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Estos son los datos que Facebook tiene de tu vida y así los utiliza

Nombres, apellidos, familias, creencias religiosas o el tipo de cereales que consumes por la mañana. Todo esto, y mucho más, conoce de tus andanzas digitales Mark Zuckerberg

MADRIDActualizado:

Tras el escándalo de Cambridge Analytica, por el que la compañía habría utilizado los datos de 50 millones de personas para influir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos a favor de Donald Trump, muchos usuarios se plantean ahora qué es lo que le han contado a Facebook sobre su vida. Hasta ahora, poca gente se planteaba los peligros que entraña dar demasiada información en sus redes sociales y muchos menos sabían realmente qué datos manejaba la plataforma, que se alimenta de ellos para ofrecer publicidad «a la carta», segmentando los públicos en función de los deseos de las empresas anunciantes.

«Lo básico es un nombre de perfil, una foto y un correo electrónico, que es la información que te pide cualquier aplicación», explica Esteban Mucientes, experto en redes sociales. A partir de ahí, Facebook registra nuestras horas de conexión, las publicaciones, las relaciones que establecemos con otras personas, las herramientas que utilizamos (aquí entran los juegos y las aplicaciones que nos enseñan cómo seremos de ancianos o a qué actriz nos parecemos), los «me gusta» que damos o qué es lo que compartimos. Todo ese compendio de variables las utiliza su algoritmo para averiguar si nos gustan los todoterreno rojos, qué tipo de calzado usamos, si somos trasnochadores o nos gusta madrugar o qué marca de atún consumimos.

Lo básico es complejo y rico en datos

Pero, vayamos por partes. Lo primero, el perfil: nombre y apellidos son lo básico. ¿Qué pasa si me registro con un nombre falso? Pues que da un poco igual, ya que seguramente nuestros amigos o incluso nosotros mismos hayamos puesto en algún momento nuestro nombre verdadero en alguna publicación. También se queda con los «motes» y lo incluye en lo que cnoce de ti. Al repetirse varias veces, este algoritmo lo cataloga como «nombre alternativo», y así se acerca más a nuestra identidad real. En el mismo perfil podemos incluir un número de teléfono, cuestión que le da a Facebook aún más datos. Y si pensamos que WhatsApp, una de las aplicaciones más utilizadas en el mundo, pertenece a Facebook (igual que Instagram, por cierto), la ecuación resulta una solución rica en nuestros datos personales.

De hecho, la Agencia Española de Protección de Datos ha multado recientemente a Facebook por compartir datos entre una y otra plataforma. La alarma se activó cuando los usuarios se dieron cuenta que muchos de sus contactos de la aplicación de mensajería instantánea les aparecían como «personas que quizá conozcas». ¿Te suena?

La foto tampoco es un asunto baladí. Gracias al reconocimiento facial (muy de moda para desbloquear los móviles inteligentes), la red social de Mark Zuckerberg sabe cómo eres físicamente. O al menos tiene una idea muy cercana. De hecho, Facebook patentaba el pasado mes de noviembre un sistema por el que se «chivaría» de tus gustos en las tiendas a través de unas cámaras que informarían al dependiente de todo lo que has buscado o comprado para «personalizar la experiencia» al máximo.

Tus «me gusta» valen millones

Por otra parte, un inocente «me gusta» tiene detrás muchas más consecuencias de las que imaginas. Cada vez que interactúas con esta herramienta, el famoso algoritmo lo recoge y lo asimila dentro de su gran paquete de datos, que establecen si estás más interesado en páginas de venta de ropa o en webs que ofrecen horóscopos. También registra a qué tipo de fotos de tus amigos les regalas un «me encanta» o qué noticias «te enfurecen». Todo, metido en la coctelera de los algoritmos, «le dan un perfil que es bastante complejo y exacto de ti», explica Mucientes. Lo mismo ocurre cada vez que compartes una información: si eres de los que les gusta replicar noticias políticas, seguramente ya se imagine qué ideales tienes (extremo que ha sido confirmado, precisamente, en el escándalo de Cambridge Analytica).

El contenido que subes también es importante. Las fotos cuentan tus viajes, tus amigos en la vida real (las famosas «etiquetas» dan mucha información), qué comes (el algoritmo que reconoce las caras es el mismo que reconoce si se trata de una lasaña, una paella o un gato. Sí, también conoce a tu mascota), si subes la imagen desde un iPhone o si, por el contrario, tienes una cámara réflex. Detrás del documento hay una información, llamada «metadatos», que le dice la hora, el minuto y el segundo exacto en el que el flash se disparó, y probablemente también le informe con exactitud de en qué calle de, por ejemplo, Lisboa, fue tomada la instantánea.

