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Serie MascotasPerros sí, mercancías no

Es frecuente que nuestro hijo nos pida un perrito. No es mala idea. La entrada de un nuevo ser vivo en la familia producirá unas interacciones emocionales y orgánicas inimaginables e inestimables.

MadridActualizado:

Son muchas las evidencias y trabajos científicos que así lo prueban, pero gozar de la compañía de una mascota es un ejercicio saludable. Existen todavía incrédulos en nuestra sociedad, pero únicamente responden a desconocimiento y se ha demostrado que estas personas cambian radicalmente en su primera apreciación sobre tener perros y se reconvierten en los más fervientes y forofos defensores. Tener perro, por otra parte no es un capricho. En la decisión, más que nunca, «intervienen el corazón y la cabeza. Es decir, querer tenerlo, desearlo de todo corazón es esencial pero poder tenerlo, es decir, disponer del tiempo necesario y comprometernos con sus cuidados y bienestar, será definitivo», comenta Javier Álvarez de la Villa, veterinario del Centro Veterinario Víctor de la Serna (centroveterinariovictordelaserna.com/).. Los perros pues, generaran grandes beneficios a las familias. Forman equipo con nosotros, nos aportan alegría. Ayudan a crecer más sanos a nuestros niños ya que participan en el desarrollo inmunológico (claramente demostrado según últimos estudios científicos). Son un pretexto ideal para realizar un saludable paseo y realizar así un poquito de ejercicio aeróbico. Nos rebajan el estrés, favorecen nuestras relaciones sociales en los parques y ciudades y son un elemento incuestionable en la «terapia asistida» de multitud de dolencias crónicas y enfermedades psíquico-físicas (cáncer, Alzheimer, esquizofrenia, trastorno de déficit de atención e hiperactividad, depresión, etc.) Detectan nuestras enfermedades, nos ayudan a cambio incluso de su vida en las grandes catástrofes y un larguísimo etc.

Un gran compañero sin distinción de razas

Queremos un perro, un gran compañero. Él nos enseñara el valor de las pequeñas cosas, de la felicidad a cambio de nada, de la magia de lo sencillo. Nos mostrará a nosotros y a nuestros hijos los más grandes valores de compañerismo, de amistad a toda prueba, de fidelidad, de alegría a cambio de nada. Sin duda alguna, en una sociedad fría, deshumanizada y relativista, son ellos, los animales de compañía un faro candente. La segunda cuestión es ¿qué raza elegir?: puede ser gigante o enano, con super pedigrí o mestizo, cachorro o adulto, macho o hembra, superchato o dolicocéfalo (hocico largo) etc. Prima decir que buscamos un perro y no confundiremos la raza con la marca, no son ni coches ni zapatos, ni ropa ni elementos materiales. Son seres vivos, no mercancías. Lamentablemente, hoy en día se tratan cada vez más como moneda de cambio: los importan desde países del Este, largos viajes, periodos de socialización precoz inadecuados, largas estancias en jaulas expuestas así en muchas tiendas animales como meras mercancías. Para evitar esto, contactaremos con criadores responsables que aprecian la raza que nos proponen, que nos pueden enseñar a los padres del cachorro, pero lo más importante, que nos hablen de las bondades del carácter de sus perros. Menos importante la cuestión estética, créanme. Por estética pura y dura, se están cometiendo tropelías y tonterías. He aquí una serie de ejemplos. El pastor alemán encarnado por el legendario Rin-tin-tín (aquel cachorro que impresionó con su inteligencia y heroicidad al soldado Duncan en la ya lejana Primera Guerra Mundial 1918). Protagonizó una exitosa serie televisiva y enamoro con sus cualidades a millones de telespectadores. Pues bien, el pastor alemán es una gran raza, super inteligente, fidelidad a toda prueba, cooperadores hasta la heroicidad, equilibrados. Pero la contrapartida surge cuando se olvidan estas grandes dotes y solo nos fijamos en su deslumbrante pedigrí o en su soberbia imagen. Queremos que sea hijo de super campeones, que su grupa (parte posterior) este muy agachada. Muy alto de adelante, y cada vez más bajo de atrás. Se realizaran cruces, en ocasiones con sanguíneos, para fijar características estéticas y poco a poco aparecerán problemas congénitos funestos como la displasia de cadera y además, horror, será cada vez más difícil encontrar otro como él.

Como propietarios, busquemos un criador (profesional o aficionado) amante del pastor alemán que nos hable embelesado del carácter, del equilibrio y de la inteligencia de sus perros. Además conozcamos a los progenitores que han de ser un ejemplo de personalidad (la llamaremos personalidad Rin tin- tín) y salud (estarán libres de enfermedades congénitas como la displasia de cadera de codo, la inestabilidad lumbosacra, la mielopatía degenerativa etc.

Piensen ahora lo contrario, es decir un cachorro de pastor alemán que no conozcamos su origen -comenta el doctor Álvarez de la Villa-, «venido a saber de dónde e instalado durante semanas en una pequeña jaula llena de serrín. Sin un ilusionado criador que nos hable de las bondades de sus progenitores, con un vendedor que no nos sabe decir nada, que tan solo canjeara la mercancía. Nos dará el pedigrí y la factura. Esta forma no es la ideal y debe ser poco a poco desterrada, los perros no son mercancías, ni elementos de cambio, así sufren y luego nosotros las consecuencias de una primera «infancia inadecuada».

