Pinares totalmente calcinados en Acebo (Cáceres), en 2015
Pinares totalmente calcinados en Acebo (Cáceres), en 2015 - EFE

Las siete plagas de la despoblación

Las consecuencias de la pérdida de habitantes van más allá del abandono de los pueblos. Quienes quedan en ellos, luchan para reducir el riesgo de incendios o la baja producción y adaptarse a la limitación de servicios y el aislamiento

Actualizado:

El sol no se ha puesto negro, ni la luna se ha vuelto sangre, ni las estrellas han caído sobre las tierras despobladas como en el Apocalipsis, pero los pueblos que encaran el final de sus tiempos tienen otras plagas a las que hacer frente: graves incendios, cierres de negocios, falta de servicios, aislamiento o mayor riesgo de pobreza. En España hay 1.319 municipios de menos de cien habitantes, pero los problemas empiezan antes, con la pérdida lenta pero inexorable de vecinos.

1. Riesgo de incendios

Acebo (Cáceres) se quemó en 2003 y se volvió a quemar en 2015. Fueron 10.000 y 8.000 hectáreas calcinadas en la Sierra de Gata. «Todo terminó arrasado, había que intentar hacer algo», cuenta su alcalde Francisco Javier Alviz. Hace tres años apenas quedaban 550 vecinos en Acebo para recoger leña, cuidar los terrenos o pastorear en el campo. El Ayuntamiento tampoco podía costear los planes periurbanos de prevención. Por eso, desde 2016 Acebo ha activado un plan que pone en su punto de mira dos elementos vinculados a la gravedad del fuego: el abandono del campo y la despoblación.

El proyecto se llama «Vivir en Acebo»: ofrece tierras gratis en el monte público (1.860 hectáreas) o en terrenos baldíos (3.200) a cambio de su explotación. Así se reduce la carga de biomasa a la vez que atraen a nuevos vecinos y negocios. «La Junta era muy receptiva a los programas de reforestación que no fueran solo de pino. Este programa lo permite y sirve para que la gente no se marche o que otras puedan venir a vivir al pueblo», dice Alviz.

Han recibido hasta cinco mil solicitudes aunque no necesitan tantas. «20, 30 o 40 personas resulta bastante aceptable», dice. Por ahora han llegado a Acebo 18 nuevos vecinos que están cultivando plantas aromáticas, instalando colmenas y proyectos ganaderos. Pero aún queda mucho campo por cubrir.

2. Pérdida de terreno cultivable

En 2017, el abandono de tierras cultivables superó el millón de hectáreas en España, con la Comunidad Valenciana a la cabeza del ranking nacional (163.478 hectáreas). La Puebla de Vallbona, a media hora de la capital autonómica, es uno de los municipios que está olvidando el pasado de sus tierras. «La Pobla siempre ha sido tradicionalmente agrícola, aunque se fue abandonando. El relevo generacional no se ha producido, sin hijos o nietos que lo quieran trabajar y con la promesa de que se contruyeran casas, se han abandonado», cuenta Javier Descalzo, regidor de Agricultura y Medio Ambiente.

El Ayuntamiento ha creado un «banco de tierras». Quieren que fincas privadas sin trabajar vuelvan a ser cultivadas, ya sea en régimen de arrendamiento, de cesión o de aparcería. Ofrecen asesoría y facilitan las subvenciones, pero aunque el programa se puso en marcha en 2016, solo han cerrado una veintena de acuerdos. Se han plantado naranjos, granados, olivos y algarrobos. Aún siguen disponibles 140.000 metros cuadrados. En el Ayuntamiento quieren dejar de ser una ciudad dormitorio, reducir el riesgo de incendios, mejorar el paisajismo y la producción. La cercanía con Valencia ha hecho que el pueblo pase de 9.000 habitantes a 23.000 en 20 años, pero la mayoría en urbanizaciones a las afueras del casco urbano. «Queremos que la gente no venga a dormir al pueblo sino que tenga la oportunidad de trabajar en él», comenta Descalzo. Pero los propietarios no siempre se fían y los interesados no siempre llegan. Setenta y dos personas esperan a ello en la Puebla.

