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Retrato de un «ciberdepredador»

Los pedófilos o pederastas intercambian archivos y consejos en la red oscura de internet Tor

Amanda Todd es una adolescente canadiense que sufrió a la par «grooming» y ciberbullying, antes de suicidarse publicó un vídeo contando su historia
Amanda Todd es una adolescente canadiense que sufrió a la par «grooming» y ciberbullying, antes de suicidarse publicó un vídeo contando su historia - ABC

La sociedad ha experimentado muchos cambios en los últimos tiempos. La era digital ha modificado, entre otras cosas, la manera de pensar y de comunicarse. Las relaciones humanas se han derivado a dispositivos electrónicos y soportes fijos: redes sociales, aplicaciones, foros o el ámbito online de los videojuegos. Detrás de esa deriva del comportamiento, sin embargo, los más jóvenes han crecido en un entorno donde la red les aporta plena confianza de sus movimientos y plena disposición de sus conocidos, pero también no tan conocidos.

Los menores, desconocedores en muchas ocasiones de los posibles peligros que acechan en internet, son capaces de entablar una relación online con desconocidos. Lo hacen pensando que sus nuevos amigos son niños o adolescentes de edades similares. Falta educación. Existe un problema subyacente que viene de la brecha generacional. Si está ampliamente extendido que antes de abrir la puerta del domicilio es conveniente preguntar antes, ¿por qué agregamos a cualquiera en redes sociales?

Sin embargo, es posible que esa «nueva» amistad no tenga siquiera la edad que dice tener ni la intención de comprender las desidias que sufre en su entorno de amistad o familiar. Un truco que cibercriminales emplean para acercarse a sus potenciales víctimas. Y, puede que uno piense que está ajeno a todo esto, pero es cada vez más común que incluso se den casos de ciberextorsión al robar, por ejemplo, supuestas imágenes personales.

Pedófilos o pederastas son mayormente hombres. Rara vez se ha detenido a una mujer. En la mayoría de los casos, se ha vinculado a un caso de pederastia a un hombre, como apuntan fuentes de la Guardia Civil a este diario. En realidad, no existe un perfil concreto, dado que este tipo de cibercriminales pueden tener distintas edades, desde adolescentes hasta personas mayores de 80 años, incluso ocultarse en una vida estable no necesariamente desestructurada. SE han dado casos de detenidos que se encontraban en una situación acomodada que ningún vecino se hubiera imaginado que podría tener este tipo de comportamientos delictivos.

«Grooming»: cibercacoso de un adulto hacia un menor para obtener satisfacción sexual
Los «depredadores» sexuales se trasladaron hace demasiado tiempo a internet para evitar ser pillados in fraganti en un parque o en los alrededores de un colegio al acecho de que un niño se quedara solo. El Código Penal establece penas de hasta cinco años por pornografía «cualquier material audiovisual que utiliza niños en un contexto sexual».

Pese a todo, muchas personas siguen saltándose la barrera de la moral. El «grooming» es como se conoce a la práctica en la que un adulto aprovecha servicios digitales para acosar a un menor, es decir, salir a la caza en la red para ganarse la confianza de un niño o niña para obtener un beneficio sexual. En primer lugar se basará a un intercambio de archivo de imágenes cada vez más comprometidas.

Este comportamiento penado conlleva el condicionante de que el adulto se hace pasar por un menor. Buscan en redes sociales, chats o comunidades de videojuegos usuarios menores y tratan de ponerse en contacto con ellos. Lo hacen haciéndose pasar, en muchos casos, por jóvenes de su misma edad o, incluso, mujeres. Sin embargo, en la mayoría de los casos conocidos los adultos detenidos en estos casos son tipificados como pedófilos, pues pocas veces se produce la agresión al menor.

Lo más habitual es que los que cometen abusos a niños sean a aquellos que logran acceder a su entorno cercano, por lo que los expertos en seguridad informática y autoridades insisten en la necesidad de educar a los usuarios menores, los más vulnerables, en llevar una sana actitud en internet y no fiarse nunca de los desconocidos. Y, por supuesto, no quedar físicamente con una persona de la que no se tengan referencias. Según un informe de la firma de seguridad informática Kaspersky, solo el 37% de los padres se preocupa por los riesgos que enfrentan sus hijos en internet.

