La hora de los simuladores «lowcost»

Actualizado:

Cuando una persona piensa en simulación virtual, le vienen a la cabeza dos cosas: enormes -y carísimos- simuladores aeronáuticos y los recreativos en los que alguna vez ha jugado de pequeño. Sin embargo, existen aplicaciones muy diferentes, sobre todo enfocadas al aprendizaje de determinadas tareas en el mundo virtual para llevarlas a cabo de forma más segura en el mundo real. A esto se dedica Simumak, una empresa española que en marzo cumple diez años diseñando y fabricando simuladores de vehículos, ya sean coches convencionales, camiones, autobuses e incluso maquinaria de construcción.

El objetivo de esta compañía, que ya cuenta con 130 empleados entre España, Brasil y Chile, es que gracias a la formación con simuladores los usuarios lleguen a conducir uno de estos vehículos en la calle más seguros de sí mismos y más concienciados de los problemas que pueden surgir. Según sus datos, los simuladores ayudarían a reducir los accidentes de tráfico en un 30%, por lo que estos planes de formación para futuros conductores son la «auténtica revolución» en el mundo de la automoción, explica David Ropero, cofundador y director ejecutivo de la compañía.

Los simuladores se pueden fabricar a medida para la compañía que lo solicita, pero «lo más usual» es que Simumak adapte sus modelos genéricos para convertirlos en excavadoras, camiones o vehículos rígidos, según las necesidades. Los aparatos se mueven, suenan, vibran y se comportan exactamente igual que los originales, además de que su forma es idéntica. Ropero explica que en ocasiones «se trata de la cabina exacta de los vehículos adaptados al simulador», lo que le proporciona al usuario una sensación mucho más «envolvente y realista».

En su sede de Madrid, una plantilla de casi 80 trabajadores se dedica a diseñar estos planes formativos, la estructura funcional, desarrollar todo el software, el hardware e incluso dispositivos propios para los simuladores, como las plataformas de movimiento, que han llegado a patentar por su enorme innovación en un sector aún muy desconocido.

«Las herramientas de simulación nos convierten en dioses capaces de diseñar un mundo a nuestro antojo y practicar todas las veces que queramos situaciones límite que ayuden al conductor a saber reaccionar en caso de un problema», explica Ropero. Su último acuerdo lo firmaron con Fremap, la mutua que gestiona los accidentes laborales. Su objetivo común es reducir los accidentes de tráfico que se producen «in itinere», es decir, de casa al trabajo o del trabajo a casa, que «son los más comunes en España», según Simumak.

Autoescuelas

Los simuladores proyectan una serie de ejercicios para formar a los conductores en situaciones extremas. Por ejemplo, se obliga al usuario a leer un texto mientras conduce, a la vez que el programa introduce un evento como un atasco o un coche averiado. Así, los alumnos aprenden a reaccionar y, sobre todo, «se dan cuenta de que conduciendo no se puede leer un "mail"»", dice Ropero. Otros enseñan cómo es conducir con agua en la carretera o bajo los efectos del alcohol.

Hace pocos meses que Simumak está instalando simuladores en Gala, una de las redes de autoescuelas más grandes del país, con 38 centros de formación en la Comunidad de Madrid, con «muchísimo éxito entre los alumnos, que incluso se encuentran con lista de espera para apuntarse a estas clases virtuales», declaran desde Gala. El problema para implementar este sistema a nivel global, según el director de Simumak, es la mentalidad de la mayoría de las autoescuelas, que creen que, «si instalan simuladores van a perder dinero por impartir menos clases de coche». Por ello, Simumak ha inventado un sistema amoldado a las necesidades del cliente final: el pago por uso, con el fin de llegar cada vez a más usuarios.

Por su parte, David Morán, director técnico de la empresa, destaca que «el mayor reto tecnológico» para ellos fue comenzar a crear simuladores «lowcost», por lo que el segundo fundador de Simumak valora la labor del equipo de «artistas» que invierten muchas horas para crear «simuladores espectaculares a pesar de tener recursos técnicos limitados». Morán opina que disponer de un taller como el suyo es básico para ellos.

Aunque Simumak no tiene fábrica propia, Everist, la consultora que ha comprado parte de la compañía, ensambla los elementos en su planta de Segovia siguiendo las indicaciones que el equipo de ingenieros de Simumak le detalla. «El taller es fundamental porque no podemos fabricar a gran escala algo que no seamos capaces de prototipar», explica Morán.

Un equipo joven

La empresa cuenta con un equipo de una media de edad alrededor de 28 a 30 años. El director técnico explica que los inicios «no fueron nada fáciles» y que, como tuvieron que autofinanciarse, contrataron a mucha gente que acababa de terminar la carrera, compañeros de clase, becarios... e ingenieros provenientes sobre todo del sector del videojuego, un campo que ya de por sí está repleto de gente joven.

En cuanto a la facilidad de los ingenieros para trabajar en España, Morán opina que éste es un país «muy bueno» por su flexibilidad y competencia respecto a otros como Brasil. Simumak aterrizó en el gigante latinoamericano en 2009 con un proyecto impulsado por el Gobierno brasileño y con el que tuvieron que fabricar 4.000 simuladores. Allí se dieron cuenta de las dificultades de importación de piezas procedentes de Europa, China y Estados Unidos debido a la mentalidad del país por fomentar el consumo interno.

En un sector tan nuevo como este, el departamento de diseño es esencial. En este caso no solo deciden la parte estética de las piezas de los simuladores, sino que abarcan todo el concepto de los elementos. El director de diseño y tercer socio de la empresa, Ángel Pradel, explica que en su departamento deben decidir desde cero qué necesidades tiene la compañía, el cliente y, sobre todo, observar qué existe en el mercado, «si es que hay algo parecido».

Pradel, que se unió a la empresa en 2009, afirma que la simulación de bajo coste no es un mercado maduro por lo que su reto es «crear desde la nada». Su equipo no busca diferenciarse de la competencia, sino ideas nuevas «para convertir en un producto masivo algo que nunca ha existido». El director del departamento dice que no tiene miedo a que sus competidores les copien sus diseños. «Si que nos copien significa que vamos por delante de ellos, encantados de que lo hagan», dice.