siempre ha mimado cada saga de Super Mario para marcar el listón de lo que un videojuego debería ser dentro de su filosofía, siempre enfocado al juego, la sorpresa y la diversión. «Super Mario Odissey» no solo ha situado el listón, sino que el salto ha sido hasta la Luna, por su imaginación, sus innovadoras mecánicas y su variedad engarzada a la perfección.

La saga Super Mario abandona el planteamiento de dos dimensiones y regresa a la fórmula de «sandbox» —libertad de movimientos— en su entrega para Nintendo Switch. No es la primera vez que Mario entra en el mundo de la libertad de movimientos; ya lo hizo en otras ocasiones. La primera, hace casi veinte años, con «Super Mario 64». En esta ocasión no ha tratado de buscar grandiosidad a través de un mundo más vasto para demostrar potencia. La grandiosidad la ha buscado, y encontrado, en que esa libertad es efectiva, total. No solo en la capacidad de marchar adónde y cuándo se quiera sino de hacer lo que se quiera con todo lo que hay alrededor. Es el Mario con mayor variedad de acciones y movimientos, que, a su vez, generan nuevas mecánicas nunca vistas y nuevas formas de jugar.

Para ganar esa libertad de acción es fundamental la participación del, posiblemente, «power-up» o poder más valioso de todas las sagas. Una gorra capaz de tomar posesión de los elementos animados del juego, enemigos incluidos, para usar sus habilidades en beneficio propio y así superar los obstáculos de la odisea. Nadar, volar, saltar más alto, andar sobre lava, romper rocas…

Los «power-up» siempre han sido un elemento diferenciador de cada entrega de la saga; pero, en esta ocasión, esa diferenciación se multiplica exponencialmente. Y no lo hace como un inabordable sistema de movimientos ni combinaciones, sino como una manera inteligente de resolver cada pequeño reto, bien como minijuego o bien como paso necesario para continuar la aventura. Este despliegue de nuevas acciones y controles se traduce en nuevas mecánicas y, a su vez, nuevas estructuras que renuevan el género de las plataformas manteniendo el legado de tres décadas en la vanguardia. Super Mario no renuncia a su esencia colorista y divertida.

La variedad de los retos planteados es inabarcable. Cada mundo, incluido el mundo real, es un juego concentrado, con su idiosincrasia. El juego transpira la sensación de que siempre hay una sorpresa por descubrir si se está dispuesto a explorarlo a conciencia. No decepciona. Siempre se desvela algo oculto que anima a seguir exprimiendo el juego hasta cada rincón. Si en los Super Mario esto ha sido una constante, en Odyssey la fórmula se ha explotado al máximo, en cantidad, en imaginación y, para los más expertos, en complejidad para alcanzar la última recompensa.

Estas acciones no tendrían sentido sin un control preciso, fundamental en la ejecución de movimientos medidos al milímetro. La cámara siempre está colocada en su sitio en una aventura que es tanto horizontal como vertical. La manera óptima de jugar es con un «joy-con» en cada mano, puesto que hay movimientos reservados a usarlos con el giroscopio que no son posible efectuarlos en el modo portátil o con el mando convencional. Pero no es indispensable y es perfectamente jugable en todas las posiciones de Switch.

El juego es accesible para cualquier jugador y, al mismo tiempo, exigente para quienes buscan un verdadero reto. Incluye un modo ayuda, guiado mediante flechas, para evitar la desorientación a los inexpertos. La estructura de búsqueda de lunas es la forma de dar la posibilidad al jugador experimentado de exprimir la dificultad. El hallazgo de esas lunas, necesarias para superar cada fase, puede ser obvio, esforzado, un verdadero reto o un auténtico quebradero de cabeza. Sin grandes complicaciones para encontrar las indispensables para superar la fase, pero con enorme complejidad para hallar aquellas que marcan la diferencia.

Luminoso, colorido, lleno de detalles. Todo un mundo animado, cuidado hasta el último elemento, lleno de emociones. Divertido, caricaturesco, con sentido del humor. Con una enorme labor artística. Cada mundo es único, con personalidad propia. Super Mario evoluciona sin perder su estilo su entrega más variada, imaginativa y con mayor contenido.