3. Riesgo de pobreza

Ya sea en Extremadura, en Comunidad Valenciana o en Aragón, la plaga que más preocupa se llama desempleo. «El trabajo en el pueblo es nuestro mayor reto, y que la juventud no se marche. Se quedan muy pocos», dice el alcalde de Acebo. Allí quedan nueve bares de los 24 que hubo hace años, y apenas seis o siete tiendas, todas familiares. «El riesgo de caer en situación de pobreza es mayor entre la población rural, y llega a afectar al 34%», dice un informe del Consejo Económico y Social de España (CES). El habitante rural tiene rentas más bajas. El tamaño empresarial también es menor. En concreto, familiar. La falta de oportunidades, el éxodo de la población, la escasa oferta educativa, infraestructura o servicios limitan las opciones. «No hay mucho donde elegir: o te dedicas a la ganadería, o la construcción o a la carpintería…», dice el alcalde de Plan (Huesca), José Serveto.

4. Hombres y mayores

«En la escuela éramos doce o trece en clase y ahora de adultos quedamos cuatro o cinco en el pueblo. Es muy triste, hay fines de semana que quedamos en el bar a tomar una cerveza y solo nos juntamos cinco, y de varias promociones», cuenta Serveto. En Plan hay 287 habitantes, con una edad media de casi 50 años. Como en muchos otros pueblos, también hay más hombres que mujeres -ellas se van antes, empujadas por falta de igualdad en el hogar y en el trabajo-, pero los jóvenes que quedan en Plan descartan repetir la aventura de la anterior generación. En 1985 este pueblo organizó la primera caravana de mujeres de España. «Se necesitan mujeres entre 20 y 40 años, con fines matrimoniales, para pueblo en el Pirineo», decía el anuncio. Lo repitieron en el 86 y el 87. No está claro cuántos matrimonios salieron de la iniciativa, pero cinco siguen viviendo en el pueblo. Serveto es hijo de uno de ellos. Ahora, dice, «traer a gente sin darle un trabajo, es engañar».

5. Falta de servicios

«Si te vas a vivir al pueblo, lo primero que debes tener es una salud de hierro», resume Nuria Rita Sebastián, que en 2013 se instaló en Ciria (Soria) y montó un negocio, Casa Tía Julia. Un médico y un boticario pasan semanalmente a visitar a la treintena de vecinos asentados allí, pero las emergencias requieren de desplazamientos a otras localidades vecinas. Lo mismo ocurre con los colegios (no hay) e incluso con las tiendas de alimentación. Para Guadalupe Ramos Truchero, profesora de Sociología en la Universidad de Valladolid, no se puede hablar aún de «desierto alimentario» en España, sino de dificultad de acceso. Cada vez hay menos tiendas rurales, pero el vendedor ambulante, la familia y el arcón siguen siendo clave para que los hábitos alimentarios no se vean perjudicados, explica Ramos.

«Si llega la panadera y estoy en una reunión por teléfono o Skype, tengo que poner en pausa la reunión y salir a comprar pan, no hay otra», cuenta Sebastián. Y, aunque al principio le resultaba estresante, ahora «hasta lo agradece».

6. Aislamiento

El coche es un bien necesario, ya sea propio o del vecino. En Ciria, por ejemplo, solo pasa un autobús a la semana, hacia Soria. Pero el aislamiento en los pueblos de la Serranía Celtibérica no es solo geográfico. La cobertura móvil existe en función de la compañía telefónica, y la fibra óptica no ha hecho acto de presencia. Una carencia que complica la llegada de nuevos negocios y la optimización de los ya existentes, según el CES, aunque siempre hay quien ve el lado positivo: «Yo he hecho varios talleres de “desconectados”, intentando hacer de la necesidad, virtud», dice Sebastián.

7. Menos fondos

Expertos y afectados insisten en la necesidad de que la densidad de población se convierta en un criterio a la hora de repartir fondos y ayudas económicas. El informe del CES ponía el acento sobre el «escaso peso del desarrollo rural en el conjunto de las políticas europeas y las limitaciones para incorporar nuevos retos», por ello indicaba que «sería conveniente un compromiso mayor por parte de la UE antes los retos que plantea el despoblamiento y el desarrollo rural en su conjunto», decía el informe.

En noviembre del año pasado se logró un importante paso en este sentido. El Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que pedía que las regiones de la Unión Europea con población envejecida, baja natalidad y éxodo de jóvenes debido a las limitadas oportunidades laborales reciban más ayudas comunitarias. De incluirse, la ayuda ya será a partir de 2020.