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Análisis

«Splatoon 2»: el «paintball» más grande jamás jugado

El juego de disparos con pintura amplía y mejora su fórmula sin revoluciones

Splatoon 2, de Nintendo Switch

La segunda entrega de «Splatoon», la primera para la nueva Nintendo Switch, evoluciona la fórmula creada hace dos años para WiiU sin hacer una revolución que en absoluto necesitaba. El colorista juego de disparos de pintura en tercera persona se afianza con una nueva edición de su fórmula, ampliada y mejorada con nuevos modos de juego y armamento.

Nintendo rompió con «Splatoon» tres barreras: su tradicional debilidad en el online, su falta de nuevos personajes y su ausencia en los juegos de disparos. El título resolvió su entrada en el manido género de los «shooters» con una fórmula fresca, original, adictiva y, sobre todo, divertida.

Disparos sin balas

La virtud de «Splatoon» es su capacidad de conservar las mecánicas de los juegos de disparos sin usar balas. La munición es tinta, lejos de cualquier contenido violento. Los inklings son unos seres antropomórficos con capacidad de convertirse en calamares, y armados con un variopinto arsenal cargado de tinta de colores fluorescentes. La transformación en calamar permite recorrer la zona pintada de nuestro color, cruzar vallas, saltar obstáculos, trepar y recargar el arma.

Una de las mejoras más notables de «Splatoon 2» sobre su predecesor es la profundización de la campaña, esto es, del modo Héroe para un solo jugador, tanto en escenarios como en variedad de situaciones. Demasiado leve en la primera entrega, ahora gana en trascendencia, con niveles estructurados para avanzar empleando diversas técnicas.

Mejor modo campaña

No obstante, el punto fuerte del juego vuelve a ser el online, una modalidad que definitivamente Nintendo ha decidido explotar con todas las consecuencias, incluido hacerlo de pago a partir del próximo año. El modo multijugador local se hace irrelevante al no poder contar con la pantalla partida, un recurso que limita el potencial gráfico pero que puede funcionar a la perfección en Switch, como ocurre con «Mario Kart 8 Deluxe».

El modo Territorial enfrenta a dos equipos de cuatro jugadores en competición por pintar el mayor espacio posible. El modo Pintazonas consiste en defender un territorio el mayor tiempo posible. El modo Torre es una variación de atrapa la bandera. En el modo Pez Dorado el equipo debe llevar el pescado a la base rival. El vertiginoso modo cooperativo Salmon Run reproduce en el estilo «Splatoon» el juego por oleadas, habitual en los «shooters», con enemigos finales.

La riqueza de armas, desbloqueables en función del avance del juego, aporta una enorme variedad estratégica. El arsenal se ha ampliado en esta edición con nuevas más contundentes, como los lanzamisiles, que se unen a las variaciones pictóricas de ametralladoras, rifles de precisión y pistolas variopintas. No es un apretar botones sin más, sino que requiere cierto planteamiento de la situación, tanto como individuo como equipo. Sin embargo, el número de mapas es escaso, todos cerrados pero muy bien planteados; un extremo que se solventó en la primera edición con sucesivas ampliaciones gratuitas y que se espera que ocurrirá igual ahora. Las competiciones, breves e intensas, mantienen un ritmo adictivo.

El uso específico de saltos y la variedad de situaciones, más vertical en esta edición, aporta diversidad a un juego que, sin ser ningún prodigio técnico, cumple a la perfección en el apartado gráfico para representar un diseño colorista, imaginativo, urbano y adolescente.

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