ANÁLISIS

El fraude del «crowdfunding»

El caso de una maquinilla de afeitar láser, paralizada por la principal plataforma de micromecenazgo, reactiva el debate acerca de si es necesario reforzar las normativas

«Algún día nos encontraremos con un fraude gordo», creen los expertos

Detalle del supuesto prototipo de una maquinilla láser
Detalle del supuesto prototipo de una maquinilla láser - indiegogo

Innovador, sugerente. Era un ingenio asombroso. ¿Cómo no maravillarse de una maquinilla que corta vello mediante un láser? Lamentablemente, el producto nunca existió. Como este, muchos otros. La plataforma Kickstarter, encargada de promocionar proyectos que buscan microfinanciación, tuvo que paralizar una campaña al detectar que el producto del que se solicitaba apoyo no era real. ¿Un timo? ¿Un fraude?

El llamado «crowdfunding» ha permitido, no obstante, sacar adelante iniciativas que, de otra manera, tal vez no podrían haber escuchado el pistoletazo de salida. La financiación colectiva ha logrado hacer realidad productos como Peeble, uno de los pioneros en el campo de los relojes inteligentes que se anticipó a la moda. Cuando se dio a conocer, los responsables ansiaban alcanzar la cifra inicial de 100.000 dólares. Sorpresivamente, le cerró con una recaudación de diez millones. Ring Zero, un anillo inteligente, también logró conquistar a miles de mecenas. En España, la película «El Cosmonauta» rompió moldes al obtener unos cuatrocientos mil euros.

Lagunas y oscuridades

Pero en esta nueva forma de micromecenazgo tiene lagunas. Ciertos espacios oscuros dentro de la mina de oro. Éxitos eclipsados por falta de certificación. Productos inacabados. Entregas retrasadas. Falsas promesas. Una serie de consecuencias que enturbian las oportunidades. Logró recaudar 680.000 euros en la plataforma Lánzanos, pero el homenaje al mítico juego de rol «Heroquest» sigue sin dar señales de vida. A principios de agosto, los responsables comentaban que «ya queda menos» para hacer efectiva la entrega.

Además de generar controversia por la posible existencia de una vulnerabilidad de la propiedad intelectual de los creadores originales, los compradores se quejan de los continuos retrasos en los plazos de entrega. «La vida sigue igual», escribía en una entrada en su blog el autor de «El Guardián de los Arcanos». Otro juego de mesa, en este caso ambientado en el universo H.P. Lovecraft, fue protagonista de otro de los mayores fraudes que se conocen. Fue en 2013. Erik Chevalier, promotor de la campaña, recibió 120.000 dólares pero, transcurridos unos meses, se abandonó la iniciativa, aunque el autor fue condenado a devolver a los precompradores el dinero por la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos.

Se les «coló», dirían algunos. Pero el ejemplo de Be Maker! Kit revolvió los estómagos de los defensores de esta filosofía promulgada a través de internet y, sobre todo, de las 4.299 personas que pusieron dinero de sus bolsillos. Promocionada a través de Indiegogo, segunda plataforma de «crowdfunding» más importante a nivel global, la campaña describía una placa base pensada para sustituir a Arduino en el desarrollo informático. Ordenaba todos los componentes electrónicos bajo un precio muy inferior al realizado de una manera independiente. El kit de desarrollo nunca llegó a los compradores, que aún hoy solicitan el reembolso de la cantidad abonada.

El primer ejemplo citado, el de Skarp Laser Razor, vuelve a destapar algunos agujeros dentro de esta financiación colectiva. El proyecto, que hasta el momento del cierre registraba unos 4 millones de dólares -la meta se cifraba en 160.000 dólares-, mostraba en un video aparentemente sin alterar un revolucionario sistema que, de primeras, cautivó al público. Pese a su cierre, los responsables han decidido publicarlo en Indiegogo, en donde se pide unos 415.787 dólares. Precisamente, en esta última plataforma se dio pábulo a un timo: vender productos de fabricación china como un desarrollo propio; fue el caso de Wallet Drone, comercializado por Morrison Innovations, que «vendía» el drone más pequeño del mercado. Ni fue el primero ni era el único.

Para los expertos, técnicamente no se puede calificar de «fraude» dado que, al menos, en el caso de Kickstarter, ha podido frenarlo a tiempo. «Sí que hay casos, aunque más que de fraudes que generan diversas acciones por parte de las plataformas. En el caso de la afeitadora por láser es una financiación inhabilitada. ¿Por qué ocurre esto? La empresa no ha podido demostrar ante la comunidad que ese producto lo podían desarrollar con la tecnología suficiente», explica Valentí Acconcia, experto y consultor «crowdfunding» al diario ABC.

«Algún día nos encontraremos con un fraude gordo [...] puede existir porque lo ha habido en todos los sectores de la economía»Valentí Acconcia

La responsabilidad de la plataforma es muy importante. El crowdfunding se basa en la inteligencia colectiva y, cuantas más personas, resulta más difícil que se equivoquen y la confianza de la gente que da a conocer sus proyectos, la reputación online de quienes lo proporcionan, también influye. En España se ha inspirado en marcas como Verkami, Lánzanos o Goteo. «El fraude a nivel porcentual es muy bajo y muchos se frenan a tiempo. Lo que sí hay son atrasos», añade este experto, que cita el caso de Ouya, la consola basada en Android, no llegó a la fecha estipulada para su entrega.

«Algún día nos encontraremos con un fraude gordo», vaticina Acconcia sin ser alarmista. «El fraude puede existir porque lo ha habido en todos los sectores de la economía. Me parece muy iluso pensar que el crowdfunding es el sistema perfecto. Pero para ello, tiene que ser un fraude muy bien hecho, recurriendo a la suplantación de identidad y otras técnicas, aunque existen muchos cortafuegos para impedirlo».

Normativa española

Las plataformas aseguran tener mecanismos para evitar que el fraude se cuele entre sus campañas. La gran mayoría, como es el caso de Kickstarter, garantizan a los usuarios la devolución íntegra del dinero en caso de no cumplirse los plazos de entrega o si no se consigue su total desarrollo. Pero en muchas ocasiones los problemas se acumulan. Pese a no fomentar el «crowdfunding», el gobierno español aprobó en abril la Ley de Fomento de la Financiación Empresarial con la que se regula este tipo de prácticas económicas. La propia Asociación Española de Crowdfunding la calificó en su momento de «restrictiva».

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