Tecnología - Videojuegos

Un refugiado sirio desarrolla un videojuego en el que el objetivo es cruzar África y llegar a Europa

«Path Out» es el videojuego desarrollado por Abdullah Karam, un joven sirio que consiguió alcanzar esa meta en 2014

Trailer del videojuego «Path Out» - Youtube

A muchos adultos les preocupa que los jóvenes dejen de diferenciar entre la realidad y la realidad virtual, pero en este caso la realidad de un videojuego servirá seguramente para acercar a muchos chicos a la realidad de un refugiado, a vivir en primera persona la aventura que supone huir de la guerra para intentar a toda costa llegar a Europa.

«Path Out» (Vía de salida) es el videojuego desarrollado por Abdullah Karam, un joven sirio de 21 años que consiguió alcanzar esa meta en 2014 y que ha volcado su experiencia en la trama del juego. El jugador comienza en una casa, en el centro de Siria, en 2011, sin luz eléctrica en la casa. La madre del protagonista le explica «el gobierno está vendiendo de nuevo la electricidad a los libaneses, ten paciencia» y le encarga la primera tarea del juego, encontrar una bombona de gas para poder cocinar, para distraerlo de su reacción: «Esta gente es ridícula, debería salir a la calle a protestar, como mi hermano». Mientras busca a oscuras la bombona se topa con una fotografía de un castillo en Europa, y la meta final comienza a cobrar forma.

«Todo lo que ocurre en el juego me ha pasado en la vida real. Recuerdo el día en que por primera vez pensé en la posibilidad de huir de todo aquello, recuerdo que ni siquiera creía entonces que pudiera ser posible». Explica Abdulah, a quien siempre le gustó dibujar y que llegó a Austria con varios bocetos en la maleta. Había ido dibujando para ayudarse a sí mismo a asimilar las experiencias y esos dibujos fueron la base del videojuego desarrollado por la empresa alemana Causa Creations, una compañía con sede en Karlsruhe y especializada en juegos de ámbito social para la que hoy trabaja.

El protagonista del juego debe superar numerosos obstáculos en cada nivel, al que accede cada vez que consigue traspasar una frontera. Persecuciones, soldados, controles, campos minados… Se trata de una animación en 2D con perspectiva asimétrica, habitual en la Game Boy de Nintendo, que reproduce imágenes de zonas en conflicto, mares inciertos y caminos agotadores. A lo largo de su ruta, el jugador debe ir ayudando a otras personas que también lo han perdido todo, sobrevivir en edificios destruidos por las bombas y reunir puntos para enviar a la familia que ha dejado en casa.

«Cuando vi los dibujos me parecieron muy conmovedores y creo que realmente hemos conseguido un videojuego en el que el jugador puede identificarse con esa historia, vivirla tal y como la viven los chicos que se ven obligados a escapar, a buscar un futuro en otra parte», explica el desarrollador alemán Georg Hobmeier, el director del proyecto. «Conocí a Abdullah en Salzburgo en una representación teatral cuando llevaba solamente dos semanas en Austria y al ver sus dibujos pensé que debíamos aprovecharlos de alguna manera. Él había pensado quizá en un cómic, pero yo estaba convencido de que un videojuego era el formato perfecto y las primeras reacciones del público demuestran que no me equivoqué», se felicita.

«Para mí no ha sido duro tener que recordar todo aquello», dice Abdulah, «al contrario, ha sido como una terapia, una forma de revisar todo lo que ha pasado y que, mientras está sucediendo, apenas te da tiempo a pensar. Digamos que necesitas aceptar todo lo que has vivido, porque en el momento en que pasas por esos peligros no eres tan conscientes, solo sientes la necesidad brutal de seguir hacia adelante».

La idea era permitir al jugador compartir esa experiencia, pero evitando el dramatismo, de modo que el argumento del juego está salpicado de grandes dosis de humor y muchas sorpresas. Los creadores también se han permitido añadir elementos de ficción con ese objetivo, como el hecho de que delante de su casa aparque un camello en lugar de un coche. «Bueno, disfruten del cliché», recomienda, aunque su verdadero anhelo es que los jóvenes europeos entiendan lo que está pasando y por qué tantos refugiados llegan a sus países solo con lo puesto.

«Yo amo Siria. Quiero regresar un día. Dejé el país porque era lo que querían mis padres, porque tenían miedo después de que mi hermano se viese implicado en un tiroteo durante una manifestación en contra del presidente Bashar al Assad. Y muchos otros han vivido experiencias parecidas. Pero ahora estamos aquí y queremos contar lo que hemos vivido», dice en un alemán muy avanzado.

Por el momento, el videojuego tan solo está disponible en versión demo. En octubre se prevé que ya salga al mercado la versión definitiva. «Cerraríamos el círculo si un día se pudiera jugar también en Siria», bromea Abdulah, «aunque creo que entonces tendríamos que desarrollar otro videojuego en el que el protagonista sea un refugiado en Europa que deba lidiar con la burocracia, con la pobreza, con los incendios en los albergues de refugiados y con el idioma… ¡Ese sí que sería un videojuego difícil!», sonríe.

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