La familia de Blanca Riduella, madre adoptante, al completo el día de Reyes. En los brazos de Blanca, su hija china, Yoyo. A su lado, Xiao
La familia de Blanca Riduella, madre adoptante, al completo el día de Reyes. En los brazos de Blanca, su hija china, Yoyo. A su lado, Xiao - ISABEL PERMUY

«Tengo cinco hijos y adoptaría más si no hubiera tantas trabas burocráticas»

José Morales es padre adoptante. Si bien reconoce que es un «proceso ilusionante», lamenta las dificultades que se ha encontrado en España. Las familias denuncian que las adopciones están paralizadas desde hace dos años

MADRIDActualizado:

Blanca Riduella ha recorrido orfanatos de medio mundo. «Probablemente nadie visitó tantos como yo», se jacta. Pero cuando recuerda lo que ha visto allí, el orgullo de la experiencia se desdibuja. «En China me he encontrado a seis bebés en una sola cuna. Cuando los tocabas, dejaban el biberón porque el estímulo del cariño era mucho más fuerte».

Así conoció a Xiao, que ahora tiene 13 años, y al que no dudó en adoptar cuando vio su foto por primera vez. A Xiao le faltan los dedos de la mano izquierda. Y Yoyo, la pequeña de 7 años que Blanca y su marido se trajeron años después, padece una tetralogía de Fallot, un defecto cardíaco congénito.

Blanca no tenía planes de adoptar. Hace 20 años se puso al frente de un Organismo Acreditado para la Adopción Internacional (OAA) y así empezó a trabajar codo con codo con el Gobierno chino al que ofreció su agencia para llevar a cabo el «experimento» del Pasaje Verde, es decir, la adopción de niños discapacitados o con necesidades especiales «a cambio» de trámites más ágiles.

Blanca defiende este tipo de adopciones porque cree que nadie es perfecto. «De hecho, ellos también tienen que aceptar nuestras imperfecciones como padres». Pero, además, la ve como única salida ante la dificultad de adoptar en España. «La adopción está completamente paralizada porque depende de las entidades que trabajan en cada comunidad autónoma y estas están en quiebra, no tienen financiación», lamenta.

A esto se suma que los criterios para otorgar el certificado de idoneidad (el que establece si los solicitantes están habilitados para adoptar) no son homogéneos, cambian por autonomía. Tampoco son homogéneos los criterios para aprobar la llamada propuesta oficial de adopción: «Cuando llega la propuesta de determinado país se aprueba o no en función de lo que decida la comunidad».

Con las modificaciones de la Ley de Adopción de 2015 se buscó poner fin a las diferencias para adoptar que existen en función de la comunidad en la que se vive. Con esta norma, las OAA pasan a ser acreditadas por el Estado (y no por la comunidad). El problema es que su ejecución depende de un reglamento que aún no se ha puesto en marcha. Las familias denuncian que las adopciones están paralizadas desde hace dos años.

José Morales y su mujer tienen tres hijos adoptados, además de Susana y Lorena, gemelas biológicas. Carmen y David, de 16 y 12 años respectivamente, son de China. William, de 14, es haitiano.

Este madrileño de 61 años confiesa que de no haber tenido tantas trabas burocráticas hubiera adoptado más niños. «Es un proceso ilusionante, tanto mi mujer y yo coincidimos en que el momento en que vimos la foto de Carmen fue el más intenso de nuestras vidas, sentimos algo que superó lo que vivimos cuando llegaron nuestras hijas biológicas».

De izq. a dcha: Carmen, junto a su madre, Carmen y su padre, José. Abajo: Javier, de Haití, que es de la familia pero no adoptado por los Morales. A su lado, William y David
De izq. a dcha: Carmen, junto a su madre, Carmen y su padre, José. Abajo: Javier, de Haití, que es de la familia pero no adoptado por los Morales. A su lado, William y David-ABC

Morales no tenía preferencias en cuanto a los lugares de adopción. «Me daba igual que fueran chinos, haitianos, guapos, feos...Son mis niños y los voy a querer igual».

