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JOYAS

La última joya de Marlene Dietrich

«No Dior, no Dietrich» era el lema de la diva que hizo del lujo su sello personal. En su colección de joyería destacaba una pieza: el jarrete de rubíes y diamantes diseñado por Van Cleef & Arpels, una de las pocas que conservó hasta su muerte

Marlene Dietrich posa con algunas de sus joyas
Marlene Dietrich posa con algunas de sus joyas - ABC
ActualizadoRaquel F-NovoaRaquel F-Novoa Redactor MultimediaSeguirLeer despuésCompartir

«No Dior, no Dietrich», esa era la explicación que la diva de Hollywood daba a los diferentes directores de cine para explicarles su principal exigencia: Marlene no quería ser como las demás personalidades que cruzaban una alfombra roja recargada de brillantina y sin una pizca de elegancia.

Dietrich había crecido ante el mostrador de la joyería de su madre situada en Unten den Linden, la espina dorsal del lujo berlinés, y ya entonces se había imaginado gesticulando ante los flashes envuelta en metales nobles.

La protagonista de «Pánico en la escena» (1950), fue tajante con Alfred Hichcock: sólo aceptaba actuar en la película si ella se encargaba de los complementos y Christian Dior de la sastrería. Al director no le quedó más remedio que aceptar, sabía que podía confiar en Marlene, ella en sí misma era un lujo y una garantía de éxito.

Había sido educada entre gemas y joyas preciosas, sólo con verlas de lejos diferenciaba las calidades. Presumía de tener una colección digna de una reina, la mayor parte de las piezas que guardaba en su caja fuerte eran diseñadas exclusivamente para ella por los joyeros más prestigiosos del momento: Paul Flato, Fulco di Verdura, Mauboussin o Van Cleef & Arpels son sólo algunos ejemplos.

La actriz posa con la icónica pulsera
La actriz posa con la icónica pulsera - ABC

Le gustaban las piezas originales y extravagantes, «en consonancia con su personalidad», según confesó en diversas ocasiones. Una de las joyas más llamativas era el broche en forma de rosa de platino y diamantes que le regaló en 1930 su entonces pareja, el director de cine Josef von Sternberg. Pero, sin duda, la más cinematográfica es la pulsera jarretière de rubíes y diamantes de Van Cleef & Arpels que ella misma adquirió siete años después.

Esta joya pasaría a la historia no solamente por vestir las muñecas de la más icónica mujer fatal, sino por su condición de obra maestra del diseño. La sugerencia se la hizo su entonces compañero y amigo Erich María Remarque, quien le propuso mezclar varias piezas de joyería para crear este complemento.

Van Cleef & Arpels aportó imaginación, experiencia, conocimientos y buen hacer. El producto no defraudó, los diferentes engranajes se encadenaron para dar forma a la la joya más exquisita de la gran pantalla que, a la vez, se convirtió en una de las creaciones más icónicas de la firma joyera.

La pulsera tenía un enorme rubí en la parte central rodeado por hileras de diamantes en talla baguette y redondos. Dietrich se aseguró de que su joya fetiche quedase inmortalizada y presa en las escenas de una de sus películas más emblemáticas «Pánico en la escena».

El intenso ritmo de vida de la actriz la llevó a la bancarrota, su situación económica llegó a tal punto que tuvo que sacrificar sus joyas personales a finales de los años 1980.

Mientras las casas de subastas hacían las delicias de los mitómanos más exigentes, la orgullosa diva exhalaba sus últimos suspiros aquel el 6 de mayo de 1992 conservando consigo una única joya: el brazalete de rubíes y diamantes de Van Cleef & Arpels.

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