Análisis

Crimen contra la humanidad

La guerra electrónica o «cyberwar» no es otra manifestación de la guerra convencional. La ciberguerra debe ser regulada por un tratado

Un periodista de Estambul observa un infrome sobre el ciberataque global
Un periodista de Estambul observa un infrome sobre el ciberataque global - EFE

El ciberataque ha demostrado que el camino de vuelta hacia la Edad Media es tan corto como el último centímetro de un cable de fibra. El viernes, en Telefónica, las instrucciones se difundían por medio de un megáfono. Hoy, nos damos cuenta, con mayor temor, de que el concepto de guerra electrónica no estaba en las agendas de casi nadie, que hay una auténtica falta de regulación internacional. Sin embargo, Europa ha sido un enorme laboratorio desde 2007 (Estonia) para la ciberguerra.

Esta se centra en la civilización. Los ataques electrónicos son sólo aparentemente incruentos, pero devastadores: paralización de las comunicaciones, la distribución de electricidad, la información financiera, servicios de emergencia, coordinación del espacio aéreo, transporte, sistemas de decisión públicos, las cadenas de producción de fábricas, incluso la operatividad y contenidos de ordenadores personales… En fin, la interrupción de las infraestructuras críticas y el caos.

El caso ucraniano fue un enorme escándalo del que nadie ha aprendido. Simpatizantes ucranianos de Hispalinux informaban de una verdadera cirugía social en ese país, bajo un ruidoso telón de ataques DDoS por medio de aparentes «hacktivistas» particulares. Actividad localizada de móviles, bancaria, informativa de los medios de la oposición... Y no es una versión generalizada. Para sociedades tan enormemente complejas con su actividad comunicativa, productiva, administrativa e incluso cultural digitalizada, la vulnerabilidad potencial de sus sistemas ante ciberataques es total.

La guerra electrónica o «cyberwar» no es otra manifestación de la guerra convencional. La ciberguerra debe ser regulada por un tratado. El terror electrónico ha anunciado su presencia para quedarse y es necesario que se defienda la inmunidad de la infraestructura civil electrónica. Y que estos crímenes se reconduzcan, sin dudas y sin complicadas interpretaciones, al Tribunal Penal Internacional.

comentarios