De izq. a dcha., Ezequiel Baraja, Peter Czanyo, Álvaro Casillas, Fernando Pedro Marino, María del Pilar Pereyra, Silvio Velo, Pinky Zuberbuhler (nutricionista), Matías Gutiérrez (director del proyecto), Pablo Giesenow, Santiago Arce (médico), Elisa Sampietro de Forti, Paula Paretoy Julián Weich
De izq. a dcha., Ezequiel Baraja, Peter Czanyo, Álvaro Casillas, Fernando Pedro Marino, María del Pilar Pereyra, Silvio Velo, Pinky Zuberbuhler (nutricionista), Matías Gutiérrez (director del proyecto), Pablo Giesenow, Santiago Arce (médico), Elisa Sampietro de Forti, Paula Paretoy Julián Weich - «Summit Aconcagua»

«Summit Aconcagua»Diez historias de superación y un mismo reto: coronar la cima más alta de América

La expedición «Summit Aconcagua» congrega a personas que han superado reveses como la pérdida de casi todo un pulmón, la amputación de las dos piernas por debajo de la rodilla, problemas cardiacos que casi les cuestan la vida…

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Todo empezó como un juego. Buscando una manera de promocionar su última creación, Matías Gutiérrez, fundador y director ejecutivo de Upside Down Games, una empresa de juegos de mesa para estimular el ejercicio, acabó en la página web de los récord Guinness. Allí encontró la fotografía de un hombre jugando a un videojuego en la base del Everest y se le ocurrió llevar «Equilibrium» hasta la cima de la montaña más alta de América. El proyecto «Summit Aconcagua» ya estaba en marcha.

En el reto ha reunido a personas que han superado reveses como la pérdida de casi todo un pulmón, la amputación de las dos piernas por debajo de la rodilla, problemas cardiacos que casi les cuestan la vida, el paso por prisión, cornadas que truncan sueños… con el objetivo de conquistar el Aconcagua.

El origen del proyecto

De izq. a dcha., Pilar Pereyra, Fernando Marino, Santiago Arce, Matías Gutiérrez, Paula Pareto, Pinky Zuberbhuler
De izq. a dcha., Pilar Pereyra, Fernando Marino, Santiago Arce, Matías Gutiérrez, Paula Pareto, Pinky Zuberbhuler- «Summit Aconcagua»

Gutiérrez tiene una cuenta pendiente con esa montaña desde hace ocho años. «Fuimos con poco tiempo, una semana. La idea era quedarnos en Plaza de Mulas (el campo base), pero nos juntamos con un equipo de rugby, llegamos a 6.000 metros y bajamos corriendo porque nos explotaba la cabeza», comenta. Febrero de 2018 se instaló en su mente como la fecha para un nuevo intento, con amigos, para saldar deudas y, de paso, conseguir el récord Guinness al juego de mesa jugado a mayor altura sobre la Tierra, una categoría creada en 2017 gracias a este emprendedor, al que le costó dos meses convencer a la organización para que la incluyera.

Sin embargo, el plan cambió completamente cuando conoció la peripecia vital de Oscar Melchiori, compatriota argentino al que con 12 años le diagnosticaron una diabetes mellitus que fue afectando a diversos órganos de su cuerpo, entre ellos, los riñones. A pesar de someterse a sesiones de cuatro horas diarias de diálisis, tres veces por semana, nunca dejó de entrenar, con una idea en la cabeza: hacer triatlones. A los 32, recibió un trasplante de páncreas y riñón. A los 35 participó en su primera carrera y cumplió su sueño. Un año más tarde ganó la medalla de oro en los XX Juegos Mundiales para Deportistas Trasplantados.

«Me impactó mucho su historia y dije: “¿Por qué no modificamos el proyecto y convocamos a personas que hayan superado alguna adversidad física y psíquica a través del deporte?”», explica Gutiérrez. Y contactó con Melchiori, que se sumó inmediatamente, aunque finalmente no pudo viajar.

Buscó en internet más vivencias como ésta y poco a poco fue localizando a los integrantes de la expedición, que el 19 de febrero inició la aproximación al campo base del Aconcagua, cuyos 6.962 metros intentarán coronar, por la ruta normal, entre el 1 y 5 de marzo, si el tiempo lo permite.

