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Apple o Samsung: cuando el móvil es tu espía

Día 20/06/2013 - 21.10h
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Datos de una persona, su domicilio, su DNI o incluso sus movimientos son fáciles de rastrear. Las operadoras de telefonía o los fabricantes de terminales disponen de exhaustiva información sobre nosotros. ¿Pueden utilizarla?

Bajo el paraguas de la seguridad nacional, el Gobierno de EE.UU. tuvo vía libre para acceder a las cuentas de millones de usuarios de todo el mundo. Justificado como una labor preventiva, el escándalo de espionaje ha reabierto el debate sobre la protección de datos. Este caso recibe su legitimidad de la no menos controvertida ley estadounidense FISA (Foreign Intelligence Surveillance Act), que permite espiar sin orden judicial.

La Agencia Nacional de Seguridad (NSA, siglas en inglés) de EE.UU. recoge a diario registros de llamadas telefónicas de millones de clientes de la operadora de telefonía Verizon, en virtud de una orden judicial secreta. Este hecho, ha demostrado, por primera vez, que bajo la Administración del presidente Barack Obama, se han efectuado registros de comunicaciones de millones de ciudadanos norteamericanos de manera indiscriminada y sin tener en cuenta si los autores de las llamadas han cometido algún delito. Tras este escándalo, Obama ha asegurado que desclasificará parte del programa Prism que emplean sus servicios de inteligencia, con el objetivo de mejorar su transparencia y tranquilizar a la población.

Con la ley en la mano, la regla general en en España consiste en que nos soliciten permiso para tratar nuestros datos. Según la Ley Orgánica de Protección de Datos, es una acción legítima la grabación de una conversación siempre que sea para proteger un derecho personal (artículo 7), como a modo de prueba durante un proceso judicial. El operador telefónico podría saber dónde se encuentra un abonado en relación al área cubierta por una antena de telefonía, un abonado con nombres y apellidos, dirección, número de DNI y la cuenta de correo. Sería un dato que no se podría facilitar a nadie salvo que el propio abonado mostrara su consentimiento. La única excepción sería por un servicio de atención de llamadas de emergencia.

Operadores de telefonía, compañías tecnológicas y servicios en internet se han convertido en un contenedor de información extremadamente detallada de muchas personas, cuyos hábitos en los últimos años han cambiado de manera considerable y no son conscientes del striptease digital que pueden sufrir. Tranquilos o no, lo cierto es que los ciudadanos están en constante exposición de datos sensibles que, si lo pensarán unos instantes, desearían jugar al juego del avestruz y enterrar la cabeza.

«Microsoft y Apple saben mucho, pero Google lo sabe absolutamente todo. Las operadoras [telefónicas] saben infinitamente menos; la operadora puede saber una dirección IP determinada, pero se puede saber mediante la intervención de un juez, pero es una información menos sensible», explica para este diario Alejandro Suárez, empresario y autor del libro «Desnudando a Google». La operadora es capaz de «saber» el momento en el que se conecta un abonado, pero no va «guardando nuestro historial de hábitos» a diferencia de una red social como Facebook, que cuenta con más de 1.100 millones de usuarios en todo el mundo.

Los expertos cuestionan el programa de vigilancia al considerar que se podría ir más allá de la mera consulta de datos para prevenir delitos. «¿Quién me garantiza que solo lo van a mirar temas de terrorismo? ¿Hasta qué punto que esa información se está utilizando para la vigilancia de terrorismo y no para buscar algo relevante de temas públicos?», se pregunta.

La seguridad nacional ha prevalecido sobre la privacidad de datos en este controvertido proyecto. A muchos usuarios no le importaría verse espiados porque, total, no tienen nada que ocultar. Tal y cómo está constituido en nuestro país, la privacidad es un derecho fundamental. ¿Somos conscientes de lo que compartimos sin tener conocimiento de ello? «El mero hecho de llevar un dispositivo ya deja un rastro, que como mínimo es la ubicación geográfica», expresa Víctor Salgado, abogado especialista en privacidad en internet del bufete Pintos&Salgado.

A través del sistema operativo Android, que se encuentra en dispositivos como Samsung o HTC, el gigante de internet Google es capaz de recopilar una ingente cantidad de datos de un determinado usuario, en tiempo real, en cualquier lugar. «Tenemos que ser conscientes que estos servicios tienen problemas de seguridad y estas compañías se someten a una legislación distinta de la nuestra, que es menos protectora de la privacidad. Estas se ubican en EE.UU. donde no tienen la privacidad regulada, por tanto, los abusos pueden ser importantes», señala. «No hay una protección de un derecho fundamental como es la privacidad con la misma solidez que la tenemos en Europa. Allí [por EE.UU.] está subordinada a otros derechos, estaría un plano inferior como la seguridad nacional», reconoce este abogado.

Por ley, nuestros gobiernos obligan a las compañías a guardar el registro de las llamadas y también todos los servicios de internet, así como su actividad. «Que nos están escuchando, eso ocurre. Lo que nos puede preocupar, es qué usos se dan de esos datos», manifiesta Pablo Teijeira, director general de Sophos Iberia, consultora de seguridad en internet.

En su estrategia por distanciarse del Prism, las grandes compañías de internet han venido revelando los datos que fueron solicitados por el gobierno estadounidense y han tratado de demostrar que desconocían por completo este programa. «Las autoridades policiales -incluso en España- piden todos los días datos a las compañías telefónicas y a las redes sociales, pero si lo hace por medio de un juez, no me preocupa, el problema es que lo hagan sin pedírmelo», comenta. La pregunta es ¿«dónde está el límite?», «¿hasta dónde puede llegar la prevención? «Por prevención se pueden escuchar todas las llamadas y ver todos los mails, pero no es éticamente correcto», recalca.

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