Perros hiperenanos a la carta

Otro ejemplo son las razas pequeñas. Un mal criador, ofrecerá animales cada vez más pequeños a sus clientes. Se olvidará de ese perrito pequeño que es un encanto y para vender más y más caro producirá inmisericordemente perros que llamaremos perros hiper enanos a la carta. Es lícito desear una raza pequeña. Ofrecen muchas ventajas: pueden viajar con nosotros en la cabina del avión y a todos los sitios en una bolsa de mano o mochila. Pero el hiper enano es una exageración a la carta y para llegar a pesos tan pequeños se comprometen rasgos esenciales del carácter y sobre todo de la resistencia orgánica. Hemos visto malteses, yorkies, chihuahuas tan pequeños que cabían en la palma de una mano, fueron muchas veces cachorros de difícil crianza con episodios casi continuos de hipoglucemia (a veces mortales) y luego adultos con infinidad de problemas (epilepsia, gingivoestomatitis, necrosis avascular cabeza de fémur, luxación rotuliana, etc.)

Como decimos, es respetable buscar una raza pequeña pero ajustada al estándar racial y por supuesto respaldada por un criador respetuoso y amante de lo que ofrece.

Seguimos con las razas braquicefálicas. Para que nos entiendan los «chatos»: el bulldog francés, bulldog inglés, carlino, bóxer etc. ¡Están muy bien! son súper efusivos, cariñosos, conviven muy bien con los niños de las casas, inteligentes, simpáticos etc. Lo tienen todo, pero claro los hemos fabricado, son por así decirlo algo artificiosos, sintéticos… tengan en cuenta que el perro viene del lobo y así se percataran de la enorme obra de ingeniería que suponen estas razas. El bulldog inglés, para ser ilustrativos, proviene del antiguo perro de toro maltés una raza importada por el Reino Unido que cruzado con antiguos mastines dio origen al primigenio bulldog inglés. El bulldog de antaño era un animal fuerte, atlético y muy resistente, utilizado para perseguir reses en los campos del Reino Unido por parte de los carniceros, sus principales valedores. Era pues un animal funcional además de ofrecer rasgos de gran nobleza y afectividad.

¿Qué sucedió? Que perdimos el equilibrio como en otros tantos casos y nos pudo el capricho de lo estético y los quisimos cada vez más chatos, rechonchos y aplastados. A consecuencia, casi nos cargamos aquella espectacular raza y apareció como por arte de magia el temido síndrome del perro braquicefálico consistente en narinas cerradas (fosas nasales), hipoplasia traqueal y paladar elongado. Producimos así pequeñas víctimas, roncadoras crónicas que sufren, se ahogan y están al límite de un golpe de calor. «Gracias a Dios» hoy en día todavía hay braquicéfalos que respiran bien, y gozan de resistencia y buena salud, pero hay que cuidarlos, son una herencia, un tesoro que hay que mantener con sentido común y sentido ético.

Perros de gran tamaño

Los perros gigantes son otro ejemplo de nuestras pequeñas locuras. El hombre crea y destruye esta última características es inherente a nuestra condición humana (por desgracia). Con los perros grandes como los mastines, dogos, San Bernardo etc. Nos ha pasado lo mismo que con los enanos, pero en el sentido contrario. Teníamos que presumir de perros gigantes, craso error. El mastín del pastor, nuestro maravilloso tesoro español de las montañas leonesas era un perro de porte impresionante, mayor que un lobo de hercúlea fuerza y resistencia. Se decía que era el único perro que no temía al lobo.

Si ustedes lo vieran en la Cordillera Cantábrica quedarían maravillados, pueden correr ágil entre peñascales y praderas cuidando los rebaños a capa y espada. Inteligentes, colaboradores, con un sentido del deber y la propiedad inigualables. Esta raza estuvo casi extinta pero gracias a un gran trabajo inicial se ha recuperado. Ha sido el trabajo de recuperar un emblema nacional, una extraordinaria raza para mostrar a todo el mundo. Pero como siempre, existe una corriente que exagera y destruye. Exagera fijándose únicamente en el tamaño olvidándose de todas las otras cualidades que lo hicieron épico y creando al final monstruos-molosos traicionando así el verdadero espíritu racial. Por suerte existen criadores responsables y numerosos que adoran a esta y otras razas para los cuales es más importante lo esencial que las formas, acuda a ellos.

Los mestizos también tienen su lugar

Acabamos hablando de los mestizos, unos se parecen a su madre y otros no sabemos pues ni siquiera son conocidos sus parentales. Todos ellos simpáticos, listos y con un no sé qué de sencilla rusticidad y humilde presencia que tanto conquista. Gozan de más fortaleza física que las razas puras pues se benefician del hibridaje que aporta oxígeno a un banco de genes a veces un tanto exiguo. Entra sangre nueva y los cachorros lo agradecen y lo manifiestan con una gran resistencia a la enfermedad. Un gran vigor. Elijamos perros, claro. Puede ser de la raza que nos apasiones, ¡cómo no! también mestizo, por supuesto. Comprado a un buen criador que cuida y quiere lo que ofrece o adquirido en un albergue donde los responsables nos lo ofrecerán con gran alegría a cambio solamente de un lógico compromiso. Estos perros ya han sufrido una vez el látigo del abandono y ahora como juguetes rotos solicitan una segunda oportunidad para demostrarnos su valor.

Perros de raza, perros mestizos, adoptados o adquiridos previo pago, pero qué más da en el fondo todos perros, uno de nuestros más fieles compañeros. Todos son buenos, ninguno mejor que el otro. Empleemos el corazón y adquirirlos con la cabeza son una gran responsabilidad y un gran tesoro.