Silvio Velo
Silvio Velo- «Summit Aconcagua»

«Todas son muy inspiradoras, lecciones de vida para dar, para transmitir», comenta Gutiérrez, para quien conseguir el Guinness quedó hace tiempo en un segundo plano. El foco lo pone ahora, además de en esa vertiente motivadora, en el fomento de la vida sana y de los valores olímpicos, que este año tendrán mucha presencia en Argentina con la celebración de los Juegos Olímpicos de la Juventud. Y también en el compromiso social, ya que en este viaje recaudarán fondos para la Fundación Baccigalupo, una ONG muy conocida en ese país. Esta organización, presidida por Cecilia Baccigalupo, tricampeona mundial de pádel, trabaja desde hace 10 años para que niños, jóvenes y adultos con discapacidad intelectual mejoren su calidad de vida a través del deporte. Las fundaciones Leo Messi y Amalia Lacroze de Fortabat, así como Allianz Argentina, se han comprometido a donar dinero por cada metro que ascienda cada uno de los participantes, una motivación extra para el equipo.

Lecciones de vida

La segunda experiencia vital que conmovió a Gutiérrez fue la del español Álvaro Casillas. «Es una persona muy especial y se sumó desde el primer momento. Es un invitado de lujo», comenta el director de esta aventura.

Álvaro Casillas
Álvaro Casillas- «Summit Aconcagua»

Casillas lo dejó todo por cumplir un sueño: torear. Durante años se dedicó en cuerpo y alma a ello, luchando por hacerse un hueco. Y lo logró. Era una de las promesas de los ruedos. Hasta el 12 de octubre de 2008. Fue en Quijorna, un pueblo de Madrid, durante la última corrida de la temporada. En una misma cogida, el toro número 13 le dio dos cornadas que cambiaron el curso de su vida: una de 25 centímetros en la pierna derecha, que le rompió tendones y músculos, y otra de 15, en la ingle izquierda, que le partió una vena. «La vida, igual que me dio la ilusión, me la quitó», explica. «Las cornadas las recuperé bien, pero la rodilla me dio muchos problemas. El tendón rotuliano no se me partió del todo por un hilo. No era capaz de subir ni un bordillo».

Después de más de un año de visitas a médicos que le decían que no se iba a recuperar, Casillas se tropezó con un artículo sobre el doctor Ángel Villamor, una eminencia en traumatología deportiva y el cirujano que operó al Rey Don Juan Carlos, y contactó con él. Le inyectó células madre de la cresta ilíaca en el rotuliano y, al día siguiente de que le intervinieran, empezó la rehabilitación. No sólo recuperó la movilidad de la pierna sino que desde hace años tiene el calendario repleto de triatlones de varias distancias, Ironman incluidos, y ultratrails de hasta 166 km.

Elisa Sampietro de Forti, Pablo Giesenow y Fabricio Oberto
Elisa Sampietro de Forti, Pablo Giesenow y Fabricio Oberto- «Summit Aconcagua»

Gutiérrez siguió buscando vivencias similares y fue sumando nombres como el del jugador de baloncesto Fabricio Oberto, al que tres días antes de los Playoffs de la NBA de 2007 le detectaron un problema cardiaco que puso en riesgo su vida. Los médicos consiguieron que su corazón recuperara un ritmo normal, lo que le permitió competir y ganar su primer anillo en la liga estadounidense.

El jugador de fútbol Silvio Velo, ciego de nacimiento, se crio dando patadas a una pelota y montando en bicicleta, como los demás niños, sin sentir ningún límite. Hoy en día es considerado el Messi del fútbol para ciegos. Es el capitán de la selección argentina de fútbol sala para ciegos desde 1991 y su máximo goleador y, sobre todo, un símbolo del deporte paralímpico en ese país.

María del Pilar Pereyra era la gran esperanza argentina para alzarse con una medalla en mariposa en los Juegos de Atlanta. Cuando sólo faltaba un mes para la cita, le detectaron un problema en la espalda, fruto de tanto entrenamiento, que casi acaba con su sueño olímpico. Su lesión se cronificó y, aunque pudo participar en Sidney 2000, se vio obligada a retirarse de la natación con sólo 22 años, lo que la sumió en una depresión. Consiguió salir de ella e incluso volvió a nadar, esta vez en aguas abiertas, llegando a proclamarse campeona nacional en esa disciplina.

La vida de Pablo Giesenow cambió radicalmente en enero de 2015, a los 37 años, cuando sufrió un accidente de tráfico por el que tuvieron que amputarle las dos piernas por debajo de las rodillas. Pero eso no le paró. Gracias a unas prótesis, volvió a caminar seis meses después. Un año más tarde estaba entrenando para participar en carreras. En noviembre de 2017 corrió la primera y tiene como meta competir en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.

Ezequiel Baraja
Ezequiel Baraja- «Summit Aconcagua»

En 2009, Ezequiel Baraja fue detenido y condenado a seis años y ocho meses de prisión por robo. La dureza de la vida en la cárcel se hizo más llevadera cuando pasó a formar parte de Los Espartanos, el equipo de rugby del centro. Jugando se sentía libre. Su vida se fue enderezando. Empezó a estudiar mientras cumplía condena y, ya fuera de prisión, obtuvo el título de bachillerato. Aunque en 2015 saldó su cuenta con la justicia, sigue jugando al rugby con Los Espartanos.

