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El chaleco, ¿sí o no?

Es hora de recuperar esta prenda que vive sus horas más bajas. Te contamos cómo llevarlo.

El modelo Johaness Huebl - Instagram
ActualizadoMaría AguirreMaría Aguirre ColaboradorSeguirLeer despuésCompartir

Es hora de recuperar la tercera pieza del traje y darle la importancia que merece. O, si no, al menos dejar que vuele sola y hacer de ella un recurso más para el día a día. Hablamos del chaleco, que pese a su versatilidad y elegancia lleva sufriendo una muerte lenta desde finales del siglo anterior. Y eso que el dandismo funcionó como un halo de esperanza al convertir esta prenda en un auténtico modificador de la figura gracias a sus cortes anatómicos que le permitían ceñirse y convertirse casi en corsés. Pero la simplificación del vestuario masculino y el giro hacia una moda menos rígida no han hecho más que acelerar su decandencia. Por suerte, el vaivén de las tendencias y su efecto bumerán hacen que siempre quede un resquicio para su restauración (Mira aquí nuestra galería de chalecos).

Un poco de historia

El chaleco, pieza central del terno
El chaleco, pieza central del terno - Scalpers

Cuentan que fue en el siglo XVII gracias a la figura de Carlos II de Inglaterra la incorporación de esta prenda al vestuario masculino, entonces conocida como «chupa», cuya silueta original era con mangas y larga hasta las rodillas. Más tarde se lograría ganar en comodidad al cortar a la altura de la cadera y hacer desaparecer las mangas; después llegarían los modelos de cuellos redondos, las primeras solapas y terminarían incluso ciñéndose al cuerpo. Un paso clave que acerca al chaleco a lo que hoy en día entendemos como tal pero que no ha logrado sobrevivir con éxito en el tiempo.

En este nuevo siglo su figura ha pasado directamente a un tercer o cuarto plano del que solo se acuerdan los amantes de la sastrería más tradicional. Ahora son modelos de corte entallado que aparecen en dos formatos: tradicionales con una fila de tres o cuatro botones o cruzados que incorporan algún botón hasta ser seis y se reservan para ceremonia.

En ambos casos hay que tener en cuenta las mismas cosas a la hora de vestirlo. El ajuste debe ser perfecto alrededor de los hombros y el torso, las sisas han de estar altas y hay que evitar cualquier tirón en los botones o alrededor de la espalda; así como el problema opuesto, el exceso de tela que da un aspecto descuidado.

Cómo y cuándo llevarlo

Lo que sí varía ahora, para ir a la última, es su modo de uso en función de la ocasión.

El traje de tres piezas, que pasó a ser un anacronismo después de ejercer de versión estándar, ha quedado en exclusiva como un elemento de mayor formalidad reservado en exclusiva para los más elegantes o quienes buscan alardear de una clase social alta o una situación económica boyante. Como pieza central del terno ha de ser, por supuesto, del mismo material y color que la chaqueta y el pantalón; y ha de ser llevado sobre la camisa solo con el último botón desabrochado para que no se estire cuando se levanten los brazos además de como puro detalle estilístico.

En ceremonias forma parte imprescindible del chaqué, donde se suele llevar en gris si la chaqueta es de este tono, o en beige o tono pastel si se quiere arriesgar con el contraste; y aunque no es habitual puede lucirse con esmoquin con un chaleco de escote mucho más amplio de lo habitual.

Si por el contrario va a utilizarse en solitario como un complemento más de un look cualquiera, lo mejor es fijarse en los italianos, que han sido los reyes en este campo durante décadas. Y es que una de las ventajas del chaleco el que es capaz de sofisticar sus acompañantes por ejemplo cuando hace demasiado calor para llevar una blazer.

En este caso hay que tener en cuenta sobre todo los materiales, que sean de calidad y acordes con el clima: tweed o lana para el invierno y lino o algodón para el verano. Apostar por las rayas o los cuadros ya sea para llevarlos con jeans o chinos y jugar con las camisas para dar una sensación más relajada son pilares básicos.

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