La riqueza forestal de la Sierra de Segura la convirtió en una selecta provincia marítima
La riqueza forestal de la Sierra de Segura la convirtió en una selecta provincia marítima - www.sierrasdecazorlaseguraylasvillas.es

El día que Jaén fue una provincia marítima

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Cuando se habla de provincias marítimas, la lógica obliga a pensar en territorios situados en el litoral. Eso fue lo que ocurrió en España en 1607, cuando el rey Felipe III creó esta figura. Y es lo que sucede en la actualidad, cuando el país cuenta con una treintena de estas provincias.

Sin embargo, esto no siempre fue así, porque, en nombre del progreso, la política llegó a crear una provincia marítima en medio de Jaén, una zona de Andalucía en la que el mar -a no ser que sea de olivos- brilla por su ausencia. Ocurrió, según desvela el blog «Política y otras cosas», en pleno siglo XVIII, cuando Fernando VI decidió que la Sierra de Segura, un hermoso enclave situado en el extremo noreste de la provincia y actualmente dentro del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, pasaría a formar parte de ese selecto grupo de territorios calificados como marítimos.

El origen de esta decisión se encuentra en el interés del monarca por impulsar el desarrollo de la Marina. Aumentar el potencial naval del país pasaba por fomentar la construcción naval. La riqueza forestal de aquellas tierras jienenses y su ubicación junto al nacimiento del Guadalquivir, que permitía transportar los troncos sin dificultad, garantizaban un suministro de materia prima constante y de gran calidad.

De hecho, el Guadalquivir se convirtió en un auténtico camino fluvial en el que los troncos flotaban desde su cabecera hasta el puente de Triana, en Sevilla, donde eran recogidos y transportados por carretera hasta los arsenales de Cádiz.

Pronto, aquella explotación maderera y su transporte fluvial comenzó a ser conocida como «las maderadas» y para mejorar su gestión, en 1748, Fernando VI promulgó unas Ordenanzas Generales de Montes. Esta norma creó unas nuevas demarcaciones administrativas y territoriales, que fueron consideradas como provincias marítimas, aunque no estuvieran situadas en el litoral. Una de ellas, constituida en 1751, fue la denominada «Provincia Marítima de Segura». Con jurisdicción sobre 900.000 habitantes, contaba con cinco subdelegaciones en las localidades de Segura, Cazorla, Villanueva, Santisteban y Alcaraz.

Aquella decisión cambió la vida de las poblaciones jienneses ubicadas en la Sierra de Segura de Jaén. El transporte maderero llevó un desconocido progreso a la región. La agricultura dio paso a otros oficios ligados a la nueva actividad económica, como las de los gancheros, que eran las personas encargadas de conducir aquellas «maderadas», formadas por miles de troncos, a lo largo de Guadalquivir.

A medida que todos los troncos iban llegando a Sevilla, la nueva provincia marítima jienense ganaba importancia. Sin embargo, el precio pagado por aquel progreso fue demasiado alto. Los montes de la Sierra de Segura fueron terriblemente esquilmados por la tala intensiva de su madera. Visto con los ojos de hoy, el resultado fue un auténtico desastre ecológico.

El problema es que aquella explotación con fines navales fue solo el principio. Cuando la Marina dejó de necesitar su madera, la Provincia Marítima de Segura despareció. Las maderadas, en cambio, continuaron hasta bien avanzado el siglo XX.

El culpable, una vez más, volvió a ser el progreso. En 1942, Renfe creó una división de Explotaciones Forestales con el objetivo de garantizar el suministro continuo de traviesas a la nueva red ferroviaria española. Gran parte de esas traviesas salieron de los Montes de la Sierra de Segura. La explotación cesó a partir de 1953, cuando se comenzó a sustituir las traviesas de madera por las de hormigón.

Después de tres siglos de expolio, queda claro que el precio pagado por la Sierra de Segura de Jaén para ser considerada una provincia marítima resultó ser demasiado alto.