Enrique Ortolá, magistrado de años, lleva cinco siendo funcionario penal en el TSJCV
Enrique Ortolá, magistrado de años, lleva cinco siendo funcionario penal en el TSJCV - TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

Violencia de género«No puedo permanecer impasible cuando veo a una maltratada que no acusa por miedo»

Enrique Ortolá no es un magistrado al uso, aunque esta vez dice hablar como ciudadano. Rompe el hermetismo que envuelve a los togados con una guía de mensajes de ánimo a las mujeres que callan durante el juicio

MadridActualizado:

Enrique Ortolá no suena a un juez típico. Al menos, rompe la aureola de hermetismo que suele envolverlos para descolgarse con diez frases de ánimo a unas sufrientes, mujeres maltratadas a quienes él ve sentadas en el banquillo. Se le reconcome el alma cuando ellas, por miedo, no apuntan directamente con su dedo acusador a su agresor. Ha quebrado su silencio con una guía sobre violencia de género en las que se dirige a esas mujeres con enunciados como «Tu dignidad reclama a alguien que te merezca». Otra frase lapidaria del juez a la víctima: «Si te retienen, insultan, atacan, pegan, amenazan, no te confundas. Eso no es amor». Y sigue hablando alto y claro para ABC.

¿Cómo se le ocurre una iniciativa tan original entre los jueces, que no acostumbran a hacer este tipo de cosas?

Soy funcionario penal desde hace 5 años. La idea surge desde una perspectiva casi personal de lo que veo día a día y que no puedo trasladar a mis sentencias. Tengo que someterme únicamente a la ley y es lo que tengo que hacer, pero cuando tú estás desarrollando este trabajo y te das cuenta de situaciones en las que las mujeres están sometidas, sumisas a un maltratador y entran en una espiral de subordinación y silencio.Cuando llega el juicio, se acogen a su derecho a no declarar, ahí es cuando como juez no puedo implicarme, tengo que resolver como me marca la jurisprudencia, pero como ciudadano me planteo qué podría hacer para poder concienciar a estas mujeres y que salgan de esta situación y no recaigan. ¿Cómo aporto un granito de arena? De forma totalmente personal, pongo mi experiencia como juez y me embarco en un proyecto en el que llamo al ilustrador, ideo los textos con una psicóloga e intento hacer algo menos serio (que el tema lo requiere), pero quiero algo más alentador. Era enero de 2015, yo lo presento a diversas instituciones y en noviembre me respaldó el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

¿Qué quiere transmitir a las mujeres maltratadas con esas diez frases?

Hay una vida mejor que les espera y que ellas se merecen una vida mejor, en pareja o no en pareja, porque con la última frase les digo que «el amor verdadero a uno mismo y a los demás mueve el mundo», pero solo si te hace feliz. La vida en pareja es y tiene que ser satisfactoria, agradable, frente a las torturas que tienen estas mujeres. Muchas frases tienen un doble sentido porque hago contrapongo lo bueno con lo malo. «Las palabras alaban, no critican; las manos acarician, no pegan»...

Me decía que esto nace de una cierta frustración, de no poder ayudar más e incluso de no poder trasladar a las sentencias lo que les quiere decir y no les puede decir. ¿Cree que ése es el sentir general de los jueces de violencia de género?

Cada caso es distinto, pero es común lo que comento de las señoras que guardan silencio en el juicio, cuando no hay otra prueba ni ningún testigo, y yo no puedo hacer nada, con ningún elemento probatorio, para poder condenar, personalmente me frustra, judicialmente tengo que hacer mi trabajo.

¿La guía nace de noches sin dormir?

En efecto. Esos casos de mujeres atemorizadas, a las que les tiembla la voz y reclaman un parabán para no cruzar mirada con su agresor se te clavan y este proyecto nace de desvelos, de intentar hacer algo y pensar qué. Tú tienes la obligación de preguntar «¿tiene usted miedo?» y lo estás palpando. Como persona te crispa, te exacerba y no lo entiendes, te dan ganas de decir «¿hace falta que alguien le diga este individuo no la quiere?». O con personas que te dicen: «hemos vuelto», y tienen un parte de lesiones que no se han hecho cayéndose por las escaleras.

Conversando con maltratadas se detecta cierto desazón o desapego con la Justicia. No sé si está de acuerdo...

Desde mi perspectiva, no me percato de ello. Yo lo que veo es algo muy concreto, voy a un juicio y pongo una sentencia. Habrá ocasiones en que ellas sientan que la sentencia no es acorde a lo que ellas pedían cuando declaran, pero muchas veces tú también con determinada prueba no tienes suficiente para condenar, aunque tengas una percepción subjetiva que no trasladas a tu trabajo. Cuando hay una absolución, no siempre es inocente, pero no se demuestra su culpabilidad.

Reitero. ¿Los jueces son sensibles a estos casos?

Me consta que lo son, yo lo soy, y no conozco, entre mis compañeros, a nadie que esté volcado con este tema.

Pero algo está fallando: ¿qué es, porque las víctimas no se sienten amparadas, en general, eso es lo que trasladan?

Portada de la guía editada por el juez Ortolá
Portada de la guía editada por el juez Ortolá- CGPJ

No sé si es ésa la sensación. Lo que me dice me sabe mal porque yo veo a las víctimas acompañadas, asistidas, la policía les protege y nosotros hacemos lo posible. No sabía que existía esa desazón: deben sentirse protegidas y cuidadas, porque estamos todos por ello.

¿Para superar esa frustración suya, como jueces, habría que modificar aspectos de la ley y qué aspectos?

Yo creo que garantizar la prueba inicial de la declaración de la mujer en los primeros momentos agilizaría bastante porque ella hace un relato ya de primeras de valentía, con el Código Penal desde que se denuncia hasta que se instruye y juzga no pasa menos de un mes y puede que hasta seis meses.

También se acusa a la Justicia de que el colapso de casos está retrasando las sentencias condenatorias. ¿Es así?

Somos pocos para tanto. Nos faltan medios, yo he puseto una sentencia y pico cada día de 2015, 600, de las que sobre un 60-70% serán condenatorias.

Parece un círculo vicioso: faltan medios, las mujeres siguen muriendo. ¿A quién trasladamos la patata caliente?

A invertir más en Justicia.

¿A cuántas mujeres prentende ayudar?

Con ayudar a una me daría por satisfecho. Pretendo que hagan el «clic» del «ya está bien». El decálogo no se dirige solo a ellas, sino a esos entornos que luego hablan con ellas. Se va a repartir en unidades de apoyo y fiscalías.

¿Cree que lo que no ha logrado un psicólogo puede hacerlo esta guía?

Puede sonar pretencioso, solo sé que si no lo intento, no lo sabré. No puedo permanecer impasible ante las cosas que veo como juez.