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Alquiler de superyates para unas vacaciones diferentes

Navegar es la última tendencia para divertirse, desconectar y reencontrase con uno mismo

Yate - Gtres
ActualizadoEugenia MirasEugenia Miras RedactoraSeguirLeer despuésCompartir

El yatching es la gran demanda actual del consumidor de experiencias en el mercado del lujo. Este plan estival se ha consolidado como uno de los referentes del lifestyle que inspira a la libertad, al culto al mar, al romanticismo y a la sensualidad, ésa que innata a la naturaleza del viaje, sí, por esa intimidad que implica perder de vista a la tierra.

Una estancia terapéutica

Pasar una temporada navegando, relajado y sin los horarios de actividades estipulados por los navíos, ayuda a evadirse y disfrutar del momento presente desde la espontaneidad y la improvisación.

Algunas empresas como Sailing Heals utilizan esta práctica para ayudar a los enfermos terminales. El deleite de los sentidos, a través de la navegación, es quizás el más potente de los analgésicos emocionales.

Yate de Andrei Melnichenko
Yate de Andrei Melnichenko - Gtres

Donde la tierra pone límites el mar amplía los horizontes, de esta manera el yatching funciona como un bálsamo reparador tanto para la mente como para el cuerpo. En esta actividad se celebra el wellnes, donde el mar y la libertad hacen que navegar sea una odisea a un mundo ideal donde la salud obtiene grandes beneficios.

Alquilar un yate permite vivir una aventura dirigida por uno mismo sobre el mar. En esa autonomía está el privilegio de detenerse en el instante y en el lugar que se desee.

La oportunidades de recreación son amplias, desde anclar en playas vírgenes, en pueblos costeros donde podemos empaparnos de nuevos olores, sabores y culturas. Durante la noche como ancorar en las grandes metrópolis durante la noche, con las luces parpadeantes de las ciudades que no duermen, para entregarnos a la música, saciar esa sed de ritmo y de la madrugada. Regresar al barco durante el amanecer para dejarse mecer por sus hipnóticos colores en el cielo reflejado en la serenidad del mar.

Alquilar, la gran opción

Según la Asociación Española de Grandes Yates, la AEGY, «la tendencia entre los superyates es aquilar no comprar». Los propietarios de este bien suelen rentarlos para amortizar los elevados costes de mantenimiento anuales.

Otra de las muchas de las razones por las que las empresas de yatching recomiendan alquilar, antes que comprar es la posibilidad de navegar en diferentes océanos, una libertad que no puede gozar siempre el propietario.

Lo ideal es poder disfrutar el recorrido en barco durante el tiempo que se desee sin ser esclavo de las preocupaciones relacionadas con la tripulación o el mantenimiento.

Consejos para una estancia feliz y segura

Siempre hay que tener en cuenta algunos aspectos antes de comprometerse con alguna empresa de alquiler. Se debe estar completamente seguro de que el agente brinde atención y servicio las 24 horas del día durante nuestra estancia en altamar.

Los mismos agentes deben hablar varios idiomas. Conocer en profundidad los yates y estar al tanto del perfil de los tripulantes, encargados de hacer nuestra estancia cómoda y única, y velar por la seguridad de los pasajeros.

El precio del alquiler por semana de un superyate cuesta entre 98.825 y 163.276 euros

Navegar, la fuente de inspiración

Realmente nunca fue necesario vender el alma al diablo para encontrar la musa, con las que se pondría en marcha nuestra imaginación, durante el proceso creativo. Escritores, artistas, músicos, pintores, cineastas y todos aquellos que necesiten encontrarse con el origen, para emanar todo su ser en su obra maestra, refugiarse en la inmesidad del mar es una de las mejores ideas.

Con esa libertad que promete navegar, se puede anclar allí donde la mirada se agite, donde el alma llore ante la belleza de los paisajes, que invitan a su exploración. Escribir frenéticamente frente a las emociones encontradas con el atardecer y contemplar las estrellas con el sutil balanceo del mar, todo pensado para renacer entre las aguas cristalinas y los horizontes anaranjados.

Navegar por cuenta propia descarta los límites, no hay líneas como en la tierra o en el cielo. Es en la mar donde se da ese estado de gracia que reconforta y engrandece el espíritu, un limbo que anestesia y cura el desamor para abrir el corazón a la vida.

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