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Greta Garbo, las inseguridades de una estrella de cine

La diva confiesa las causas de su insatisfacción vital en las cartas que subastará Sotheby's el 12 de diciembre en Londres

Una de las fotografías de la colección - Sotheby's
ActualizadoRaquel F-NovoaRaquel F-Novoa Redactor MultimediaSeguirLeer despuésCompartir

Greta Garbo parecía haberse evaporado en 1941. «La mujer que no reía» renunció a la vida pública, a su carrera cinematográfica, a su fama e incluso declinó el Oscar honorífico. A finales de 1980 un fan distinguió sus facciones en el rostro de una anciana. «¿Usted es Greta Garbo?», le pregunto. «Yo fui Greta Garbo», sentenció la diva.

La subasta tendrá lugar en Londres el 12 de diciembre y promete arrancar un velo a la intimidad de la enigmática actriz. En las 36 cartas y más de 100 fotografías podrán leerse algunas de las motivaciones que arrastraban el estado de ánimo de Garbo por la costa californiana. A través de su caligrafía, los mitómanos podrán entrever las razones que la llevaron retirarse en el cénit de su carrera con sólo 36 años. Es una de las colecciones más buscadas de la actriz, la casa de subastas estima que el martillo caerá cuando la cifra alcance los 22.810 euros.

El paso del tiempo, la nostalgia, la añoranza de su tierra, sus profundas inseguridades y una eterna insatisfacción vital son una constante en las cartas de la actriz a la Condesa de Wachtmeister, con la que intimó durante el verano de 1929. «Vivo en los recuerdos de Tistad», confiesa la diva en una de sus misivas.

La subasta incluye más de 100 fotos personales de la actriz
La subasta incluye más de 100 fotos personales de la actriz - Sotheby's

Temía que los cambio físicos que estaba experimentando representasen una barrera en su vida: «El tiempo deja sus huellas en nuestros pequeños rostros y cuerpos». Algunas de las cartas estaban garabateadas por las huellas de la tristeza y los ecos de la melancolía y no las firmaba con su nombre sino con una silueta de mujer.

Casi todos los textos fueron escritos en la década de 1930, en la que la actriz residía en un apartamento de Beverly Hills. Vivía en una ciudad que le resultaba hostil y era el centro de atención de un entorno del que se sentía ajena. Este sentimiento la llevaba a parecer arisca e introvertida. Huía de las personas y de los eventos sociales. Buscaba el aislamiento y lo encontraba: «Siempre estoy sola, hablando sola. Conduzco hasta la playa y doy paseos, y eso es siempre maravilloso. Pero eso es todo», se lamenta en uno de los fragmentos.

La actriz con la condesa de Wachtmeister
La actriz con la condesa de Wachtmeister - Sotheby's

En las cartas se leen los miedos de una mujer insegura, vulnerable, que no era capaz de confiar en sus capacidades pese al irrebatible éxito de sus interpretaciones en taquilla. Temía el fracaso de su personaje en «La reina Cristina de Suecia», uno de sus papeles más icónicos: «Todo salió mal. Estoy hecha a medias con Cristina y a medias la dejaré cuando esté terminada». La preocupaba cómo se acogería «Camille» en su tierra. También lamentó que «Ninotchka», hoy considerada una película de culto, «no fuese lo suficientemente buena». También expresaba su decepción tras el rodaje de «La mujer de las dos caras», su última película.

Su nombre cientos de veces impreso sobre el papel cuché, los rumores sobre su vida privada y el acoso de la prensa también la exasperaban: «encima de todas las tonterías, me están casando por 759 vez», lamentaba. «Querida señora Wallis, ahora sus días de silencio se han terminado. Será perseguida allá donde vaya. Espero que los fotógrafos la asusten tanto que deje a mi rey en paz», en esta incisiva acotación hacía referencia a la historia de amor entre Wallis Simpson y Eduardo VIII.

Uno de sus deseos más recurrentes era el de volver a su tierra, extrañaba «la lluvia y esa maravillosa melancolía». Paradójicamente, después de grabar «La mujer de las dos caras» en 1941, Garbo decidió exiliarse en un apartamento de Nueva York en vez de en su Suecia natal. Vivir en el complejo, eso sí, representaba un último acto de rebeldía ya que, tal y como confesó a una íntima amiga, en ese edificio «no querían actrices». Ninguna de las cartas están rubricadas por Garbo, la actriz se disfrazaba bajo un pseudónimo: «The Clown».

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