Y, por supuesto, también lee tus comentarios. No es que haya una persona apuntando lo bien que te lo has pasado en la playa. Una vez más, aquí entra en juego el algoritmo «mágico»: gracias a «palabras clave» puede saber qué tipo de crema utilizas o si estás de acuerdo con la última protesta que ha habido en tu barrio. Aquí también entran también los famosos «hashtags», que ponen aún más fácil empaquetar tu información. Si no, prueba: por una palabra al azar en el buscador superior y pincha en “publicaciones”. ¿Sorprendido?

Los amigos de mis amigos son mis amigos

Esto es lo que piensa Facebook. El «botín» más jugoso está en las interacciones entre los usuarios de la red, muchos de los cuales tienen activo el permiso de que Facebook o aplicaciones a terceros puedan acceder a su información. Valga de ejemplo el caso del desarrollador Georges Abi-Heila, quien reclamó a esta red social toda la información que tenía sobre él (cualquier persona lo puede hacer desde aquí). Así, además de todos los datos anteriormente descritos, Abi-Heila se encontró con una lista formada por números de teléfono, direcciones físicas y de email de sus contactos, tanto actuales como pasados.

De hecho, el alcance del problema con Cambridge Analytica ha alcanzado a 50 millones de personas gracias a que la mayoría habían dado permiso a que estas aplicaciones a terceros accedieran también a la información de los contactos. Por ello, Zuckerberg ha anunciado que, aunque en la actualidad se puede evitar cambiando la configuración de la cuenta esta opción, creará un botón visible en la parte superior para gestionar este tipo de permisos.

Cómo utiliza tus datos Facebook

Toda esta información para las empresas es oro. Casi más que oro. «El comercio no trata sobre mercancías, trata sobre información. Las mercancías se sientan en el almacén hasta que la información las mueve», dijo la escritora estadounidense C. J. Cherryh. Y su paisano Zuckerberg ha tenido muy en cuenta esta máxima. Facebook es una gran base de datos que gracias a su plataforma publicitaria es una «perita en dulce» para cualquier empresario: da acceso a más de 2.000 millones de usuarios en todo el mundo, la mayoría constantemente conectados a través de sus smartphones.

Sin embargo, las compañías anunciantes no acceden directamente a la información, sino que eligen a qué tipo de perfiles quieren llegar para que el algoritmo (una vez más) envíe la publicidad a la persona adecuada. Eso en cuanto a los anuncios directos. Luego también están las páginas empresariales, que pueden «promocionarse» por un módico precio (si pensabas que la sugerencia de que le des a «me gusta» a una web de colines de pan era casualidad, estás muy equivocado). Por ello la decisión de Zuckerberg a principios de año fue que este tipo de publicaciones quedarían relegadas por detrás de los post de amigos a la hora de mostrarse en el «feed» de noticias creó tanta polémica.

También está la opción de acceder a través de Facebook a otras aplicaciones (cuando te piden que puedes introducir tu contraseña y usuario en vez de rellenar el tedioso perfil). En ese momento conectas ambas empresas y Facebook le otorga permisos (que tú has aprobado anteriormente) para que esa compañía acceda a cierta información de tu perfil. Imagina si, además, si le otorgas información sobre tus contactos y tus amigos no tienen quitada esa «pestaña» en su privacidad.

No todo es negativo

Pero no todo es malo. Gracias a este método, cualquier empresa puede anunciar sus productos en Facebook de manera “gratuita”, ya que para abrir una página, del tipo que sea, no hay que pagar dinero. «Democratizó la publicidad y muchos pequeños negocios se dieron a conocer por este sistema», afirma Mucientes. Todas estas páginas reflejan el tráfico casi al minuto, por lo que se tiene información constante de lo interesados que pueden estar los usuarios en tu producto (más allá de los comentarios o mensajes directos que también pueden recibir de los potenciales clientes, estableciendo un medio de contacto sencillo e instantáneo). ¿Quién no conoce la página de la frutería ecológica cercana o de una tienda de ropa pequeña del centro? Así que, después de conocer todos estos datos, ¿te querrías pasar por los términos de privacidad de Facebook?