La autopista más antigua del mundo
Imagen de Via Appia - ABC

La autopista más antigua del mundo

Con un recorrido de 540 kilómetros, la Vía Apia puede ser considerada la primera vía rápida de la historia

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Las autopistas son vías rápidas que cuentan con una calzada diferente para cada sentido de la circulación y en la actualidad forman las redes de comunicación terrestres más modernas de la mayoría de los países del mundo. La primera autopista del mundo contemporáneo se construyó en Italia, en 1921 y unía las ciudades de Milán y Varese.

Sin embargo, tal y como podemos leer en el blog «Culturizando», algunos historiadores sitúan el nacimiento de este tipo de vías más de dos milenios atrás. Concretamente en la Vía Apia, la calzada más importante del Imperio Romano. Esta vía, que recorría los 540 kilómetros que separaban la ciudad de Roma y el puerto de Brindisi, fue construida hacia el año 312 a.C. bajo el mandato de Apio Claudio como censor.

La calzada fue construida a base de piedra basáltica de forma poligonal y una acera de aproximadamente un metro de ancho la recorría por ambos lados. Gracias a sus aproximadamente ocho metros de anchura, la Vía Apia permitía el paso simultáneo de dos carros circulando en sentido contrario. Debido a la gran cantidad de personas que la transitaban a diario, a lo largo de su recorrido abundaban las «stationes», lugares para el cambio de caballos, y las «mansiones», establecimientos que equivaldrían las posadas.

Además, en sus márgenes era posible encontrar numerosos sepulcros, tumbas y otros monumentos funerarios, debido a la prohibición de realizar enterramientos dentro de las ciudades, así como cementerios paganos y los primeros camposantos paleocristianos. Tras la caída del Imperio, la Vía Apia cayó en desuso. A finales del siglo XVII, el papa Pío VI ordenó la restauración de uno de sus tramos, obras de conservación que también acometieron Napoleón o Mussolini.

En la actualidad, esta antigua autopista es la calzada romana más conocida y mejor conservada del mundo y ostenta el dudoso honor de haber sido el escenario en el que el famoso gladiador Espartaco y más de seis mil de sus seguidores fueron crucificados a lo largo del tramo que unía la capital del Imperio y Capua.