Engaño y confianza

El «grooming» está catalogado por tres niveles. En primer lugar, se encuentra el ciberacosador que busca el contacto con niños, pero que no tiene por lo general antecedentes penales. En un segundo nivel se pueden catalogar a aquellos que consiguen entablar una relación de amistad con un niño. Y en el último caso, se encuentran aquellos que únicamente tienen el objetivo de abusar de un menor.

Una vez el ciberacosador consiga entablar una conversación con el menor, se irá ganando su confianza y este le irá haciendo partícipe de sus movimientos, de su localización y colegio. Cuando crea que su víctima es vulnerable, le pedirá una foto, que después pasarán a ser más cada vez más comprometidas. En el momento en que el niño crea que se está viendo obligado a algo que no le gusta, tratará de pararlo y negarse a mandar más fotos a su acosador.

Entonces, el pedófilo comenzará a amenazarle con enviar su foto a personas de su entorno, puesto que conoce los suficientes datos sobre él como para saber dónde publicarla. En ese momento, la víctima se percatará que se encuentra ante los deseos de su acosador, qué le irá prometiendo que parará de hablarle si este le envía otra foto más una y otra vez, pero tendrán miedo de contarlo a un adulto por vergüenza.

Usar internet como medio de acercarse con niños no es tan reciente, si se focaliza únicamente en el entorno de las redes sociales. En el año 2000 se lanzó un juego que se puso muy de moda, «Habbo Hotel», donde muchos jóvenes que interactuaban en un simulador de vida en menor escala, eran abordados por adultos que se hacían pasar por niños. Su manera de acercarse a ellos era prometerles que les podían enseñar trucos para adquirir nuevos elementos en el entorno multimedia. Esta práctica también se sigue empleando en otros videojuegos de partidas online, donde los ciberacosadores se comprometen a mostrar a sus víctimas como pueden subir de nivel para acercarse a ellos.

Ciberdelitos contra la libertad sexual en España, según los datos de la Memoria de la Fiscalía General del Estado en 2016
Ciberdelitos contra la libertad sexual en España, según los datos de la Memoria de la Fiscalía General del Estado en 2016- STATISTA/ABC

Según la memoria de la Fiscalía General del Estado en 2016 los procedimiento judicial en relación a la pornografía infantil o de personas con discapacidad fueron 767 y en lo referente al acoso a menores 98. En el mismo año, se realizaron 61 operaciones en las que se detuvieron a 222 personas por pornografía infantil, grooming y abuso sexual infantil, según fuentes de la Guardia Civil.

Apología de un amor prohibido

Los pedarastas no consideran que su deseo de complacencia sexual con niños sea una agresión. Piensan que no son comprendidos por la sociedad y que su amor será algún día aceptado. Detrás de esta manera de pensar se ha generado una subcultura que en ocasiones se ve identificada a través de símbolos que delatan sus preferencias sexuales, entre otros: un corazón pequeño rodeado por uno grande –para representar un adulto y un niño–, así como la misma combinación con otras dos figuras: triángulo y mariposa.

Los criminales que prefieren niñas, «girlovers» lo expresan a través de uno de estos objetos en color rosa, los que prefieren niños en azul, «boylovers», y aquellos que no tienen preferencias de género utilizan el amarillo.

Documento desclasificado del FBI de los símbolos que utilizan los pedófilos
Documento desclasificado del FBI de los símbolos que utilizan los pedófilos- WikiLeaks

Ante la creencia que se trata de un amor incomprendido por la sociedad, se han creado páginas que forman a sus adeptos a través de consejos sobre cómo ganarse la confianza de un niño o cómo poder actuar de manera que no sean interceptados por las fuerzas de seguridad. Ante la incertidumbre de poder ser descubiertos a la hora de intercambiar o comprar archivos pornográficos, muchos se han introducido en el internet oscuro no visible para otros usuarios, la red Tor.

En algunos países tienen organizaciones para reivindicar sus derechos a amar a los niños y defender la tesis de que los menores son conscientes de la relación y la aceptan plenamente. En ocasiones, esos consejos que se intercambian son plasmados en manuales en papel, los cuales en alguna ocasiones han sido incautados cuando se ha efectuado un operativo policial.

Cooperación internacional

En España, desde hace dos años se permite que los agentes se infiltran de manera encubierta en estos foros de la red Tor a la espera que los pedófilos cometan un error que les delate la localización, hasta entonces se consideraba que era una manera de provocar la comisión del delito. Ahora, se permite trabajar bajo una tapadera en estas redes, siempre y cuando se actúe de manera que no se considere que ha sido provocado.

