Un laboratorio en el campo de fútbol

Un laboratorio en el campo de fútbol

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Se dice que el fútbol es uno de los deportes más refractarios a la entrada de nuevas tecnologías. Mientras el tenis o el baloncesto disfrutan desde hace años de los beneficios del vídeo o el ‘ojo de halcón’ para dirimir jugadas complicadas, este tipo de iniciativas llegan con cuentagotas a un espectáculo cuyos regidores intentan mantenerlo lo más parecido posible a como era a finales del siglo XIX.

La F. A. International Board –formada por la FIFA y las cuatro asociaciones británicas de fútbol– es la asociación internacional encargada de cambiar las reglas de este juego. La última vez que las actualizó de forma significativa fue en 1997. El anterior gran cambio databa de 1938.

Pero aunque lo esencial del fútbol –veintidós jugadores, dos porterías, un balón y un árbitro casero– se mantiene, en todo lo demás está inmerso en una carrera por la innovación y la tecnología. Algo que, por otra parte, cabría esperar de un negocio multimillonario como este.

En paralelo al espectáculo, el fútbol es también un laboratorio de nuevos materiales, cámaras, programas estadísticos, inteligencia artificial o sistemas de monitorización que mejoran el rendimiento de cada jugador profesional, desde su primer entrenamiento hasta la final soñada. Muchas de estas empresas de base tecnológica han surgido, además, en España. Y, con frecuencia, viven dedicadas casi exclusivamente al fútbol. Para que luego digan que sólo es un circo.

La ropa

Las grandes multinacionales deportivas son las principales responsables de la I+D relacionada con el calzado futbolístico. Sin ir más lejos, Nike presentó el año pasado en la Oficina de Patentes de Estados Unidos 540 solicitudes de registro, la mitad de las cuales estaban relacionadas con el calzado. Desde nuevas suelas al tejido superficial, pasando incluso por los ojales por donde se pasan los cordones.

Para el Mundial de Brasil, la gran apuesta de la empresa de Oregon es La Magista, una bota fosforescente cuya peculiaridad es que llega por encima del tobillo. Según explicó Mark Parker, su CEO, «el corte medio permite que el pie, tobillo y parte baja de la pierna trabajen de forma conjunta como si fueran una sola unidad, una sola piel». Pero su principal rival, Adidas, no le va a la zaga, ya que hace meses presentaron la Primeknit FS, unas botas muy similares, con calcetín integrado, pero que aún no han llegado al mercado.

En cuanto a las camisetas, el tejido transpirante (que deja pasar el sudor) ha dado un paso más hacia materiales que sujetan, refrescan el músculo y mejoran el rendimiento. Un nuevo tejido, llamado ‘Artic Ease’ y creado por el ejército estadounidense, hará su debut este verano. No sólo en los cuarteles, sino también en los entrenamientos de la NFL. Permite crear una camiseta ultraligera que lleva un revestimiento interior reemplazable e impregnado con gel refrigerante. «Esto te aporta dos horas de enfriamiento», dice Reggie O’Hara, investigador en la base aérea de Wright-Patterson.

«Permite ir más rápido, durante más tiempo, sin fatiga. A los jugadores les gusta porque enfría y comprime». Ahora, los abogados del ejército ultiman un acuerdo con la empresa Russell Athletics para comercializar, no sólo esta camiseta, sino gorras o calcetines con la misma tecnología.

Y por último, los guantes del portero. Los del mexicano Guillermo ‘Memo’ Ochoa, uno de los héroes de Brasil 2014 hasta el momento, también requirieron «cerca de dos años de desarrollo» en las oficinas centrales de Nike en Oregón, según apuntaba hace unos días Joaquín Jiménez, jefe de relaciones públicas de la firma. La tecnología que rodea a estos guantes ayuda a Ochoa, dice Jiménez, a reducir el estrés en las manos, asegurándose de que siempre están en una posición curva para atrapar mejor el balón. Además, cuentan con ventilación en el dedo pulgar y en el dorso para mantener las manos frescas y ganar en facilidad de movimiento.

«Además de que están personalizados para Memo, esta tecnología le permite sentir de una mejor manera el balón, como si realmente lo tuviera en la yema de sus dedos. Al mismo tiempo, tiene varillas especiales que resisten impactos fuertes. Son requerimientos que él pide», apuntó Jiménez.

