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Arzábal, taberneros del siglo XXI

Iván Morales y Álvaro Castellanos han conseguido llevar su marca al cielo gastronómico

Alvaro Castellano e Ivan Morales
Alvaro Castellano e Ivan Morales - Isabel Permuy
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Querer es poder. Ese podría ser el lema de Arzábal, el tándem madrileño con apariencia hipster que apostó un "todo o nada" por su marca. Hoy forma parte de la selecta élite gastronómica de nuestro país por su personalidad y estilo artesanal.

Álvaro Castellanos e Iván Morales se conocieron por casualidad. Ambos compartían un grupo de amigos "de buen comer", con el que cada lunes iban a inspeccionar nuevos restaurantes en busca de inspiración. Tras compartir muchas experiencias y algunas ideas de futuro, estos amigos, hoy familia, lo tuvieron claro. "Sin darnos casi cuenta, estábamos ante el notario firmando esta aventura", cuentan.

Taberna Arzábal en el Museo Reina Sofía
Taberna Arzábal en el Museo Reina Sofía - Isabel Permuy

En tan solo siete años han conseguido cumplir sus sueños y superar sus propias expectativas con humildad, constancia y sacrificio. Tanto, que han pasado de ser sus propios camareros y cocineros a unos empresarios de éxito a los que no hay proyecto que se les resista.

"Pese a la buena acogida que están teniendo nuestros espacios, nosotros no dejamos de trabajar. Nos apasiona dar un buen servicio y compartir con los clientes", confiesan los socios.

Sus tabernas Arzábal son un referente y sus tapas un clásico: las torrijas y croquetas, entre otras, marcan la diferencia y no faltan en ninguna de sus cartas. "No hemos inventado nada, pero sí hemos provocado que no se haga un restaurante sin barra en Madrid, donde haya música y se pueda tomar un copa. Eso antes no se hacía", reconoce Álvaro.

Y es que, pese a customizarse según el concepto del local, sus localesno pierden la esencia de que les hacen ser un punto de encuentro entre amigos y buenos momentos. "Donde estamos pasan cosas’, hay sorpresas. Como premisa tenemos que ser feliz y disfrutar siempre’ es lo primero. No se puede estar al 200% todo el día, pero la actitud con la que se afronte la vida es fundamental y si vienes a Arzábal sabes que vas a estar contento. Esa sensación es lo más gratificante y el motor para seguir creando experiencias", apostilla Iván.

Los inicios

En 2009 se ponía en marcha su proyecto gastroempresarial con la apertura de La Taberna Arzábal en el barrio del Retiro, el principio del todo. "El proyecto empezó de manera muy artesanal y ese envoltorio nos ha ido acompañando a lo largo de estos años. Hemos mantenido el recetario clásico en cada una de las distintas cartas y una atractiva oferta de vinos y champán que nos acompañan allá por donde vamos", apuntan.

La cabeza inquieta de estos emprendedores "foodies" no deja de funcionar y de inspirarse en cualquier momento cotidiano. "A’ Japanese Kirikata, por ejemplo, surgió de un viaje que hicimos por Berlín, París y Londres. Nos encantó esa fusión de cóctel elaborado y comida japonesa", explican. Este local es su más pura esencia bajo una atmósfera clandestina. Su cocina líquida hecha cócteles explosivos y su variada carta de sushi de calidad hacen que vivas una experiencia para los sentidos inigualable.

En estos años, con tres negocios en marcha y otro sobre ruedas (literalmente) como es el "foodtruck", llegaba el gran desafío de la Taberna Arzábal en el Museo Reina Sofia, su proyecto más ambicioso, una fusión de arte y buena cocina con un jardín cual oasis en pleno centro madrileño. "Ha sido como el culmen de todo el trabajo. Al final la trayectoria nos ha llevado hasta el museo, nosotros no hemos ido a él, él ha venido a nosotros. Hasta ahora no había un museo con taberna y ahora sí. Vinos con copas, dj pinchando donde se sirven raciones… El Museo es el fruto del camino que se han ido llevando estos años, una evolución personal y empresarial. Estamos muy contentos y satisfechos", aseguran.

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