Los perros callejeros que se presentaron en el funeral de la mujer que les cuidaba

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Quien diga que los perros no son capaces de experimentar y comprender sentimientos, quien piense que las emociones son patrimonio exclusivo de los seres humanos... es que nunca ha trabado amistad con uno de estos animales, ni ha podido conocer de cerca a ninguno. Porque cada poco tiempo os contamos en esta sección alguna historia que demuestra la lealtad y el amor que son capaces de sentir. Algunos arriesgan su vida para salvar a sus dueños, otros lo hacen para ayudar a compañeros de su misma especie. El que hoy te traemos es un relato que habla de gratitud.

Un suceso que hemos conocido leyendo el blog «Life With Dogs». Allí se cuenta cómo Margarita Suárez, una mujer de Mérida (México), se dedicó durante gran parte de su vida a alimentar perros y gatos callejeros que vagabundeaban cerca de su domicilio. No tenía espacio ni recursos para adoptarlos, pero no había día en que no rescatase de su despensa alguna sobra que compartir con sus amigos de cuatro patas. Poco a poco, los animales se acostumbraron a esperar pacientemente a su puerta para obtener sus raciones de alimentos y cariño.

Desgraciadamente, la salud de Margarita empeoró considerablemente a comienzos de este mes; aunque ni siquiera eso hizo que dejase de preocuparse por sus particulares compañeros. Siguió ofreciéndoles comida prácticamente hasta su último día de vida. Conociendo esta generosidad, es mucho más sencillo comprender lo que ocurrió el pasado 15 de marzo, día en que se celebró el funeral de la señora Suárez. A la ceremonia asistieron familiares, vecinos y amigos. Y por supuesto, en alguna de las tres categorías, al menos en las dos últimas, están incluidos sus perros.

Nadie les invitó, nadie les guió hacia el lugar donde los seres queridos de Margarita se reunían para darle un último adiós. Patricia, hija de la fallecida, cuenta que fueron apareciendo solos, con gesto triste y actitud respetuosa; incluso siendo sociables con quienes se acercaron a ellos. La gente pensó que podían ser propiedad de alguno de los trabajadores de la funeraria, pero ellos mismos confirmaron que no los habían visto nunca antes. Eran los perros callejeros de la difunta, que parecían querer despedirse de ella del mismo modo que el resto.

De hecho, cuando los restos de Margarita Suárez fueron trasladados a la iglesia, un grupo de perros siguió al coche fúnebre. Después de esperar a las puertas del edificio, escoltaron de nuevo al automóvil hasta el tanatorio; y sólo se fueron por donde habían venido cuando el cuerpo estuvo listo para ser incinerado. Para los familiares de esta mujer mexicana fue reconfortante comprobar que el amor que ella sentía por los animales era correspondido. Este precioso homenaje de despedida, por cierto, nos ha recordado la historia de Capitán, un perro que lleva más de siete años vigilando la tumba de su dueño.