El césped

Aunque los terrenos donde se practica el fútbol profesional siguen apostando por el césped natural, en el otro 99% de los campos de fútbol, los de entrenamiento, categorías semiprofesionales o fútbol amateur, el césped artificial va imponiéndose. «En España tendrías que bajar hasta la 2ª división B para encontrarte campos de césped artificial», apunta Pablo Carande, arquitecto empleado por la Real Federación Española de Fútbol para instalar nuevos campos en la Ciudad del Fútbol de las Rozas, habitualmente destinados a las categorías inferiores de la selección. Frecuentes en las ligas de países como Rusia o Finlandia –donde incluso se llegó a disputar un Mundial sub-17 de la FIFA en césped artificial– este tipo de campos está, poco a poco, desplazando al clásico campo de tierra. En el caso de los jugadores jóvenes, el césped artificial garantiza «una mejor adaptación posterior al natural», dice Carande.

Empresas como la zaragozana Mondo disponen de una línea de I+D+i para MondoTurf, su línea de céspedes artificiales para fútbol o pádel. En este caso, hasta un 70% de los materiales empleados en su fabricación provienen del reciclaje.

Otro tipo de innovaciones tienen que ver con la biomecánica, donde se incorporan materiales que causan menos fricción o mejor recuperación tras la pisada, o con el añadido de aditivos para evitar el crecimiento de microorganismos o insectos.

Por último, algunos proyectos investigan aditivos retardantes –contra incendios– o incluso olores orgánicos para simular la sensación de jugar sobre césped natural.

El balón

Desde el Mundial de Uruguay en 1930, los balones de la Copa del Mundo han sido tradicionalmente cosidos a mano. Adidas, empresa que habitualmente suministra el balón para este tipo de competiciones, no empleó el sellado térmico hasta hace 10 años, con su balón Roteiro, empleado en la Eurocopa de Portugal 2004. Por tanto, el Mundial de Alemania fue el primero en emplear un balón del siglo XXI, el Adidas Teamgeist. Ya no eran paneles hexagonales y pentagonales sino segmentos cuidadosamente diseñados. Ya no estaba fabricado en cuero, sino de nuevos materiales que envolvían un núcleo de látex y poliuretano.

Por primera vez, los balones alcanzaron una esfericidad casi perfecta. Además, a diferencia de los antiguos, el agua (del césped o la lluvia) no hacía aumentar su peso sustancialmente, sólo en un 0,1%. El esférico empleado en el último mundial, el Jabulani, fue objeto de muchas críticas así que Adidas dedicó dos años y medio para desarrollar el Brazuca que ahora rueda en Brasil, al que denominan «el balón más testado del mundo».

600 jugadores de diez países participaron en las pruebas. Se emplearon desde túneles de viento a diferentes pruebas de resistencia o viabilidad, y el Brazuca se introdujo –camuflado– en varios partidos durante los meses de junio y julio del año pasado en Brasil, esto es, para someter al balón a las mismas condiciones que se encontraría en el Mundial, en diferentes escenarios de sol, viento, lluvia o campos embarrados.

Con respecto a su antecesor, del que se criticó, por ejemplo, su liviandad, el Brazuca pesa 437 gramos (la FIFA establece una horquilla de entre 420 y 445 gramos). Otra de las pruebas exige botar el balón al menos 2.000 veces sin que haya pérdida de presión, una cifra que el nuevo balón superó holgadamente, hasta los 3.500 botes.

TICs al servicio del rendimiento

Desde su base en Almería, la empresa de base tecnológica Realtrack Systems sirve a equipos como la UD Almería, el CSKA de Moscú o la selección de Letonia, pero también a diversos centros de investigación en el ámbito deportivo o instituciones universitarias.

«Trabajamos en varios mercados, el más importante para nosotros es el del alto rendimiento», explica Isabel Pérez, CEO de Realtrack Systems. «Monitorizamos la actividad física del deportista para poder analizar los datos, siempre con el objetivo de intentar mejorar, teniendo información suficiente como de la parte de trabajo táctico como fisiológico o cinemático», añade.

Para monitorizarlos, usan un dispositivo (denominado WIMU), que captura la información en tiempo real o diferido, y un software (llamado QÜIKO) que elabora un análisis profundo de esta información.

Ambos son un diseño íntegro de la citada empresa almeriense. «Sirve para cualquier disciplina deportiva con un requerimiento alto de prestaciones e información», aunque reconoce que el fútbol es el deporte que más demanda genera de sus productos en estos momentos.

Otra empresa española, la asturiana Join Sport, ha desarrollado, al más puro estilo Moneyball, un sistema de análisis de futbolistas basado en la inteligencia artificial que permite extraer conclusiones matemáticas sobre las causas del rendimiento de un jugador y predecir su respuesta ante unas condiciones dadas. Ofrecen un ‘software’ de gestión integral de clubes deportivos que funciona en la nube.