Después de Carmen llegó William. El problema fue que en pleno proceso llegaron las revueltas de Haití, en 2004, que terminaron con el derrocamiento de Jean-Bertrand Aristide. «Nos dijeron que teníamos que desistir pero nos negamos. Con ayuda del Gobierno español conseguimos salir adelante». Cuando se le pregunta por qué siguió adoptando ante tantas dificultades, Morales no da lugar a más preguntas: «Porque vienen de lugares en los que perderán la vida. Si me veo con fuerzas, ¿por qué no voy a tener otro hijo? ¿por qué no puede ser adoptado?».

ABC

Morales no entra a valorar si es más fácil o no adoptar a niños con problemas como el caso de David, con escoliosis y una cardiopatía. El problema, para él, es la «falta de voluntad» de las administraciones. «El proceso de adopción está ahora mismo cerrado en España. Hay familias esperando años para adoptar y muchísimos niños sufriendo en los orfanatos. Pero si las competencias están transferidas a la comunidades me pregunto cómo puede tener sentido que, por ejemplo, Castilla-La Mancha negocie con el Gobierno de Rusia o el de Ghana. Hay niños que adoptar y familias que quieren hacerlo, el problema es que eso genera trabajo y trae problemas, y por eso no interesa».

Cristina Cama y su marido adoptaron tres hermanas de Madagascar, país que sufre hambre, pobreza y enfermedades infecciosas. En 2005 y despues de cinco años de papeleo fueron al país insular a buscar a Sina, Yamine y Francine, actualmente de 20, 18 y 16 años, respectivamente.

Reconoce que el proceso «fue largo y muy duro» y que, en muchas ocasiones, quiso denunciar el trato poco profesional que recibió por parte de los responsables de estos trámites en su comunidad, Cataluña. «Cuando estaba en medio del proceso no quise hacerlo por miedo, pero pensé en denunciar muchas veces por la poca sensibilidad que han tenido, te maltratan, te hacen sentir que no puedes ser una buena madre». A esto se suma que, en su caso, tuvo que pagar. «En algunas comunidades se cobra y en otras no».

Cama está feliz con sus cuatro hijas, habla de ellas con el orgullo típico de una madre: «No es porque sean mis hijas, es que son brillantes».

Cristina Cama y su marido adoptaron cuatro hermanas de Madagascar: Sina, Yamine, Francine y Uly
Cristina Cama y su marido adoptaron cuatro hermanas de Madagascar: Sina, Yamine, Francine y Uly-ABC

Su felicidad no le impide reconocer la cara amarga de aquellos años en los que tuvo que lidiar con la administración para poder adoptar: «Me lo pusieron muy difícil, sobre todo porque quería adoptar a más de una. Una Navidad, milagrosamente, encontré una persona en la Generalitat que entendió que las hermanas no se podían separar y agilizó los papeles».

Cristina lo consiguió. Y se fue a por la cuarta hermana. Uly, actualmente de 13 años, se había quedado en Madagascar con sus tíos. Más tarde, su padre biológico decidió que debía estar con sus hermanas. El proceso fue más complicado aún que en la primera adopción. «No podía decirle a mis hijas que no iban a poder estar al lado de su hermana».

Las complicaciones, esta vez, no fuero fruto de problemas burocráticos sino de cambios políticos. El tripartito catalán se disolvió y la Concejalía de adopción, que estaba a cargo de ERC, se quedó sin cabeza visible por lo que sus trámites de paralizaron. Finalmente, Uly llegó por reagrupación familiar. Posteriormente, se le otorgó la nacionalidad española y pudo llevarse a cabo su adopción.

Lo que vio en sus continuos viajes a Madagascar fue tan impactante que decidió poner en marcha una organización de lucha contra la malaria en el país.