Stewart Butterfield, consejero delegado de Slack, durante una intervención
Stewart Butterfield, consejero delegado de Slack, durante una intervención - REUTERS
PERFIL

El hombre que aspira a acabar con el mail en la empresa

Stewart Butterfield, multimillonario emprenedor canadiense y consejero delegado de Slack, creó en 2013 la herramienta colaborativa para el mundo de la empresa, una batalla a la que también se ha sumado Microsoft

MADRDActualizado:

La de Stewart Butterfield no es la clásica historia de joven ingenioso que se hace multimillonario antes de los treinta porque su cerebro exprimió una idea en un garaje. Silicon Valley, la cuna de la tecnología, ha potenciado esa visión de la mercadotecnia. No siempre es así. Es más, muchos ejemplos de proyectos que funcionan no surgieron bajo esa premisa. Slack, servicio digital colaborativo, ha logrado introducir en la empresa actual nuevos procesos

Es hacer de la necesidad, virtud. Y lo ha conseguido. No hay más que fijarse en la aparición de otros proyectos similares que buscan servir al entorno laboral en la gestión, administración y toma de decisiones. Uno de los más recientes es Teams, de Microsoft, con el que el gigante del software quiere hacer de las suyas por medio de su propio invento dirigido, principalmente, al entorno laboral. Puesto que la firma americana es uno de los señores de el ecosistema empresarial, no era de extrañar que en algún momento lo intentaran por medio de una aplicación de gestión.

Slack es producto de la casualidad. De la necesaria (y práctica) técnica de la prueba y el ensayo. Su embrión se encuentra en un entorno que, a priori, nada tiene que ver con su filosofía original. El multimillonario emprendedor puso en marcha con antelación dos videojuegos, primero Game Neverending (juego de rol masivo multijugador «online») y luego Glitch, que le ayudaron a obtener una experiencia de uso, necesaria para montar la «app», actualmente con registros de más de 5 millones de usuarios.

STATISTA

El nombre del primer proyecto puede que hoy en día no sea bien recordado, pero sirvió de antesala a la aparición del servicio de fotografía Flickr, adquirido por Yahoo en 2005 por unos 35 millones de euros al contener una interesante función para albergar imágenes. El segundo data de 2011 y la partía de la idea de darle herramientas al usuario para crear un entorno compartido. Todo ello se plasmó en un nuevo proyecto, Slack, lanzado en 2013. Apostó por un modelo de negocio combinado; tiene una versión gratuita pero contempla funciones premium por suscripción. El resultado, un éxito sin contestación. Y eso que en un principio no estaba concebido para la gran empresa, pero en la actualidad cuenta con el apoyo de firmas como Samsung, eBay, Pinterest, HBO, LinkedIn o AirBnB.

Todas estas ideas surgen como respuesta del nuevo ecosistema que impera en la industria. La empresa actual no tiene claro hacia dónde va. Las más tradicionales han visto peligrar sus negocios en los últimos tiempos a consecuencia del imparable tsunami digital, que ha logrado encumbrar a empresas más o menos recientes que hasta hace diez años casi ni existían. Al calor de esos acontecimientos nació Slack. La herramienta, que ha logrado enfrentarse a las grandes tecnológicas en una pequeña parcela, combina servicios de mensajería, salas de chat o integración de servicios de terceros (Dropbox, Google Drive, GitHub). Todo ello, para facilitar el flujo de trabajo, la comunicación y la organización dentro de la empresa.

Slack no es el primer software que intenta reducir la necesidad de empleo del correo electrónico en el entorno corporativo. Google, con el extinto Wave -funciones hoy en día integradas en Drive- el gigante de internet quiso popularizar un servicio colaborativo online. Fracasó y tuvo que mandarse a la papelera de reciclaje en 2012. Butterfield nació en 1973 en la bella ciudad canadiense Lund, donde pastan por el agua barcos veleros. Tan bucólica postal tenía que tener un hogar acorde a las circunstancias. Creció en una cabaña de madera sin agua corriente. Autodidacta en el campo de la programación informática, pasó por la Escuela Universitaria de St. Michaels en Victoria, (Columbia Británica).

Entonces, se sacó algo de dinero mientras estudiaba diseñando páginas web. Curiosamente, la rama escogida no tiene mucho que ver en su actual trabajo, pero tal vez la filosofía, licenciado en 1996, le permitió disponer de una visión social más amplia. De hecho, tiene conocimientos sobre biología, ciencia cognitiva y comportamiento de la mente humana. Pero no fue hasta el año 2000 cuando cofundó Ludicorp en Vancouver con Caterina Fake (con la que tiene una hija, que nació en 2007) y Jason Classon. La empresa desarrolló inicialmente aquel juego de rol masivo multijugador Game Neverending antes de probar suerte con su siguiente iniciativa. En 2009, fundó una nueva empresa llamada Tiny Speck, de donde salió Glitch, que fue un fracaso rotundo.

Hasta llegar el año 2013 cuando se elaboró Slack. Desde el primer momento tuvo una gran acogida. En solo una semana, la primera en que estuvo abierta al público, ingresó 120.000 usuarios. Los siguientes meses fueron en esa línea, con datos de crecimiento semanal del 10%. Hoy en día la empresa está valorada en unos 3.800 millones de dólares. Fue nombrada la empresa del año 2015 por la revista «Inc». El mismo año, «The Wall Street Journal» eligió a Butterfield como el innovador tecnológico del año. en los últimos meses ha protagonizado, junto a otras figuras del sector como Bill Gates (Microsoft) o Mark Zuckerberg (Facebook), la defensa de una renta básica universal en EE.UU.