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Luis Iván Cuende, el «nini» de 18 años reconvertido a empresario de éxito

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Hace poco más de un año que ABC se puso en contacto con Luis Iván Cuende, un adolescente de entonces 17 años que destacaba y sigue destacando por su talento para la innovación y su olfato para los buenos proyectos. Meses después, el joven demuestra que continúa siendo un valor en alza y lo hace a través del que es su primer y —auguramos— no su último libro: «Tengo 18 años y ni estudio ni trabajo: ¡Monto empresas y vivo haciendo lo que me gusta!» (Gestión 2000).

Aunque puede que el contundente título del libro impacte a todo aquel que nada sabe de Luis Iván, huelga decir que la decisión de este joven de abandonar los estudios nada tiene que ver con una escasa valía para los mismos. Precoz emprendedor, fue elegido mejor «hacker» europeo menor de 18 años y tiene del todo claro que el éxito depende de uno mismo y no de lo que le enseñen en el instituto. A pesar de su juventud, que no le hace tener las ideas menos claras, Luis Iván no duda en criticar sin ningún tapujo el actual sistema educativo español que, a su parecer, es una losa para la creatividad y la ilusión y de la que él, dice, ha escapado de forma voluntaria.

— Comenzaste desde bien temprano a involucrarte en proyectos tecnológicos, ¿cómo descubriste qué era eso del software libre?

Fue a los 12 años, a través de un CD que me trajo mi padre a casa de un sistema operativo libre. Me puse a leer sobre la filosofía del software libre y me gustó tanto su componente social y curioso que cada día me levantaba con ganas de aprender más sobre ello.

— En tu libro criticas duramente nuestro sistema educativo, ¿tan mal crees que se han hecho las cosas?

El sistema actual es la dictadura en las aulas, sobre todo por el hecho de que el profesor se sitúe por encima de los alumnos y la dinámica de la clase sea tan pasiva. La figura del profesor ya no sirve de nada y debería cambiarse hacia una figura más cercana al tutor que ofrezca asistencia a los alumnos, pero que no lidere su formación.

— ¿Qué es, a tu parecer, lo peor de las clases?

Lo largas e insoportables que eran. Sobre todo en bachillerato, pasaba buena parte de las clases durmiendo. Era un mejor uso del tiempo que atender a algo que estaba en un libro, que no me servía para nada o que simplemente iba a olvidar el día después del examen.

— ¿En qué crees que debería cambiar el sistema?

Debería ser más individualista, en el sentido de otorgar a cada alumno una formación que responda a sus necesidades y que favorezca la equidad y no la igualdad. No somos todos iguales y cada uno tenemos nuestras pasiones.

— ¿Deberíamos fijarnos en algún modelo concreto?

Me gusta mucho lo que se dice de Dinamarca, Finlandia y Suecia. Hace tiempo hablaba con una sueca que me contaba que tenían hasta talleres de cocina y botánica. Yo, que me independicé a los 17, me di cuenta de que no tenía ni idea de vivir sólo. Hay muchas cosas que son sentido común, pero hay algunas otras que estaría bien potenciarlas en las aulas, sobre todo respecto a la economía, tanto a nivel personal como para entender cómo funciona el capitalismo.

— Seguro que mucha gente te ha recalcado que el no avanzar en tus estudios supondrá un gran freno en carrera...

Pero ¿Por qué iba a ser así? Yo sigo aprendiendo cada día y rodeándome de personas que me parecen 'cracks', sólo que no sigo la vía convencional. De hecho, creo que ahorro mucho tiempo aprendiendo lo que quiero y cuando lo necesito en lugar de pasarme horas y horas en clase.

— Hace un tiempo montaste una empresa con la que no obtuviste muy buenos resultados... ¿Qué has aprendido de ello?

Que no todo va bien siempre, que las personas te fallan si las conoces poco y que nunca hay que creérselo demasiado. Sin embargo, lo más importante es que no hay que parar a quejarse. Hay que seguir con más energía e intentar que afecte lo más mínimo.

— ¿Qué es lo que hace, en tu opinón, que un proyecto triunfe?

Que se junten varios 'cracks' en un mismo sitio con pizza, bebida energética y muy buen rollo. Y que cada uno tenga una pieza del gran puzzle que entre todos pretenden alcanzar, así como una visión clara y compartida.

— ¿Qué crees que ha aportado internet a la nueva forma de hacer negocios?

Pues que geeks como yo pueden meterse en el mundillo y crear cosas que pueden llegar a billones de personas en todo el mundo, casi sin tener recursos. Es lo primero que aprendí cuando comencé mi primer proyecto con sólo 50€.

— ¿Te dijeron alguna vez tus profesores que estabas perdiendo el tiempo al no hacer lo que te pedían?

Sí, mucha gente me ha dicho que perdía el tiempo y que lo primero en mi vida deberían ser los estudios.

— ¿Cómo ves al resto de personas de tu misma generación?

Creo que hay mucho talento. Tengo un grupillo de amigos en Madrid que son unos 'cracks'. De verdad, hay algunos que no entiendo cómo no se les da más importancia a nivel nacional. Y luego hay otro sector que está muy perdido y que, desgraciadamente, viendo la tasa de desempleo juvenil creo que son mayoría.

— ¿Comprenden tus padres que no quieras seguir estudiando?

Creo que ya lo iban teniendo claro, aunque mi madre siempre me insiste en que estudie. Sin embargo, si las decisiones están bien argumentadas, no hay nada de malo en hacer lo que uno quiera. De hecho, echo un poco de menos algo de discusión entre padres e hijos. A veces los padres no se dan cuenta de que la realidad ha cambiado desde hace unos años y están muy equivocados. Veo a padres de amigos que son bastante dictaroriales.

— ¿De qué personas has aprendido más hasta el momento?

Es una buena pregunta... De un par de amigos he aprendido bastantes cosas así como de algunas personalidades del sector, aunque, si te digo la verdad, siempre he sido bastante individualista, no sé si para bien o para mal. Intento aprender de todos un poco, pero manteniendo mi personalidad intacta.

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