Peter Czanyo llegó al mundo del deporte después de padecer un cáncer de pulmón por el que perdió casi todo el izquierdo. La enfermedad le llevó a dejar de fumar y adquirir hábitos saludables. A pesar de su limitación respiratoria, empezó a correr y se puso como meta subir el Aconcagua en 2009. Entonces no pudo llegar a la cumbre, aunque alcanzó los 6.000 metros. Lo que ya tiene en su palmarés particular son cuatro Cruces de los Andes (100 kilómetros en tres días) y los maratones de Berlín y Chicago.

La llegada de Fernando Pedro Marino a la expedición fue la más peculiar de todas. «Como el objetivo es promover la vida sana, queríamos que la gente fuera partícipe», explica Gutiérrez. Con esto en mente, publicó cada semana el plan de entrenamiento y de alimentación de los deportistas y puso en marcha un concurso en el que se elegiría a uno de los integrante del equipo. Quienes quisieran participar sólo tenían que mandar su historia de superación. En diciembre, un jurado compuesto por seis personas eligió a Marino, ex combatiente de la guerra de las Malvinas, maratoniano y profesor en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata, en Buenos Aires.

La presencia que más llama la atención en este equipo es la de Elisa Sampietro de Forti, para quien parece que sus 83 años son sólo una cifra. Semiprofesional del voleibol y aficionada al tenis y la natación, Sampietro se inició en el atletismo a los 70, cuando murió su marido. A pesar de este comienzo tardío, ya ha corrido cuatro veces el Cruce de los Andes.

Otra figura destacada de la expedición es Paula Pareto, la primera mujer argentina que consiguió un oro olímpico (en judo en los Juegos de Río de Janeiro) y la primera deportista de ese país que ganó dos medallas olímpicas en disciplinas individuales. Todo ello, al tiempo que estudiaba Medicina. Pareto llevará la bandera de los Juegos Olímpicos de la Juventud desde la ciudad de Mendoza hasta el campamento base del Aconcagua, donde permanecerá hasta que comience la ascensión a los campamentos de altura. Fabricio Oberto tomará entonces el relevo e intentará que la bandera ondee en la cima de la montaña. También viajan con la de la provincia de Mendoza, última ciudad en la que pernoctó la expedición antes de salir hacia la montaña.

Julián Weich
Julián Weich- «Summit Aconcagua»

El grupo lo completan el actor y presentador Julián Weich, embajador de Buena Voluntad de UNICEF desde hace 25 años, comprometido con más de 30 ONG y también embajador de este proyecto, y un equipo técnico y médico, que da apoyo a los deportistas.

Un proyecto exigente

La logística de esta aventura corre a cargo de Grajales Expeditions, una empresa con 42 años de experiencia en la organización de expediciones al Aconcagua. Las instalaciones que tienen en Plaza de Mulas, a 4.350 metros, cuentan con todas las comodidades posibles: comedor, cocinas, duchas, internet, electricidad solar. Pero en los tres campamentos de altura (a 5.050, 5.560 y 5.970 metros, respectivamente) las condiciones serán mucho más precarias, como explica Fernando Grajales, director de la empresa: «La infraestructura cambia drásticamente. Las tiendas son mucho más livianas y habrá dos personas en cada una, la cocina es mucho más reducida y el personal también es menor».

Peter Czanyo
Peter Czanyo- «Summit Aconcagua»

A pesar de ser una montaña de casi 7.000 metros, «los riesgos están más acotados que en otras más bajas pero más inhóspitas», según Grajales. «Lo complicado son los percances que van a ocurrir a medida que la expedición vaya tomando forma. El clima, cómo la gente se va resintiendo y cómo homogeneizar el grupo. Hay quien se siente más cansado que otro, quien necesita más tiempo para aclimatar. El resto, lo que hace la organización, para nosotros no es difícil. Es más la magia diaria que debe tener el guía para resolver cada pequeña cosita que vaya surgiendo», apunta.

Imprevistos que se dan durante la expedición y, a veces, antes. Como el accidente que sufrió Gutiérrez cuando la aventura estaba a punto de comenzar, una fractura de pierna que le obligó a pasar por el quirófano y que le tendrá un mes escayolado. Después de tanto tiempo trabajando en el proyecto, sólo pudo acompañar a sus compañeros hasta Mendoza, aunque lo encaja con la misma entereza que promueve «Summit Aconcagua». La cima de esta montaña se aleja de nuevo, pero quizás sólo hasta el año que viene.