ANÁLISIS

La triple C del Huawei P10: continuista, competente y coherente

El nuevo dispositivo de la firma china, de inevitable parecido al iPhone 7 en su exterior, no se arriesga ni presenta grandes avances pero, en conjunto, funciona bien y sigue los pasos de sus predecesores en materia de doble cámara

La triple C del Huawei P10: continuista, competente y coherente

Huawei ha sido la gran beneficiada del cambio de rumbo que se ha producido en la industria de la telefonía móvil en los últimos años. Frente al duopolio representado por Samsung y Apple y el impulso de los fabricantes asiáticos, la firma china ha obtenido réditos económicos con una apuesta firme por el equilibrio y la competitividad. Llegó tarde a la batalla, es cierto, pero, ya consolidada, la marca china sigue exprimiendo la naranja como mejor sabe hacer.

Y fruto de ese esfuerzo queda representado por su nuevo dispositivo móvil, el Huawei P10, que es equilibrado y competente, y toma el relevo del anterior P9, pero añadiendo unas pequeñas mejoras. Hereda algunos componentes de propuestas anteriores de la marca china para consolidarse, definitivamente, en el rango de la gama alta. Estéticamente, sí es cierto, el terminal recuerda mucho a un iPhone 7. Es indudable su parecido, pero cuenta con una serie de detalles característicos como la doble cámara móvil perfectamente integrada en el chasis (por lo pronto, no sobresale, pero a veces se acumula suciedad y manchas).

La fotografía es, sin duda, su gran apuesta. Vuelve a poner énfasis en algunos aspectos creativos que, en su uso, no están mal. La aplicación de cámara saca buen provecho de sus potencialidades al ofrecer una serie de modos y opciones que intentan acercarse a las funciones propias de una cámara profesional tales como la sensibilidad o el enfoque. La configuración técnica apuesta por la misma idea, alejándose de otros modelos existentes que ya han recurrido a instalar dos cámaras a su parte trasera.

Cuando se activan ambas cámaras se pueden usar los efectos de profundidad. Se ha logrado un buen rendimiento gracias al mejorado software implementado, permitiendo así jugar con los planos porque, tras captar doscientos puntos diferentes del rostro, el propio sistema establece un resultado de mejor calidad. Una vez tomada la imagen, por ejemplo, se puede decidir dónde va a parar el foco o re-enfocar la imagen. Es decir, a posteriori, con sendos toques en la pantalla.

El modo de retrato luce tremendamente bien, aunque su uso difiere del implementado por Apple en su iPhone 7 Plus, y el resultado obtenido por el P10 es menos práctico, peor conseguido, mucho menos espectacular y, por supuesto, algo artificial. El modo «pro», escondido por defecto pero fácil de invocarlo con dos sencillos gestos, permite jugar con los distintos parámetros de la fotografía (sensibilidad, obturación, diafragma…), pero es posible que el usuario medio desconozca cómo sacarle partido.

En lugar de contar con un gran angular o utilizar una lente para la profundidad de campo o el zoom, el P10 sigue la estela de su predecesor. Esto es, una cámara «normal» con sensor RGB de 12 megapíxeles que se comporta bastante bien y una secundaria monocromática de 20 megapíxeles orientado a captar imágenes en blanco y negro en donde los contrastes y los enfoques son sus grandes apuestas. Aunque su resultado es excepcional dudo si de verdad se utiliza de forma constante en el día a día de un usuario medio, pero la opción está ahí. La apertura focal, F2.2 contribuye a obtener esa luminancia exigida.

En conjunto, las imágenes captadas son de buena calidad, sobre todo en ambiente de exteriores, pero no se comporta tan bien como debería en condiciones de baja luminosidad, uno de sus puntos flacos y la gran prueba de fuego en el campo de la fotografía móvil. El dispositivo, además, ofrece una cámara frontal pensada para la realización de videollamadas y toma de «selfies» -autofotos- y que crece hasta los 8 megapíxeles (y apertura de F1.9).

A nivel estético, son pocas las pegas que se le pueden sacar a este ligero dispositivo que se puede transportar fácilmente pero que camina sobre seguro y sin riesgos adicionales. En este terminal se elimina de la ecuación el factor diferenciador por lo que puede que más de uno piense que es «más de lo mismo» por su diseño poco vanguardista. Ya se sabe lo que ocurre a veces con los virajes. De bordes redondeados y chasis metálico, está construido con elegancia, aunque a veces da la sensación de fragilidad.

Ese refinamiento se observa en la mayoría de detalles, incluso en su ergonomía, muy cómoda y manejable en la versión de 5.1 pulgadas de pantalla (el modelo Plus viene con 5.5 pulgadas). Su resolución, de 1.920 x 1.080 p. (Full HD), es capaz de generar imágenes de gran calidad. Ofrece una buena reproducción del color a pesar de no dar un salto, aunque si bien es cierto que en caso contrario podría contribuir con ello al excesivo consumo energético. La pantalla encendida de los móviles suele consumir hasta el 80% del total de la batería, así que cuando menos recusos necesite se puede lograr extender la autonomía.

En general y pese a no arriesgar, el panel obtiene un brillo suficiente, unos contrastes óptimos y un nivel detalle muy conseguido, además de reducir el impacto directo de los rayos para que no afecten totalmente a la visualización. Hay que tener en cuenta que se trata de paneles Super Amoled, muy brillantes y que ofrecen colores intensos. Y el resultado, en verdad, es espectacular y pese al tamaño no tiene que envidiarle en otros aspectos a determinadas propuestas recientes tal vez más innovadoras y arriesgadas.

Pero a nivel técnico, pocas pegas, la verdad. El chip de fabricación propia, Kirin 960, permite que el terminal funcione de manera fluida y visceral, apoyados por unos 4 GB de memoria RAM que le confiere, en conjunto, un alto rendimiento y que, salvo excepciones, puede satisfacer a los usuarios más exigentes. Estas prestaciones técnicas contribuyen a que pueda hacer frente a cualquier tarea fácilmente sin parpadeos ni las sufridas congelaciones.

Un detalle a tener en cuenta, sin embargo, es su memoria, de 64 GB de almacenamiento, algo escasas para un terminal de alta gama que cuesta unos 649 euros, pero se soluciona con una tarjeta microSD para ampliarla. La batería, con una densidad de 3.200 miliamperios por hora, cumple perfectamente en un uso moderado, completando una jornada sin despeinarse. Dispone, como es de esperar en un terminal «premium», de sistema de carga rápida, pero se echa en falta más autonomía. Funciona bajo el sistema operativo Android en su versión 7.0 Nougat, aunque dispone de una serie de funciones propias de la marca china. Huawei insiste en añadir una capa de personalización, EMUI 5.1, que añade algunas funciones propias como la posibilidad de dividir la pantalla en dos pero que, en ocasiones, resulta menos intuitivo que el sistema operativo digamos «limpio».

Si en los anteriores terminales de la marca el sensor de huella dactilar se ubicaba en la parte trasera, en esta ocasión se ha decidido trasladar a la parte delantera. Aunque ciertos fabricantes han decidido agrandar la pantalla, obligando con ello a hacer ciertas concesiones como la eliminación de botones físicos, Huawei en este caso ha hecho el camino inverso. Puede que situar el sensor biométrico en la parte delantera sea un signo del pasado, pero resulta más cómodo para activarlo. Y, además de funcionar de manera muy rápida, ese mismo botón interactúa de varias formas según los toques que se le dé porque ejerce prácticamente de panel táctil al uso.

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