Por qué nos volvemos locos cada vez que se cae WhatsApp

La aplicación de mensajería ya tiene sus añitos y afortunadamente ha dejado de sufrir fallos de conexión como en sus primeros años, pero cada nueva interrupción los usuarios pierden los nervios

MADRIDActualizado:

WhatsApp ya no es aquella aplicación que empezaba a gatear en 2009. Entonces, vivía inmersa en dinámicas propias de las «startups». Todo ilusión y bajo el yugo de las pruebas, ensayos y errores. Se le perdonaba todo, incluso que se cayera cada cierto tiempo. Los usuarios, los pocos que tenía, lo asumían, y punto. La «app» creció y creció hasta romper todos los récords. Y bajo los fuegos de artificio de Facebook se ha colocado como un servicio digital necesario y de un uso permanente para las comunicaciones.

Una de las grande obsesiones de las empresas tecnológicas es apretar fuerte sus servidores para que no sufran colapsos ni interrupciones de los servicios disponibles. Es muy importante mantenerlo activo, y para ello se requiere de una infraestructura técnica robusta. La multinacional norteamericana la tiene, pero en ocasiones se da el caso que sufre problemas de conexión. No están del todo claras las razones de la última caída, pero es posible que la aplicación haya estado probando futuras funciones.

Todo ello nos lleva a hacer una pequeña reflexión acerca del impacto social detrás de cada fallo de WhatsApp. Cuando se produce sus usuarios ponen el grito en el cielo y acuden, muchos de ellos, por regla general, a otros servicios y redes sociales a mostrar activamente su queja o colocar un mensaje que, por qué no, sirve de experiencia a otros que también están pasando por lo mismo.

Es la forma más directa de comunicarnos

A la misma velocidad que WhatsApp se iba haciendo grande decaía el uso de los tradicionales mensajes de texto, los SMS, ahora destinados a campañas de publicidad y comunicaciones oficiales de empresas y servicios públicos. Con el lema de mensajes ilimitados y gratuitos ha conquistado a 1.200 millones de usuarios en todo el mundo y es, de largo, la aplicación más extendida y utilizada en mercados como el español, en donde el Eurobarómetro coloca a España en el primer puesto de toda Europa.

Ha cautivado, ha enganchado, ha seducido y ha atrapado a los usuarios a estar continuamente formando parte de la comunidad. Con los grupos, además, las conversaciones grupales y colectivas han modificado hábitos sociales y han introducido una nueva forma de interrelación. Esos códigos conversacionales ha llevado a que los usuarios estén, en efecto, pendientes de los mensajes que se recibe. Teniendo en cuenta que se estima en algunos estudios que los propietarios de un teléfono conectado lo revisa más de 150 veces al día, lo lógico es que, WhatsApp, como la aplicación más utilizada, también se lleve gran parte de esa revisión.

Vivimos en una burbuja digital

Pero también hay que reconocer que la línea que separa la vida digital de la offline es cada vez más difusa. Los patrones de conducta que se dan en un entorno real han querido trasladarse al universo de las redes sociales. Y por eso se da el caso que cuando un contacto elimina a otro en Facebook pueden saltar chispas.

Se confunden conceptos como el amor o la amistad y, asumámoslo de una vez, las disputas, confrontaciones y discusiones en los servicios digitales se pueden magnificar e irse de madre. En otro escenario, viéndose la cara, es muy posible que la reacción sea distinta y la forma de resolver ese conflicto sea otra. Además, le damos, en verdad, mucha más importancia a que se produzca un episodio de desconexión, que tiene más de molestia temporal que de otra cosa. No ha sido el fin de los tiempos. El problema es que conforme WhatsApp se ha hecho más popular se ha constituido como una herramienta de comunicación también para las empresas y hasta para los medios de comunicación, con lo que quedarse inactivo puede provocar el caos.

Según un estudio de la empresa de tecnología Adglo, especializada en el sector, solo en España, el 86% de los internautas españoles de 16 a 65 años utilizan estas plataformas de mensajería, un incremento del 5 por ciento respecto a 2016. Las plataformas con mayor número de visitas son Facebook (91%), WhatsApp (89%), YouTube (71%), Twitter (50%) e Instagram (45%), y el móvil es el dispositivo de acceso preferido a estas redes con la finalidad de chatear y enviar mensajes, ver vídeos y escuchar música o ver qué hacen los contactos. Aunque Facebook sea la red más usada por los españoles, no es la más valorada por usuarios encuestados: con un 7,4 de nota media, ocupa la octava posición de una clasificación liderada por Whatsapp (con un 8,3 sobre 10), Youtube (8,1) y Spotify (8).

Cambiar las costumbres es complicado

Es curioso que cuando WhatsApp se cae otros servicios como Twitter o Facebook se llena de comentarios al respecto. También se produce un efecto trasvase hacia otros servicios similares, que por un momento ven engrosadas sus cuentas. Telegram, por ejemplo, ha vivido picos de audiencias cuando se ha producido una avería en WhatsApp.

Sin embargo, cabe destacar que si algo ha demostrado la tecnología a lo largo de la historia es que no siempre los servicios y productos más sofisticado o mejores han sido los que se han llevado el gato al agua. Ya ha mejorado bastante con el tiempo pero WhatsApp, hasta hace un año, era considerado inferior técnicamente e inseguro en comparación con otros rivales. Aún con todo, los usuarios utilizan por costumbre las plataformas en las que están sus amigos y familiares, así que por mucho que se esfuercen otras compañías en vender sus virtudes si no tiene presencia de «los míos» está muerto.

Existen, en efecto, numerosas alternativas. Line, por ejemplo, intentó hacerse un hueco en España hace un par de años, pero la cosa no acabó del todo bien. En otros mercados como el asiático tiene mucha fuerza y es cierto que ha logrado hacer popular algunas funciones como el envío de «stickers», pero no goza del éxito que le gustaría en este país. Tampoco WeChat, una de las aplicaciones más extendidas del mundo porque ha simplificado la vida a los chinos, la gran potencia de los ojos rasgados. O iMessage, aunque se utiliza solo entre dispositivos iOS. Y si no siempre queda volver al SMS o, por qué no, el correo electrónico. Una cosa está clara... volverá a pasar.