Las distintas unidades de cuerpos de seguridad están en permanente contacto con las de otros países. El problema con la reproducción de imágenes de los abusos o la producción de pornografía radica en que dichas grabaciones no han sido realizadas en el entorno nacional. Por ello, una palabra en otro idioma o una serie de animación emitida en una televisión en la esquina de un plano puede ser un indicativo de qué país puede tratarse. Esta constante observación de los pequeños detalles en una de las técnicas que permite a muchas de las personas que persiguen estas agresiones mantener a raya sus sentimientos.

En España se suelen trabajar a menudo en colaboración con el FBI porque disponen de muchas herramientas de rastreo de huella digital, porque normalmente el «ciberdepredador» no acosa a un único niño, una vez que es detenido se le incauta en su ordenador material fotográfico de varios menores. Desde el año pasado se cuenta con un Registro Central de Delincuentes Sexuales y que exige que las personas que tienen intención de trabajar con niños deben tener un certificado que demuestre que no están inscritos en este.

Acoso 24 horas al día

El «grooming» no es el único tipo de acoso que se puede dar en internet. El «ciberbullying» es el acoso entre menores de más o menos la misma edad que antiguamente solo ocurría en las aulas, pero trasladado a internet. Sin embargo, el ciberbullying avanza a un grado mayor cuando el acosador tiene plena disponibilidad de su víctima las 24 horas a través de la red y no únicamente en las horas del horario escolar. Por norma, los menores se conocen y es una persecución que se inicia en el entorno del colegio y después se traslada a internet.

Hace unos años, una menor canadiense fue víctima de un prolongado cibercacoso que la llevó a suicidarse. En este caso, la menor sufrió tanto «grooming» como ciberbullying. Amanda Todd tenía 12 años cuando un individuo le pidió que mostrara su pecho en la webcam. El acoso continuó hasta un año después cuando ella se negó a seguir siendo su víctima, por lo que él colgó su foto en Facebook y los compañeros de la chica se enteraron.

La familia de la menor se tuvo que mudar, ella cayó en una gran depresión y se refugió en el alcohol y las drogas. Sin embargo la foto y el acoso volvió a su vida pese al traslado. Amanda Todd se suicidó a los 15 años, ante la desidia de no ver una salida al ciberacoso que seguía sufriendo. Antes de suicidarse colgó un vídeo en YouTube contando su historia. Algunos menores cuando no ven una luz que les haga escapar de esta situación, optan por el suicidio.

Otro de los tipos de acosos que se pueden encontrar en internet en contra de menores es el «sexting», que aunque tienen lugar entre adolescentes también puede pasar entre adultos. El o la joven envía una fotografía de contenido sexual, normalmente a su pareja, pero este la acaba compartiendo con otras personas por lo que esta práctica se acaba convirtiendo en ciberbullying, o en manos de adultos «grooming».

Solos ante el peligro

Ante los peligros de la red, no es recomendable dejar el ordenador en un lugar apartado, porque hace a los menores más vulnerables. Así lo cuenta Ángel Terrón, psicólogo y director del centro Educa-at, que explica que en todos los casos de niños o adolescentes que han sufrido algún tipo de acoso por internet se daba la situación que «el ordenador estaba aislado». Por lo que siempre recomienda que el ordenador «esté en un espacio público».

En los casos de adolescentes que quieren que se les respete su privacidad, hay que hacerle «entender que la confianza no viene dada, sino que se la tiene que ganar», añade Terrón. Los padres son capaces de reconocer la madurez de su hijo adolescente, pero no le puede otorgar desde un primer momento «cuando el riesgo es grande». Debido a que es más complicado reconocer la madurez en el entorno virtual, que en su interacción ajena a la red, se recomienda revisar el historial, para lo que hay programas de acceso para padres donde se puede testar la conducta responsable en internet.

Al igual que los padres recomiendan a sus hijos que no hablen con extraños, que crucen antes de mirar o que lleguen a casa antes de una hora, se debe aconsejar a los menores sobre los peligros de la red. Terrón aconseja que se les empiece a formar «a partir de los 12 o 13 años», edad en la que se empieza a hacer uso del ordenador con mayor frecuencia. Por lo que también se debe convertir en un «tema que ocupe espacio en las conversaciones familiares».

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